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Paco Azorín: «La zarzuela se merece una oportunidad»

Tras su rotundo éxito este fin de semana con el «Otelo» de Peralada, ensaya una «Tosca» que estrenará el día 15 en la Quincena Musical Donostiarra. Paco Azorín, un fantático de la lírica, es el director de escena del momento. ¿Podría dirigir el teatro de la calle Jovellanos?

  • Paco Azorín nació en Murcia en 1974. «Si hay actor, hay espectáculo», dice
    Paco Azorín nació en Murcia en 1974. «Si hay actor, hay espectáculo», dice
Gema Pajares.  Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

04 de agosto de 2015. 00:58h

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En su cuenta de Facebook se define con dos palabras: «Personaje público». Pues bien, este «personaje público» que habla de corrido y contagia energía desde que descuelga el teléfono prepara para la Quincena Musical Donostiarra (que estrena el día 15) la «Tosca» que ya se ha visto en Barcelona primero y después en Sevilla. Sin embargo, por lo que Paco Azorín está en boca de todos desde hace semanas y especialmente estos ultimos días es por su dirección de escena de «Otelo», que ha estrenado en el Festival de Peralada el sábado y ante la que la crítica ha cerrado filas: sinceramente, redonda. «Este ‘‘Otelo’’ha sido un lujo. Poder contar con un reparto tan sensacional como éste sólo ocurre en un par de teatros grandes de todo el mundo. Además, trabajar rodeado de tanto talento ha hecho que el trabajo resultara muy fácil. Yo solamente me he dedicado a organizarlo», asegura el director de escena. Explica que esta ópera verdiana es una verdadera «gozada para alguien que viene del mundo del teatro, porque todo, desde el principio hasta el fin, está dibujado por la música, que transita por las emociones. He tenido la sensación de jugar», declara quien ha puesto todo el foco sobre el personaje de Yago, interpretado por el barítono Carlos Álvarez, a quien la crítica ha dedicado elogios encadenados: «Otelo sufre el drama, pero quien incita y mueve los hilos es Yago. En unas cartas de Verdi a su editor Ricordi le comenta que pensó en titular su ópera ‘‘Yago’’, aunque finalmente desechó la idea. Yo no he hecho otra cosa que no hiciera el compositor, como es colocar en el centro como encarnación del mal, y rodearlo de una suerte de esbirros o de sombras. Él es el auténtico director de escena», señala.

Los personajes se mueven a través de unos espacios dúctiles que son capaces de generar, explica el escenógrafo, los espacios de la función, «lo que le gustó al público y me los metí en el bolsillo desde el primer momento». Si a eso añadimos las voces de Gregory Kunde, Carlos Álvarez y Eva Westbroek, el éxito está casi garantizado.

Azorín es un hombre que llega a la lírica desde el teatro, pero que se crió al compás de la zarzuela y la ópera. Cuentan sus padres, y así lo relata él, que aprendió a tararear antes los compases de la «primorosa clavellina..» de «La canción del olvido» antes que a hablar. Después vendría su «fanatismo» incondicional por el mundo operístico y zarzuelístico, las clases de canto... Vamos, que sabe perfectamente de lo que habla: «Soy muy sensible a la música, porque tengo formación musical y juego mucho a favor de los cantantes. Desde que era un niño soñé con la ópera. Me lo veía y escuchaba todo, bien en director o en TVE y me decía: ‘‘Yo de mayor quiero hacer eso’’, así que para mí estar aquí, donde estoy ahora, es una evolución natural», dice, declaración en las antípodas de ese predominio y reinado actual del director de escena que se coloca por delante del compositor y los cantantes. Pero él lo tiene meridianamente claro: «Si no hay canto, no hay ópera. Esto debería ser lo normal y no lo raro. En el momento en que un cantante está dando un mi bemol no le puedes poner a correr cien metros ni pretender que se tire desde lo alto, no puede ser». Después de verse en Peralada, el montaje se presentará en el Festival de Macerata, que inaugurará en julio del año que viene y antes recalará en el Teatro Calderón de Valladolid, en enero de 2016, pero con otro reparto «porque el que hemos tenido es complicado que pueda coincidir debido a las agendas y los compromisos de los artistas».

Al fin, «Don Giovanni»

Desde el punto de vista conceptual dice que teatro y ópera comparten mimbres, su punto de partida es similar, pues ambos explican una historia. Otra cosa es cuando llega el momento de ponerlo en el escenario. Si Paco Azorín tuviera que decantarse por un título lírico no lo tendría fácil, «pues me gustan los dos extremos del repertorio: desde Monteverdi y la ópera barroca hasta Mozart». Y es aquí cuando nos descubre que será un «Don Giovanni» la ópera que le hará cumplir uno de sus sueños (ya les contaremos los otros que tiene): «Lo vamos a montar en Italia, concretamente en Cerdeña. Mi deseo es ir trabajándolo poco a poco. Me gustaría que me pudiera acompañar unos quince o veinte años, como esos actores que con el tiempo van amoldando el papel». Y como hablaba antes de extremos, desvela que la ópera contemporánea también está entre sus gustos: Britten Shostakovich, falla. «El siglo XX me parece fascinante. Montar un ‘‘Boris Godunov’’ sería increíble». Ahí lo deja por si alguien desea recoger el guante. Para el director de escena del momento, no parar de trabajar tiene una fórmula que sigue a rajatabla: «Trabajar, trabajar y trabajar». ¿Añora el teatro? «Digamos que echo en falta la fuerza de la palabra dicha», responde.

Otro de sus sueños cumplidos es poder ver en el escenario «María Moliner», una obra que parte de una idea enteramente suya de una historia que le llegó al corazón: «La he visto nacer desde cero, en 2011. Y me resulta muy emotivo». No sabemos si el tercero, que fue un deseo hace cuatro años, se pudiera hacer realidad: En 2011 se presentó al concurso para dirigir el Teatro de la Zarzuela y quedó finalista junto al actual inquilino. El puesto vuelve a quedar vacante tras la salida de Paolo Pinamonti: ¿No le gustaría ocupar el despacho del teatro de la calle Jovellanos? Se lo piensa: «Ahora me pilla en un momento distinto, que no significa que no me gustara. Lo que siento es que la zarzuela se merece una oportunidad y yo visualiza lo que podría llegar a ser. Me pregunto si ahora sería el momento de dar un paso adelante en la zarzuela, de hacerla más ágil. En este momento estoy en un ser o no ser completamente distinto al que viví en 2011». Y nos regala un divertido guiño final: «Bueno, ahora que me lo dices, lo mismo me lo pienso».

María (José) Moliner

No es una confusión en el titular. Es una licencia. Entre los proyectos de Paco Azorín está el estreno en abril de 2016 en el Teatro de la Zarzuela una ópera basada en la vida de María Moliner, que estará interpretada por la mezzo María José Montiel y que tendrá en el foso a Víctor Pablo Pérez. El libreto llevará la firma de Antoni Parera Fons y subirá al escenario del coliseo de la calle Jovellanos en el mes de abril del año que viene. «Encargar nuevas obras es siempre un reto para cualquier teatro. El lenguaje contemporáneo ha mirado siempre al pasado con un propósito de desestructuración. Le falta a esa mirada relax. Acepté la propuesta de Paco Azorín. Es un poco de atrevimiento pero puedo decir que Parera Fons tiene el don de saber escribir para la voz humana», dijo el director de la Zarzuela, Paolo Pinamonti.

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