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«Vania»: El aburrimiento de vivir, o vivir del aburrimiento

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Raúl Losánez. 

Tiempo de lectura 2 min.

03 de noviembre de 2017. 15:55h

Comentada
Raúl Losánez.  3/11/2017

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Obra: Vania. Autor: Antón Chejov. Dirección: Oriol Tarrasón. Intérpretes: Alejandro Cano, Teresa Hurtado de Ory, Oriol Tarrasón, Alicia Rubio y José Gómez-Friha.

Teatro Fernán Gómez. Del 19 de octubre al 12 de noviembre de 2017.

Valoración: 4 sobre 5

Primero de los muchos montajes que se estrenan esta temporada en Madrid –no sé si como simple fruto de la casualidad o por alguna otra razón que se me escapa- a partir de la célebre obra de Antón Chéjov Tío Vania.

Versión limpia, sencilla, despojada de artificios escenográficos la que ha firmado en este caso Oriol Tarrasón, que asume también la dirección del espectáculo, para poner en primer término, precisamente, el vacío, esa ausencia de expectativas que determina a los personajes chejovianos y que marca el ritmo del conflicto en el que se hallan. Porque en Tío Vania, como en todas las obras importantes del autor ruso, la nadería y la ociosidad tienen un papel capital, y la decadente atmósfera de tedio en la que se desenvuelven los personajes es tan importante como los propios personajes (“Me aburro; me muero de aburrimiento”, confiesa Yelena en un determinado momento). Y eso lo ha sabido ver muy bien el director, que ha dispuesto la acción en las tablas como en una especie de ring expuesto en sus cuatro bandas a las miradas, bien de los espectadores o bien de los actores que no participan en las diferentes escenas.

Después de un comienzo un tanto dubitativo o lentificado, la función va cobrando rápidamente la energía que precisa para que estalle finalmente, en ese metafórico cuadrilátero, toda la frustración contenida de unos tipos que pelean sobre todo contra ellos mismos y que son capaces de simultanear, sin transición de ninguna clase –este aspecto está muy bien entendido por el director y su elenco-, los actos más honrosos con los más patéticos. Especial fuerza tiene la conocidísima escena, antes del mítico disparo, en la que Vania –estupendamente interpretado por Alejandro Cano- echa en cara al profesor Serebriakov lo mucho que se ha sacrificado por él y el desprecio que le inspira por no haber sido capaz siquiera de agradecerlo mínimamente. Junto a Cano, cabe destacar en el reparto al propio Tarrasón, que interpreta al doctor Astrod, un personaje delicioso al que ha sabido dotar, en su doble vertiente de actor y director, de una dimensión escéptica y romántica que habitualmente queda más escamoteada en otras lecturas.

Lo mejor: La simpática forma de resolver algunas escenas en las que no hay actores suficientes para interpretar a todos los personajes.

Lo peor: Una vez más en el teatro contemporáneo, el vestuario despista más que aporta.

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