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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00

L’OSSERVATORE ROMANO

EDICIÓN SEMANAL

Unicuique suum

EN LENGUA ESPAÑOLA

Non praevalebunt

Año

XLIX,

número 30 (2.526)

Ciudad del Vaticano

28 de julio de 2017

Recordando el encuentro en Estambul entre el Papa Pablo

VI

y Atenágoras

Unir lo que está dividido

Por la festividad de María Magdalena

Violencias y abusos contra las

mujeres son signo de barbarie

A

NGELO

B

ECCIU EN PÁGINA

8

La eclesiología del Papa Francisco

La condición sinodal

de la Iglesia

F

ERNANDO

C

HICA EN PÁGINAS

6, 7

Y

9

Atenágoras subrayó que su objetivo principal, co-

mo jefes de sus respectivas Iglesias, era el de

«unir lo que está dividido, con mutuas acciones

eclesiásticas, allí donde quiera que ello sea posi-

ble, afirmando los puntos comunes de fe y de go-

bierno, orientando así el diálogo teológico hacia

el inicio de una comunidad sana, sobre los funda-

mentos de la fe y de la libertad de pensamiento

teológico inspiradas por nuestros Padres comunes

y presentes en las diversas tradiciones locales».

Antes de estos eventos históricos, Atenágoras y

Pablo

VI

se habían encontrado ya por primera vez

en Jerusalén el 5 y 6 de enero de 1964. En estos

encuentros, los dos guías habían retirado juntos

las excomuniones que pesaban sobre sus respecti-

vas Iglesias desde el gran cisma de 1054.

El Papa Pablo

VI

y el Patriarca ecuménico Ate-

nágoras fueron dos grandes visionarios; «con el

poder del Espíritu vio el fin de los tiempos» (

Si-

rácida

48, 24). Aunque sus iniciativas no tuvieron

gran impacto en los medios de comunicación,

permanecen revolucionarias piedras angulares pa-

ra el desarrollo del cristianismo.

Lo que podía parecer solo un pequeño paso en

la historia del mundo, al final se ha revelado un

paso de gigante en la historia de la Iglesia, espe-

cialmente en términos de sanación del escándalo

de la división entre las dos Iglesias hermanas de

Roma y de Constantinopla, nueva Roma.

Efectivamente, si introducimos la corresponden-

cia formal y las visitas oficiales intercambiadas por

los jefes o los representantes de las dos Iglesias en

el contexto de silencio del cisma que ha caracteri-

zado sus relaciones durante casi un entero milenio

—desde el 1054 hasta 1964, pese a algún ocasional

esfuerzo dirigido a la reunificación y aislados ecos

de comunicación al lo largo de los siglos— enton-

ces conseguiremos comprender la excepcional im-

portancia de los extraordinarios gestos entre el Pa-

pa Pablo

VI

y el Patriarca Atenágoras.

Hoy ya no sorprende tener conocimiento de visi-

tas de jefes de Iglesias a otras Iglesias. No obstan-

te, los intercambios y los encuentros entre el Papa

Pablo

VI

y el Patriarca ecuménico Atenágoras per-

manecen en la memoria y al mismo tiempo nos re-

cuerdan el poder duradero de la caridad y del diá-

logo. En un tiempo en el cual las personas y las

naciones tienen la tentación de aislarse y excluirse

—ya sea por ignorancia o por miedo a los demás—

el ejemplo de Pablo

VI

y Atenágoras es una luz pa-

ra dos ciudades construidas sobre un monte, desde

donde resplandece para el mundo entero (cf.

Mateo

5, 14).

*Patriarca de Constantinopla

En la festividad de santa Ana

Abuelos esenciales

L

ORENZO

B

ALDISSERI EN PÁGINA

12

B

ARTOLOMÉ

*

En la entrada de la basí-

lica de San Pedro en Ro-

ma, sobre la puerta santa

abierta por el Papa para

las celebraciones jubila-

res, una inscripción en el

mármol, que a menudo

pasa desapercibida para

los peregrinos dice en

griego y en latín: «Por la

conciliación de plena co-

munión entre las Iglesias

ortodoxa y católica roma-

na, en esta basílica hubo

un encuentro de oración

entre el Papa Pablo

VI

y

el Patriarca Atenágoras el

1 y el 26 de octrubre de

1967».

De hecho, en 1967 en-

tre los dos líderes hubo

un intercambio de visitas

a las respectivas sedes.

La visita de Atenágo-

ras a Roma fue precedida

por una visita de Pablo

VI

a El Fanar. El 25 de

julio de 1967, dirigiéndo-

se al Patriarca Atenágo-

ras en la iglesia patriarcal

de San Jorge, el Papa Pa-

blo

VI

dijo: «A la luz de

nuestro amor a Cristo y

de nuestra caridad frater-

na descubrimos más aún

la profunda identidad de

nuestra fe, al mismo

tiempo que los puntos

sobre los cuales aún di-

vergimos no deben impe-

dirnos la percepción de

esta unidad profunda».

A su vez, el Patriarca

El Papa Francisco en su viaje a Tierra Santa (25 de mayo de 2014)