sábado, 22 abril 2017
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Cultura

¿Tiene raíz celta la literatura española?

  • Sobre este enjundioso tema versó el discurso del historiador y académico de la Historia Martín Almagro Gorbea, que ingresó ayer en la Real Academia de Doctores de España.

Una página del «Cantar del mío Cid» (1200)
Una página del «Cantar del mío Cid» (1200)

El historiador Martín Almagro Gorbea es uno de los pocos especialistas españoles en literatura hispana prerromana, un campo poco explorado por los historiadores y, por tanto, bastante desconocido. Ayer ingresó como académico de número en la Real Academia de Doctores de España con la lectura del discurso «Las raíces celtas de la literatura castellana», contestado por también académico Emilio de Diego García. Almagro Gorbea comenzó justificando la elección de este tema: «Como arqueólogo y prehistoriador me siento atraído a estudiar la evolución de las culturas prehistóricas y los procesos de etnogénesis y de formación de los pueblos, pues permiten comprender la evolución de la cultura humana que explica nuestra forma de ser y de pensar. Estudiamos la antigüedad, pero pocas veces lo que de ésta pervive, algo interesante porque constituye nuestras auténticas raíces». La literatura celta está basada en la tradición oral, «como “La Ilíada”, puesta por escrito más tarde, aunque casi toda ha desaparecido. Mi discurso trata de buscar referencias a esa literatura perdida. De recoger pasajes míticos que enlazan con narraciones y leyendas tradicionales que por vía oral han perdurado hasta la Edad Media e incluso hasta nuestros días, como las leyendas sorianas de Gustavo Adolfo Bécquer, muchas de ellas poemas célticos puestos en prosa».

Además, puntualizó, «a pesar de la creencia, los celtas sabían escribir desde el siglo VII a.C. en algunas regiones, pero los poemas y tradiciones profundas las transmitían oralmente porque era una especie de tabú no ponerlas por escrito, por eso se perdieron». Esto hace difícil encontrar fuentes que permitan reconocerla: «Buscamos en las pequeñas tradiciones, en el folclore y la iconografía y esto nos permite reconstruir nuestra raíces literarias más antiguas. Los primeros indicios son unas liras, especie de arpas, que aparecen representadas en estelas de 1200 a.C., hace 3200-3500 años, y si tenían liras es porque cantaban y tenían cánticos. Con esta referencia se entiende a los romanos que decían que los celtíberos atacaban cantando».

Este campo de la literatura celta ha sido poco explorado. «El único que lo intentó a finales del XIX fue Joaquín Costa, famoso regeneracionista, pero es un campo totalmente desconocido que hay que abordar, porque gracias a esa literatura, podemos entender, por ejemplo, la decoración de los vasos de Numancia o las figuras que ofrecen las fíbulas celtas en España. Se trata «de un trabajo de búsqueda de huellas y –explicó el profesor–, como en los mosaicos, construir con los trocitos una imagen o un tema. Estudiar restos de la antigüedad como cuentan Tito Livio y Estrabón sobre los cantares épicos que tenían en Hispania. Comparar lo poco que dicen con el lenguaje iconográfico de cerámicas y bronces y así saber aproximadamente sus temas, a lo que hay que añadir mitos como Gargoris y Habis. Esos datos estructurados, los comparamos con lo que se sabe de la literatura en Irlanda y Gales, las pocas referencias de los galos y del resto de Europa y con ellos vamos a los restos que han quedado de la literatura oral popular, sobre todo en la alta Edad Media».

Más de lo que se cree

Porque, como señaló el profesor: «Las huellas celtas en la literatura castellana, aun minoritarias, son mayores de lo que se supone. Aparecen en los cantares de gesta, en Fernán González, en los augurios con cuervos del “Poema del Mío Cid”, “Los siete infantes de Lara” o el rito celta de la triple muerte del “Libro de Buen Amor” y la tradición de los viajes fantásticos de los ímramma irlandeses que explican el “Romance del Conde Arnaldos” y la “Leyenda de San Amaro” o en las “Leyendas” de Bécquer. La huella celta en Galicia es grande, como las narraciones sobre la “Reina Lupa”, el “Bosque Ilicino” y el “Monte Sacro”, estrechamente vinculadas a las leyendas sobre Santiago. Como en los primeros relatos histórico-míticos del País Vasco, donde se ha conservado, a veces muy puros estos esquemas literarios que pasaban de poeta a poeta y que son los que nos permiten reconstruir la literatura celta de la antigüedad».

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