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Wenders, una polémica «Inmersión» en el yihadismo

  • Win Wenders fue el rostro encargado de abrir, ayer, el festival con la presentación de «Inmersión»
    Win Wenders fue el rostro encargado de abrir, ayer, el festival con la presentación de «Inmersión»
Gonzalo Núñez. 

Tiempo de lectura 5 min.

23 de septiembre de 2017. 00:01h

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Gonzalo Núñez.  22/9/2017

Amor y yihadismo. Extraño maridaje. Pero, como en la metafísica de John Donne –sus poemas son casi un eslogan de la película–, todo en este «Inmersión» que inauguró ayer el Festival de San Sebastián cobra sentido en lo profundo, allí abajo. O, al menos, esa es la intención de Wim Wenders: que tras este paseo por el horror y el romance extraigamos una conclusión, a saber, que «ningún hombre es una isla en sí mismo», pero hay que adentrarse en la oscuridad para ponerse en el lugar del otro. Aplicando esas premisas, el director alemán de 72 años opina que el problema del terrorismo islamista «tiene que ver con la falta de equilibrio entre ricos y pobres. Y en parte somos nosotros quienes creamos este monstruo. En 2001 declaramos una guerra y eso era lo que querían los terroristas». Wenders ha viajado a África con esta cinta, a Yibuti (Somalia en la ficción), y de ahí ha traído la convicción de que perpetuamos «problemas del pasado» y que «es lamentable que Europa sea tan egocéntrica, cuando por definición siempre ha sido abierta al mundo y solo recientemente estamos cerrando fronteras; eso culturalmente es una catástrofe. Espero que esta película ayude a entender que somos un planeta y no solo Europa como lugar protegido».

Descenso a los infiernos

«Inmersión» es tanto un romance épico como un descenso a los infiernos. La historia, en «flashbacks», nos traslada a un hotel de Francia en el que James (James McAvoy) y Danny (Alicia Vikander) se conocen y se enamoran a escasos días de emprender ambos sendas misiones de riesgos: él, infiltrarse en un grupo yihadista somalí; ella, descender al lecho marino, a una profundidad antes jamás alcanzada, para investigar qué vive ahí abajo. En el principio, es decir, en la novela del corresponsal de «The Economist» J. M. Ledgard, la cuestión islamista preponderaba. «Pensé que había demasiada oscuridad en el libro, en el planeta y en el alma –explica Wenders–, y creí que tenía que equilibrarlo siguiendo esa frase de Luther King que dice “no puedes luchar en la oscuridad con la oscuridad”». De ahí el amor, la luz. James piensa en Danny desde el sótano oscuro donde lo retienen, harapiento y hambriento, los yihadistas; Danny, a punto de cumplir su sueño profesional de bajar al fondo del océano, solo tiene ojos para su móvil. ¿Por qué James no le escribe? ¿Acaso no dijo que lo haría? A miles de kilómetros de distancia, el corazón y la memoria los mantiene unidos a aquel hotel de Francia donde todo era más sencillo.

Wenders y su equipo recorrieron toda la costa Atlántica, «de Galicia a Noruega», en busca del hotel perfecto, «un lugar que pareciera espiritual». Y al final dieron con algo parecido (una especie de retiro religioso) en la costa de Dieppe, precisamente el enclave donde cerca de 1.000 aliados habían dejado la vida en su batalla contra el III Reich. A Wenders aquello le pareció sintomático de lo que quería contar. «Los lugares suman mucho a una película», señala, como los silencios, «aunque cada vez es más difícil realizarlos; es un instrumento excelente para dar valor al diálogo y a la música».

Wenders, aun filmando una cinta más condescendiente con el público, dice que no le gusta hacia dónde va el cine. Tampoco él es el que era: su «Inmersión», coproducción hispano-franco-alemana que inaugura a concurso la Sección Oficial, no ha satisfecho en San Sebastián. Hace años que el divorcio entre el autor de «París, Texas» y «El cielo sobre Berlín» y los críticos internacionales es palpable en cuanto a sus ficciones se refiere (otro cantar son los documentales). «Hace mucho que he dejado de leer críticas –confiesa–, ni las buenas ni las malas. Llegó un punto en que tuve que dejar de hacerlo». Lo asegura con una sonrisa amarga. Pero su nombre pesó y mucho para que Alicia Vikander (reina indiscutible de la alfombra roja anoche) se implicase en el proyecto. «Mi madre me hacía ver sus películas. Soy una gran fan de esta persona que está aquí al lado», dice. McAvoy fue otra de las razones para subirse al barco, nunca mejor dicho: «Admiro su trabajo, siempre he pensado que es muy camaleónico y veraz en sus interpretaciones. En la vida real es un cachondo, siempre haciendo bromas, pero cuando rueda es un actor muy devoto». Danny, su personaje, es una científica determinada y apasionada. «Este papel me ha permitido darme cuenta de lo que los matemáticos y científicos están haciendo hoy en día. Hay un mundo entero debajo de nuestro mundo, algo nuevo para mí, y estoy encantada de haber entrado».

Mundo submarino

Ese «mundo debajo del mundo» traerá también hasta San Sebastián a otra de las grandes estrellas de esta 65 edición: Arnold Schwarzenegger, que vendrá a presentar «Wonders of The Sea 3D», el documental que ha producido y narrado junto a la familia Cousteau. Será uno de los platos fuertes en cuanto a visitas de una edición que premia con el prestigioso Donostia a Ricardo Darín, Monica Bellucci y Agnès Varda, la «abuela de la Nouvelle Vague». 25 cintas integran la Sección Oficial, donde veremos el «The Disaster Artist» de James Franco y el regreso de los directores de «Loreak» con «Handia», de Martín Cuenca («El autor») y Fernando Franco («Morir»). Nakache y Toledano, responsables del histórico «Intocable», también competirán por la Concha de Oro con «C’est la vie!». Sobre un jurado presidido por John Malkovich recae la responsabilidad de separar el grano de la paja en la sección estrella. Precisamente en Oficial se programa, a modo de hito y fuera de concurso, «La peste», la espectacular serie que Alberto Rodríguez ha confeccionado bajo el paraguas de Movistar. A rebufo de Cannes, el festival donostiarra se abre a las plataformas de televisión por cable. Netflix traerá (ya lo hecho mediante una publicidad insoslayable junto al Urumea) «Fe de etarras», la esperada y controvertida comedia de Borja Cobeaga sobre un comando terrorista. ¿Le reirá San Sebastián la gracia? Lejos del humor y muy cerca del «drama drama», como ella misma reconoce, Isabel Coixet presentó ayer «La llave», el primer capítulo del largometraje por partes «Proyecto tiempo», enmarcado en el ya tradicional Cinergia. Finalmente, y como es habitual, las Perlas de los otros refulgirán en San Sebastián: desde los ganadores de los grandes certámenes al último grito pendiente de estrenar, la «Madre!» de Darren Aronofsky.

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