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Un supuesto Bach inconexo de la Fura

Gonzalo Alonso. 

Tiempo de lectura 2 min.

03 de agosto de 2017. 00:16h

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Versión libre de «Cantata campesina», de Bach. M.Membrives, E.Fantova, J.G.Gomà, M.Serrano. M.Espuma y D.Cid. P.Amilcar, T.Jorgen, M.Espuma. La Fura dels Baus. Teatro de El Escorial, 1-VIII-2017.

Hubo mucho entusiasmo en la mayoría del público que prácticamente llenó la sala grande del Teatro de El Escorial. Algunos, entre los que me encuentro, no lo compartimos. Cuando mi criterio difiere del de la mayoría, suelo preguntarme las razones y en este caso me caben varias. La Fura dels Baus tiene un indudable gancho que se traduce tanto en la asistencia de público como, posiblemente, en el tipo de público que asiste a sus espectáculos no tradicionales. Dudo mucho que más del 10 por ciento de los asistentes hubiesen disfrutado una suite para cello de Bach y más aún que conociesen su «Cantata campesina» y de ahí que no les sorprendiese que de ella quedase poco en la propuesta de la Fura. Ésta se limita a insertarla como excusa en un espectáculo de pretendida alabanza a la cerveza, con la que terminan brindando los artistas y hubieran deseado lo hiciese también el público para redondear. Lo curioso es que tales piezas se canten en supuesto alemán y escribo «supuesto» porque más de una vez se trata de simples vocalizaciones con buscada fonética germana. Además de Bach hay mucha inventiva en este «crossroad» que mezcla lo clásico con el flamenco, la danza, la escena y mucha tecnología no exclusivamente de vídeos. Ésta funciona estupendamente, especialmente el sonido, como suele suceder siempre con la Fura.

Entre los participantes sobresalen dos con claridad: el bailarín y la cantaora. El primero tiene un número brillante que arrancó la primera ovación y la segunda, con micrófono como todos, mostró arte y matización. Muy por debajo los cantantes «clásicos» y en concreto el barítono, pero los registas buscan más un actor que un cantante. Al final queda un espectáculo de noventa minutos con mucha mezcla, algunos números brillantes, pero inconexo, del que unos, los más, pueden disfrutar mientras que a otros, los menos, aburrir, aunque en estos casos muchas veces me pregunto cuánto hay de pose en los aplausos finales del público. Está de moda aparentar progresismo y da un poco de miedo pasar por carca, por falta de criterio y convicciones. Es de lo que muchos se aprovechan y no sólo en música. Y me cabe una duda final: ¿qué derechos de autor se cobran y quién los cobra?

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