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Froome salva un susto y conserva el amarillo el día que ganó Mollema

Mollema salva al Trek de Contador con su triunfo de etapa

  • El holandés Bauke Mollema celebra su primer triunfo en el Tour de Francia
    El holandés Bauke Mollema celebra su primer triunfo en el Tour de Francia / Reuters
Ainara Hernando. 

Tiempo de lectura 4 min.

16 de julio de 2017. 20:45h

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Ainara Hernando.  16/7/2017

No hay nada como pasar en carrera por las carreteras de casa. Y más si es el Tour. La intensa emoción, los vecinos saliendo a animar, la familia entera en la cuneta. Miles de carteles con el mismo nombre. Y, romanticismos aparte, conocer cada escondrijo, cada giro y cada cuesta, cada emboscada mejor que nadie. El Tour de Francia transitaba por el Macizo Central, que además de etapas vibrantes, de fugas y de ataques que no se esperan más que en los Pirineos o en los Alpes, es también la casa de Romain Bardet. El líder del ag2r nació en Brioude. Aquí se hizo ciclista, por las mismas cotas breves pero tremendas que va a transitar el Tour y donde su ag2r se disfrazó de zafarrancho de combate para atrapar a Froome en su propia trampa.

Bardet tenía especialmente señalado este día, por eso del romanticismo pero sobre todo porque muy pocos iban a esperárselo de él y de su equipo, que cada día intimida más como bloque. Aún les queda para llegar al nivel del Sky, pero su crecimiento es enorme. Y la última demostración fue ayer, en las carreteras donde el pequeño Bardet, ahora convertido en la esperanza gala para devolver a Francia toda la gloria como ganador del Tour, empezó a pedalear.

Fue a los pies del Col de Peyra Taillade cuando el equipo francés se puso al frente del pelotón para comenzar a destrozarlo. Querían hacer picadillo el grupo de favoritos para preparar el terreno a su Romain antes de atacar en las rampas más duras de la subida que llegaban hasta el 14%. Y fue justo entonces, cuando endurecían la marcha, que a Chris Froome se le notaba sospechosamente nervioso. Mirando de un lado a otro, girando la cabeza. Su rueda trasera, la que más cuesta reparar, estaba rota. Kwiatkowski, reconvertido por momentos en mecánico, se bajó de la bicicleta y le colocó la suya en la bici de Froome.

Pero la carrera estaba lanzada. La película con guión no escrito del fair play sólo incluía esta vez la ausencia de ataques. El ag2r no paró y el hueco de Froome con Bardet, Aru, Urán, y Contador aumentaba. Y allí delante también estaba Landa. “Si a Chris le pasa algo cambiaremos de líder sin problema”, decía por la mañana el director del Sky Nicolas Portal. Por momentos parecía cumplirse. Henao y Kiryienka tiraron de su líder y para cuando llegaron las rampas del Peyra Taillade, Mikel Nieve ya estaba con el keniano. Juntos tuvieron que soportar cómo la afición francesa abucheaba a Froome.

Ellos a lo suyo. Pasaron a Nairo Quintana, desfondado y hundido –se acabó dejando el colombiano casi 4 minutos en meta- y en las rampas más duras, mientras el ag2r seguía imponiendo su ritmo, Landa frenó y reintegró al líder, al del Tour y al suyo, con el grupo. El ag2r no cesó en su empeño pero ya nada había que hacer. Landa pasó a comandar el grupo para desanimar los intentos de ataque, sólo Dan Martin, que cada día parece más amenazante, se atrevió.

Por delante, el valiente y correoso Bauke Mollema puso fin a una fuga de 28 hombres de los que acabó siendo el más fuerte por mérito propio y arregla así el Tour del Trek-Segafredo de Alberto Contador. La rabia le hizo arrancar a Froome en el final para intentar morder segundos a Bardet y Aru, pero esta vez no lo logró.

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