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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00

L’OSSERVATORE ROMANO

EDICIÓN SEMANAL

Unicuique suum

EN LENGUA ESPAÑOLA

Non praevalebunt

Año

XLIX,

número 32-33 (2.528)

Ciudad del Vaticano

11-18 de agosto de 2017

Memoria de un hombre de Dios

A cien años del nacimiento de monseñor Óscar Romero

G

IOVANNI

M

ARIA

V

IAN

En el día de la Asunción se conme-

mora el centenario del nacimiento

de uno de los cristianos más conoci-

dos de nuestro tiempo, Óscar Rome-

ro. El arzobispo de San Salvador fue

asesinado en 1980 a los sesenta y tres

años mientras celebraba la misa, por

haber denunciado la injusticia y la

violencia que flagelaban al pequeño

país centroamericano: tomas de posi-

ción claras en nombre del Evangelio.

Ante su tumba en 1983 rezó Juan

Pablo

II

, que en 1997 autorizó la

apertura de su causa de canoniza-

ción, pero no fue hasta 2012 que se

retomó, por decisión de Benedicto

XVI

y luego de Francisco, hasta que

llegó su beatificación en 2015 como

mártir.

Pero importante para Romero fue

sobre todo Pablo

VI

, el Papa que le

nombró en 1970 obispo auxiliar de

San Salvador, en 1974 obispo de

Santa María y en 1977 arzobispo de

la capital. El joven clérigo había es-

tado en Roma, donde había estudia-

do en la Gregoriana entre finales de

los años treinta e inicios de los años

cuarenta, ya en plena Guerra. Será

precisamente esta formación romana,

que le dejó una huella tradicional, la

que le permita seguir una veintena

de años más tarde el periodo conci-

liar con confianza en el magisterio.

Y precisamente la visión abierta de

Papa Montini, que guía con valor y

sabiduría el Vaticano

II

, es la que el

sacerdote salvadoreño inicia a aco-

ger.

En un artículo publicado a princi-

pios de 1965 Romero escribe: «Para

no caer en el ridículo de una acrítica

afición a lo viejo y para no caer en

el ridículo de hacerse aventureros de

“sueños artificiosos” de novedad es

mejor vivir hoy más que nunca ese

clásico axioma: “sentir con la Igle-

sia” que concretamente significa in-

condicionado apego a la jerarquía»,

de matriz ignaciana, será elegida cin-

co años después por el nuevo auxi-

liar de San Salvador como su lema

episcopal.

Obispo en un país cruelmente

oprimido por las oligarquías y por

los militares, preocupado por las

tendencias políticas que se manifies-

tan en la teología de la liberación,

progresivamente llega a compartir el

concepto de la centralidad de los

pobres, que en 1968 había sido reite-

rado por la conferencia de Medellín

en la cual había participado Pablo

VI

, primer Papa que pisó América

Latina. Y precisamente un documen-

to de Montini, la

Evangelii nuntian-

di

, recordado más de una vez con

admiración por su actual sucesor, da

aliento a monseñor Romero. Que

precisamente por su posición mode-

rada es elegido como arzobispo de

San Salvador, mientras la situación

se hace cada vez más difícil y la vio-

lencia represiva aumenta.

La primera homilía del obispo es

precisamente para un amigo frater-

no, el jesuita Rutilio Grande, asesi-

nado por los escuadrones de la

muerte con dos fieles, Manuel Solór-

zano y Nelson Rutilio Lemus, mien-

tras iba a celebrar por la novena de

san José, casi una anticipación de su

propia muerte: «Así ama la Iglesia;

muere con ellos y con ellos se pre-

senta a la trascendencia del cielo.

Los ama, y es significativo que

mientras el padre Grande caminaba

para su pueblo, a llevar el mensaje

de la misa y de la salvación, allí fue

donde cayó acribillado. Un sacerdo-

te con sus campesinos, camina a su

pueblo para identificarse con ellos,

para vivir con ellos, no una inspira-

ción revolucionaria, sino una inspira-

ción de amor».

Pocos días después Romero viaja

a Roma para buscar el apoyo que ya

no tiene del nuncio, y el Papa le re-

cibe enseguida, como había acaecido

tres años antes, y como sucederá un

año después, precisamente en el ani-

versario de la elección de Montini.

El recuerdo detallado de esta última

audiencia está en el diario del arzo-

bispo. «Pablo

VI

me ha estrechado

la mano derecha y la ha sostenido

durante largo rato entre sus dos ma-

nos y yo también he estrechado con

mis dos manos la mano del Papa»

que le habla extensamente: «Com-

prendo su difícil trabajo. Es un tra-

bajo que puede ser incomprendido y

precisa mucha paciencia y fortaleza.

Sé bien que no todos piensan como

usted; es difícil, en las circunstancias

de su país, tener tal unanimidad de

pensamiento; pero siga adelante con

valor, con paciencia, con fuerza, con

esperanza». Un mes y medio más

tarde Montini expiraba. Menos de

dos años después Romero era asesi-

nado.