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Pasado y presente de una pareja

El Pavón estrena «Barbados, etcétera», una triple obra de Pablo Remón sobre el infatigable mundo de dos

  • Fernanda Orazi y Emilio Tomé actúan en El Ambigú de la calle Embajadores
    Fernanda Orazi y Emilio Tomé actúan en El Ambigú de la calle Embajadores / Vanessa Rábade
J. Beltrán.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

09 de junio de 2017. 00:54h

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J. Beltrán.  Madrid. 9/6/2017

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Dónde: El Pavón Teatro Kamikaze (El Ambigú). Madrid.

Cuándo: del 13 al 29 de junio.

Cuánto: 18 euros.

Al principio, no hay nada. Dos actores, un espacio en blanco. ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Son personajes? No lo son. ¿Hay una historia? No la hay. ¿Qué hay entonces? Palabras. Sólo palabras que poco a poco van construyendo mundos, personajes, historias, situaciones... «Barbados, etcétera» –escrita y dirigida por Pablo Remón– es una triple función inspirada en la tradición del teatro anglosajón de agrupar piezas breves que comparten resonancias, temas o estilos. Tres textos compuestos expresamente para dos actores, Fernanda Orazi y Emilio Tomé, que exploran sobre un tema concreto. En este caso el mundo de la pareja. Se estrena en El Pavón Teatro Kamikaze y es el tercer montaje de La_Abducción, compañía también dirigida por Pablo Remón.

Nexos compartidos

«Son tres partes muy marcadas que comparten nexos, motivos. Compuestas a la manera musical, como variaciones sobre un mismo tema –explica Remón–. Dos actores que hablan de la pareja, que a veces lo son, a veces no. Van entrando como narradores y como personajes, pero esa distinción se rompe, a veces están dentro de los personajes y a veces fuera. Las historias, aunque independientes, pueden entenderse como tres momentos de una misma pareja o no, no hay nada explícito que lo marque. En un símil matemático serían variaciones, combinaciones y permutaciones sobre un mismo tema».

Se pregunta el director: «¿Qué es una pareja, más allá del pasado que los une? Una pareja sana es aquella capaz de contar su propia historia. Para sobrevivir tiene que ser capaz de contarla y esto tiene que ver con su pasado, pero éste no es fijo, cada uno lo recuerda de una manera. El pasado es móvil porque el presente puede cambiarlo, la manera de contarlo influye en el presente o la situación actual como pareja condiciona en cómo recordamos las cosas». Es decir, lo vivido influye en el presente, pero a su vez, éste puede cambiar el recuerdo. «Que el pasado condicione el presente es lo habitual, lo acostumbrado, pero la idea de la obra es que el presente también cambia el pasado, es decir, la situación en la que estás en este momento como pareja hace que te expliques cómo has llegado hasta aquí o que lo cuentes de una determinada manera. El pasado no es fijo o estático, no está escrito en piedra, tiene que ver con lo que se recuerda. Cada uno cuenta lo ocurrido desde su vivencia personal y, si esta es distinta, la percepción del pasado también lo será». Y apostilla: «Creo que esto es muy teatral, supone una lucha, un conflicto por traer el relato a tu terreno, por decir, yo lo recuerdo así y esta es mi realidad o mi verdad. Cuando ambas versiones no son congruentes, hay diferentes visiones, la relación se viene abajo porque no tiene un pasado y la pareja, al final, es una acumulación de pasado».

Y concluye: «Aunque la hay, no es la típica obra de pareja, para nada está construida desde ese punto. Memoria y desmemoria, comunicación e incomunicación, amor y desamor son los tres ejes que la vertebran. Puede parecer complicada de contar, pero el juego teatral de la escena se ve enseguida. En realidad, no es más que un juego de pasar de la tercera persona a la primera, algo muy interesante en teatro. Estoy hablando de otro y, de repente, ese hombre soy yo».

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