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Sergio Dalma: «Sigo siendo el de toda la vida, el de Sabadell»

Presenta «Vía Dalma III», un recopilatorio de canciones del mejor pop italiano a las que les pone la impronta de su voz.

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Tiempo de lectura 4 min.

25 de octubre de 2017. 23:37h

Comentada
C.S. Macías 25/10/2017

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Regresa al universo italiano y le pone su impronta a populares temas que van del «Yo que no vivo sin ti» al «Volare». En enero arrancará su gira de «Vía Dalma III» y dice que su sueño por cumplir es «seguir soñando, sobre todo en pensar que el próximo disco será la obra de la cual estaré más orgulloso». Tiene un plato estrella: el risotto al funghi, y dice que además está reconocido por sus amigos italianos.

–¿Cómo es ser usted?

–Siempre he intentado ser yo en todos los aspectos. Cuando digo «yo» es Josep Capdevila. También me quedo con el personaje espontáneo, pero el que tira de todo tiene que ser Josep. Siempre trato de mostrar esa transparencia.

–¿Y qué ha aprendido de sí mismo?

–A intentar buscar esa sinceridad y a saber disfrutar de lo que hago. También a valorar las cosas pequeñas y a darles ese valor que antes no les daba.

–¿Qué le dice su espejo?

–Evidentemente noto el paso de los años y las cicatrices que te deja la vida, pero también me veo ese brillo en los ojos para seguir luchando por lo que quiero.

–¿Todas las vías llevan a Dalma?

–Bueno, en este caso esa vía está como muy definida. Creo que sí, en este momento más que nunca es Dalma en esencia.

–¿« Vía Dalma III» es el último de esta trilogía?

–Cuando saqué el primero era reacio a hacer una segunda parte por aquello de que «nunca fueron buenas». Y al final me ha llevado a grabar una tercera. Creo que queda bien cerrarlo así, pero siempre la última palabra la tiene el público.

–Dice que quería alejarse de la música sin alma. ¿Hay mucha?

–Yo siempre intento que lo que canto y lo que me escriben tenga algo de carácter o cuente algo donde la gente se pueda identificar. Sería incapaz de cantar algo que no me creyera.

–Busca el sonido único. ¿Lo ha encontrado?

–Siempre pretendemos mejorar, evolucionar y llegar al «capo laboro», al mejor trabajo. Ojalá llegue el día que diga... No, aún puedo superarme más.

–¿Que sean canciones muy conocidas lo convierte en una apuesta arriesgada o es ir sobre seguro?

–Ufff... Me parece complicado responder. En «Vía Dalma», la idea inicial era reconocer esas canciones, que fueran éxito en Latinoamérica e interpretarlas y darles mi personalidad.

–¿Qué es «Dalma transalpino»?

–Siempre, cuando trabajo en Italia, me han visto como un Dalma de allí por esa voz rota; pero sigo siendo el de toda la vida, el de Sabadell.

–¿Prefiere la pizza, la paella o los calsots?

–Soy de comer bien. Pienso que por el carácter del Mediterráneo lo terminamos siempre todo en la mesa con un buen vino. Disfruto con un pan con tomate, con un cocido y con unos calsots.

–¿Qué le inspira para seguir interpretando canciones de amor?

–El seguir creyendo en el amor y que puede resultar un bálsamo. La sociedad cambia y el mundo, pero el amor siempre está ahí.

–¿Su mayor locura?

–Soy muy enamoradizo y, de adolescente, recuerdo aquello de coger el coche e ir a la otra punta y hacer lo que hiciera falta. Bueno, en ese caso creo que ni cantando había momentos que podía conseguir algo.

–¿Necesitan los españoles un poco más de cariño?

–Creo que el ser humano siempre necesita cariño. Si a través de la música y el arte podemos conseguirlo, bienvenido sea.

–¿A quién recomendaría ahora ese «Bailar pegados»?

–Pues tal y como está la situación en el país creo que ese contacto que produce el bailar pegados sería bueno para acercar posturas.

–¿Cómo está viviendo lo que pasa en Cataluña?

–Creo que como cualquier catalán y español: con mucha tristeza e impotencia porque creo que el «seny», la sensatez que siempre nos ha caracterizado a los catalanes y españoles en general, se ha perdido. Que esos extremos están cada vez más lejos y que la gente reclama a los políticos diálogo y acercar posturas. Yo quiero ser positivo y creo que se puede llegar ahí.

–¿Pero se puede dialogar fuera de la ley?

–Yo creo que siempre tiene que existir el diálogo y creo que esto es un problema desde hace muchos años. Hay que acercar posturas; y no soy partidario de eso que dicen de buscar mediadores en Europa. Pienso que siempre hemos intentado arreglar las cosas en nuestra casa y así tiene que ser, ser capaces de llegar a un entendimiento entre nosotros.

–¿Y cómo se soluciona?

–Si no lo saben los políticos, como para decirlo nosotros. Ojalá la música sirviera de algo.

–¿Qué amor no tocaría jamás?

–El que funciona.

–¿Cuando se queda sin wifi, qué hace?

–Descanso. Es bueno desconectar.

–¿Qué le hace ser «pequeño y frágil»?

–Esa impotencia de sentir cómo se estropean las cosas y ver que no tienen arreglo aparente, y dices: «Qué rabia». Ante este tipo de situaciones te sientes pequeño. Tampoco es que sea yo muy grande. (Risas)

–«Volare», ¿a dónde le gustaría volar?

–Lo hago cada vez que salgo a un escenario, cuando tengo que preparar un proyecto, una gira... Me sigue pasando y espero que por muchos años más.

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