domingo, 23 abril 2017
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Teatro

La cultura como instrumento político

  • Carmena ha puesto patas arriba la herencia cultural recibida y colocado las artes al servicio de los fines podemitas

Cultura no, «contracultura» es lo que desde junio de 2015 programa el Ayuntamiento de Manuela Carmena en Madrid. El área de las Artes y su más que cuestionada responsable –la «okupa» del Patio Maravillas, Celia Mayer– trabaja concienzudamente cada día en dar la vuelta como a un calcetín a la herencia cultural que dejó, no sin esfuerzo, Alicia Moreno Espert, y que lograron mantener en plena crisis Fernando Villalonga y Pedro Corral.

Durante los boyantes ocho años de Moreno Espert al frente de las artes madrileñas, la capital se convirtió en una máquina de construir contenedores para los que se programó con altura de miras, incluso cuando posteriormente fue necesario lidiar con la crisis. Si a Moreno se la criticó fue por su no disimulada debilidad por la escena teatral y por traer a Madrid los espectáculos más competitivos y comerciales, olvidándose quizá de la labor municipal de servir de impulso a la cultura de base y de trasladarla a los ricones más olvidados. A cambio, Moreno, Villalonga y Corral lograron poner a Madrid en el mapa internacional, hacer del centro de la capital –donde se concentró casi toda la producción– un contenedor en sí mismo: desde los grandes espacios como El Español, Conde Duque, Las Naves o CentroCentro, hasta las mismas calles, con La Noche en Blanco.

Hasta 2015. La llegada de Ahora Madrid es un punto y a parte en esa carrera por conseguir que a Madrid llegara lo mejor. Mayer y su equipo han puesto patas arriba todo el Área cuestionando todo lo programado por Madrid Destino sin pararse a mirar antes si funcionaba o no. La política artística del «Gobierno del cambio» se ha asentado en términos como «proximidad», «mediación», «experimentación», «descentralización» o «democratización». Palabras que en manos podemitas han servido para convertir la cultura en un instrumento al servicio de la política.

Los Veranos de la Villa, el popular festival que permitía disfrutar en agosto de una ópera en plena Plaza de Oriente, de un concierto pop en la Plaza Mayor o de flamenco, y ballet en los Jardines de Sabatini ha sido una de las primeras víctimas de la «cultura de proximidad». Ahora Madrid lo cambió el pasado verano. Sacó los espectáculos de danza, música, teatro y cine de los lugares históricos del centro y los llevó a los distritos de la periferia. El resultado es que la programación ha acabado diluida en las fiestas estivales de los barrios y las cifras de espectadores han sufrido una caída sin precedentes: 70.000 asistentes en 2016, frente 312.000 de 2012 o 430.000 en 2014, el último antes de la llegada de Ahora Madrid.

Tras Los Veranos de la Villa, le tocó el turno a los teatros municipales. Hace justo un año Mayer echó a Juan Carlos Pérez de la Fuente, el primer director de espacios públicos elegido por concurso público. El cese era fulminante e ideológico. De hecho, ante el tribunal, el Ayuntamiento no tuvo problemas en admitir que fue improcedente. Si no fuera porque Pérez de la Fuente se marchó dejando la programación cerrada hasta 2018, El Español, las Naves de Matadero y el Fernán Gómez habrían bajado el telón durante al menos siete meses, que han sido los que han tardado en convocar un nuevo concurso público y sustituirle por una doble y polémica dirección formada por Portaceli y Feijóo para El Español y las Naves respectivamente; una duplicidad con la que Mayer no sólo ha acabado, bajo la bandera de la «experimentación», con el «teatro de texto» en el Matadero, sino que además ha duplicado la partida de nóminas.

En menos de dos años, también ha tenido tiempo de eliminar las subvenciones a la tauromaquia, abocar al cierre al Templo de Debod, ignorar el IV Centenario de Cervantes (pese al reciente descubrimiento de sus restos), cambiar la Cabalgata de Reyes y descafeinar la Semana Santa a cambio de potenciar el el Ramadám y el Año Nuevo Chino, así como hacer un catálogo de cambio de calles por la Ley de Memoria Histórica que sigue impugnándose.

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