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El Barrio: «No me comería un plato de acelgas ni por amor»

Acaba de publicar «Las costuras del alma», un disco de desamor en el que se ha metido en la piel de un viejo sastre de corazones

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Tiempo de lectura 4 min.

07 de noviembre de 2017. 06:01h

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Raúl Salgado Madrid. 5/11/2017

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¡Barrieros! Saquen sus sombreros, que han vuelto los palmeros, y los costureros, señoras y caballeros. Si aún hay gente que se pregunta por qué en todos sus conciertos se reúne tanta peña, lean y no se muevan. De un sombrero con cuerpo humano, de una voz con alma rota y cosida, salen canciones con orgullo que siempre se escuchan y se bailan entre un murmullo, el de los bohemios y soñadores, el de las palmas y los tambores. José Luis Figuereo (El Barrio), un artista camaleónico que entremezcla flamenco, pop y rock, se ha metido en la piel de un viejo sastre de corazones para contar nuevas historias en «Las costuras del alma», que acaba de publicar.

–¿Es usted un hombre pegado a un sombrero?

–No, aunque se ha convertido en mi seña de identidad. Me sirve para salir a la calle más tranquilo. Sin sombrero no se me reconoce.

–¿Por quién se lo quitaría?

–Por maestros como Camarón, Paco de Lucía, Manolo García...

–¿Más de barrio que de ciudad?

–Sí. Soy muy hogareño y familiar. Ser de barrio es haber jugado a la pelota de chiquitito, haber visto a las vecinas cambiar hierbabuena y sal, ser humilde, saber qué es la pobreza...

–¿Es lo mismo ser de barrio que de El Barrio?

–Entre mis fans hay más gente de barrio que del centro de la ciudad.

–¿Sabe coser un alma rota?

–Conociendo los motivos, con mi música, mis letras y una buena transmisión podría coserla.

–¿Usted se la ha tenido que coser alguna vez?

–Todos hemos pasado algún mal trago. ¿A quién no le ha dejado una novieta? ¿Quién no ha perdido un familiar querido? El tiempo es una buena cura para las almas rotas, aunque la solución está en el corazón y en la conciencia.

–¿Qué podría rompérsela?

–Prefiero no hablar de eso. Soy muy nostálgico y sentido.

–¿A esta vida venimos a querer o a que nos quieran?

–Deberíamos de venir a querer. La vida es recíproca.

–¿Cuánto se quiere a sí mismo?

–Muchísimo. Si no fuera así, en vez de estar sentado aquí estaría tirado en cualquier mala noche.

–¿Los primeros amores nunca mueren?

–Jamás. Siempre van con nosotros, hasta el final.

–¿El amor duele?

–(Piensa) Empieza a doler cuando se convierte en monotonía y las mariposas se van del estómago.

–¿De qué nace?

–Puede nacer al escuchar el primer llanto de una criatura.

–¿Qué busca?

–Querer para ser querido.

–¿Qué no estaría dispuesto a hacer por amor?

–Comerme un plato de acelgas o de espinacas (risas).

–¿Cuál es el baúl de los amores que se olvidan?

–Si te lo dijera...

–Dígamelo, ande.

–El que aguarda los sueños imposibles. Un lugar desde el que no puedan ser recordados.

–¿Y el timón para no ir a la deriva?

–Una cabeza bien amueblada, una buena familia y el consejo a tiempo de un amigo.

–Es usted uno de los artistas españoles que más veces ha colgado el cartel de no hay billetes. ¿El éxito cansa?

–Lo que cansan son los años. El éxito es asimilable.

–¿Cuántos discos ha vendido?

–Seguro que han sido más de los que me han dicho.

–¿A cambio de qué?

–Cuando compongo me entrego tanto que olvido a mis seres queridos.

–¿Le llegó el arte o lo buscó?

–Nací para esto.

–¿Se considera más poeta que cantante?

–Me encanta el don de la rima y la poesía. Mis fans me consideran poeta, pero no lo soy.

–¿Su vida rima?

–Según mi estado de ánimo.

–¿Dónde encuentra la inspiración?

–Siempre me viene en los sitios en los que no estoy trabajando, donde menos la espero. Y me tengo que hacer notas de audio en el móvil.

–¿Canta cuando está solo?

–Bastante, pero no mis canciones. Canto solo porque cantando mi mal espanto. Cuando soy artista me olvido del mundo.

–¿Y a quién le gustaría cantarle a solas?

–(Piensa) A mis abuelos.

–No parece pertenecer a esta época...

–Es que no lo soy. Debería estar tragando tierra. Pertenezco a una época anterior, a la de Caracol, el Beni... a la de los grandes cantaores flamencos.

–¿Qué diferencia unas palmas de un aplauso?

–Unas palmas al compás te hacen pedirte un whisky doble. El aplauso es un reconocimiento. Cuando estoy con los colegas me gustan las palmas. Cantando, prefiero los aplausos.

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