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«Nina» (***): Homenaje al gran drama americano

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Raúl Losanez. 

Tiempo de lectura 2 min.

16 de junio de 2017. 11:20h

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Autor: J. R. Fernández. Director: D. Bagnera. Intérpretes: M. Sánchez, J. Bustos y J. Hierónides. Teatro Fernán Gómez. Madrid. Hasta el 2 de julio.

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El Teatro Fernán Gómez recupera este descarnado drama rural en el que pueden detectarse algunas agradables resonancias del gran teatro clásico americano del siglo XX –Eugene O’Neill, Tennessee Williams...– y con el que José Ramón Fernández se alzó con el Premio Lope de Vega en 2003. Ciertamente, la historia de «Nina» es ya en sí misma una historia clásica: chica que vuelve después de diez años al pueblo del que procede tras haber salido de allí aún jovencita, pero asfixiada ya vitalmente por la estrechez del entorno, en pos de unos sueños que nunca se materializaron tal y como originalmente se presentaban. En ese pueblo se reencontrará con el servil y apocado Blas, un amigo más dentro de una pandilla en la que cada uno, de acuerdo a su personalidad y sus posibilidades, ha ido dando a su vida su personal tono de grisura. Este reencuentro está propiciado por Esteban, el tercer personaje en discordia, dueño del hotel del pueblo en el que se aloja Nina y primero en reconocerla a pesar del tiempo transcurrido. Este es el ambiente en el que Fernández y el director Diego Bagnera enmarcan el choque de dos temperamentos distintos –el de Nina y el de Blas– que, no obstante, se buscan y se atraen, quizá por la nostalgia de un tiempo en el que aún no se habían empezado a desmoronar las cosas para ninguno de los dos. Un ambiente en el que hay deliberados y abiertos homenajes a ese teatro clásico al que yo antes aludía –se reproduce con ingenio la frase «Bastante no es suficiente» de «El largo viaje hacia la noche»–, al cine –el desenlace es casi un tributo a «Cinema Paradiso»– y al jazz–el trompetista Chet Baker llega a convertirse casi en un personaje más–; un ambiente que es más idóneo para situar el fondo del asunto, que es esa historia de unos perdedores que tratan de escapar a su angosta realidad y que pretenden quiméricamente ganar una partida a la vida con los naipes que ha desechado el resto de jugadores. Muriel Sánchez interpreta con exquisita soltura a la infeliz Nina; José Bustos cumple debidamente con un Blas que no está tan profusamente dibujado como el personaje femenino al que tiene que dar la réplica y Jesús Hierónides salva el tipo, con mucho oficio, de un Esteban que transmite emocionalmente esa misma tristeza del perdedor, pero cuyas motivaciones no quedan demasiado bien explicadas en el argumento.

LO MEJOR

El autor importa unos parámetros del género que sabe reconfigurar con personalidad

LO PEOR

El personaje del narrador, al que también da vida Hierónides, no aporta realmente nada

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