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«El riesgo de mirar de frente a la realidad es quedar paralizado»

Los hermanos Quique y Yeray Bazo presentan en el María Guerrero «La rebelión de los hijos que nunca tuvimos», sobre el drama de los niños refugiados

  • Los dos hermanos dramaturgos, Yeray (izda.) y Quique Bazo
    Los dos hermanos dramaturgos, Yeray (izda.) y Quique Bazo / Rubén Mondelo
Juan Beltrán.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

04 de junio de 2017. 21:49h

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Juan Beltrán.  Madrid. 4/6/2017

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No son gemelos, pero no pueden negar que son hermanos. Vienen del mundo de la publicidad y firman sus obras como QY Bazo. Quique y Yeray Bazo. Prefieren responder como uno, puesto que así firman sus obras. La que presentan en el Teatro María Guerrero, «La rebelión de los hijos que nunca tuvimos» –en cartel hasta el 11 de junio–, está dentro del ciclo «Escritos en la escena» del CDN como trabajo de investigación dramatúrgica del Laboratorio Rivas Cherif. Llegaron al teatro casi de casualidad, se formaron con Sanchis Sinisterra, su maestro y mentor, y en las becas de la sala Cuarta Pared. Ahora presentan una fábula sobre la trágica situación de los niños refugiados que llegan a Europa y desaparecen en manos de mafias. Se preguntan: «¿Qué pasaría si los 15.000 desaparecidos volviesen todos a la vez a la misma ciudad?».

–¿Cómo acaban unos publicitarios haciendo teatro?

–Por nuestro tío Eduardo Bazo, publicista y director de escena. De pequeñitos íbamos a verlo dirigir. Un día nos propuso hacer la adaptación de una ópera para el Real. No teníamos ni idea, pero nos apuntamos a un bombardeo y empezamos sin saber. Nos gustó y dijimos de aprender.

–¿Cómo se escribe a cuatro manos?

–Solo tenemos una norma, si algo no te convence, fuera. Previa discusión porque hay que vender cara la derrota. Si no conseguimos convencer al otro, no sale. Nos gusta debatir, podemos hablar durante meses sobre qué contar y cómo. En el ordenador se sienta uno y cuando se bloquea entra el otro. No somos dos autores distintos unidos para escribir, somos dos mitades de una única entidad.

–Han elegido la fábula para contarlo.

–En nuestras obras anteriores veníamos pegados al teatro documento como crónica de actualidad. Ahora creamos una fábula porque queríamos ir a la esencia de esta historia, ¿por qué permitimos que pase esto? Nos apeteció sumergirnos en la fábula porque los niños se cuentan a sí mismos el entorno a través del cuento y nos pareció una forma bonita y adecuada.

–Una mirada distinta de la realidad...

–Una mirada oblicua. Si vas directo a la realidad estableces una distancia. En un cuento te vas metiendo poco a poco en la historia, te vas como engañando hasta que topas con ella. El riesgo de mirar de frente a la realidad es quedar paralizado, por eso es mejor la mirada oblicua. Nos paralizó el titular de 10.000 niños refugiados o desaparecidos, no sabíamos cómo coger algo tan grande. De repente intuimos que la fábula era esa mirada oblicua que nos lo permitía.

–El drama es más grave cuando son niños...

–El titular que nos golpeó a principios de 2016 fueron los 10.000, pero la cifra no está actualizada. Son alrededor de 20.000 en realidad según Save the Children.

–Secuestrados por las mafias.

–Al pisar Grecia, Lampedusa... caen en manos de mafias para tráfico de órganos, explotación sexual, drogas... Si sumamos África, América Latina y Asia las cifras son espeluznantes, se triplican. Esto está ocurriendo en las puertas de Europa y no pasa nada.

–¿Qué sucedería si volviesen a la vez?

–Que vuelvan los niños es un acto de rebeldía, porque apartamos la mirada, hacemos como si no estuvieran, les negamos la existencia. Su presencia incomoda. El otro es lo más molesto que hay, una presencia que cuestiona y demanda ayuda. Los niños obligan a los habitantes de Proel a tomar una actitud con su llegada. Como fábula, tiene un componente mágico, provoca que la realidad se vuelva a destejer, que sus habitantes tengan que tomar decisiones.

–La ciudad de Proel también es protagonista.

–Es una obra coral. Defendemos diferentes momentos y lugares para ver qué va pasando, en la costa, por sus calles, en la escuela... Proel es una metáfora de Europa, hay un paralelismo en su actitud hacia estos niños, para con el otro, desde la sorpresa, la sospecha, el miedo, la criminalización y la persecución, los estadios que hemos ido atravesando.

–¿Habla de refugiados o de nosotros mismos?

–No queríamos contar al otro, sino hacerlo de nosotros, de cómo recibimos al que llega y cómo Europa elude su responsabilidad, sobre la omisión o aceptación de esa responsabilidad. La gente cree que va a ver una obra sobre refugiados y realmente habla del que recibe, no del que llega.

–Se supone que la solidez de Europa debe radicar en valores como la solidaridad.

–El mundo está mirando para otro sitio, empezando por los políticos, que no cumplen con las cuotas que se dieron en su día. Nos sentimos huérfanos de esa Europa que prometían integradora, ilustrada, solidaria... ahora vuelve a levantar alambradas y a los discursos xenófobos. Conviene releer a Kafka, a Banjamin y a otros avisadores del fuego.

–¿Qué papel juega el teatro como herramienta de denuncia?

–Fundamental, porque permite reflejar la realidad, un espejo donde mirarnos. Tiene ese poder desde Grecia. Ortega dice que el arte es ejecutivo, te muestra las cosas siendo. Como algo que sucede ante ti y toma cuerpo. El teatro es una herramienta muy útil para despertar la sensibilidad moral. Como dice Sinisterra, «una obra debe poner deberes al público», que deje algo para reflexionar, y esta va de mirar o no mirar una realidad.

El lector

En este apartado sí que reconocen diferencias. Quique afirma ser lector, «pero de prensa digital. Me gusta ver distintos medios para contraponer titulares y hacerme una visión global. Últimamente estoy muy metido en Internacional. Creo que es muy importante estar al tanto de lo que está pasando ahora en el mundo, sobre todo desde que está Trump, y reconozco cierto hastío ante Nacional porque no para de decepcionarme. También leo las secciones de Cultura, sobre todo los fines de semana». Yeray, por su parte, reconoce no ser lector habitual de Prensa. «Solo si me recomiendan algo concreto. Lo que sí leo son los suplementos culturales».

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