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Rosendo vuelve contra la eterna bufonada

  • El cantante Rosendo, durante la presentación, cuatro años después de su último disco de estudio, de "De escalde y trinchera"
    El cantante Rosendo, durante la presentación, cuatro años después de su último disco de estudio, de "De escalde y trinchera"
Ulises Fuente.  Madrid.

Tiempo de lectura 2 min.

15 de junio de 2017. 00:41h

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Ni siquiera Rosendo esperaba un disco de Rosendo. «Mi cuerpo se resistía, aunque el espíritu siempre quiere seguir», confesaba ayer el eterno rockero madrileño durante la presentación en Madrid de «De escalde y trinchera», su nuevo álbum, el vigesimosegundo de su carrera, que publica a los 63 años. «Llevaba un año perdido en un monte y vuelvo con un disco que va en la línea de aportación novedosa al rock que me caracteriza», ironizó el autor de «Loco por incordiar». En su nuevo álbum, la vena social aparece con fuerza, igual que la constatación de su futilidad. «Hay que seguir despotricando. Siempre he entendido que el rock es para protestar, y, si puedes, pasártelo bien. Sin embargo, tengo la sensación de que todo es una bufonada. Que pensamos que evolucionamos pero nada cambia, seguimos igual después de tanto tiempo. Estoy decepcionado por constatar que sí, se vencen ciertos tabúes, parece que vamos a alguna parte, pero seguimos llevando la misma cruz a cuestas. Es doloroso», lamentó.

«Hay días en que me levanto y me olvido de que toco la guitarra», decía ayer ante la Prensa con su proverbial humildad. «Pero no vivo de las rentas, no puedo. En primer lugar, porque retirarse como músico en este país es algo muy doloroso. Y en segundo, porque creo que hay que seguir currando». Entre risas, Rosendo admitió que uno de los temas se llamaba «Despacito» –y que precisamente con esa palabra arrancaba– pero que, cuando escuchó la canción de Luis Fonsi, pensó: «Ya me ha jodido la canción. Y tuve que cambiarle el título».

Cambiar de barrio

Fiel a su espíritu, preguntado por el proyecto de erigirle una estatua en Carabanchel, su barrio de siempre, idea que que ha rechazado públicamente, contestó lacónico. «Espero que no haya más intentos. Por mi carácter, pienso que no merezco más de lo que tengo. Me puedo permitir grabar discos y es todo lo que hago y por ello estoy agradecido. Todo lo demás me viene grande y no le doy valor. Además, si me ponen una estatua en vida, me tendría que cambiar de barrio porque no podría pasar por delante. Aunque si lo quieren hacer, que lo hagan...».

Las razones para seguir en la música se mantienen invariables. «No sé si puedo trascender, pero al menos trato de ser real y creíble. Ser sincero al contar lo que veo. Y el mensaje del disco, si tiene que haberlo, es que no os paréis nunca. Espero que sea sano lo que transmitimos los viejos, pero tampoco me fiaría de mí mismo». El repertorio de la gira, que pasa por Las Noches del Botánico en Madrid el próximo 10 de julio, ya se lo saben de memoria. Así seguirá hasta que el cuerpo aguante, pero atención...

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