viernes, 21 julio 2017
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Deportes / Wimbledon

Federer: 8 Wimbledon, 19 Grand Slams

  • El suizo reconquista la hierba de Londres tras vencer por 6-3, 6-1 y 6-4 a Cilic, que rompió a llorar a mitad del segundo set

Roger Federer besa el trofeo que le acredita como campeón del torneo de Wimbledon.
Roger Federer besa el trofeo que le acredita como campeón del torneo de Wimbledon.
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Lágrimas de Roger Federer: un saque directo selló su victoria contra Cilic y su inmaculado triunfo en Wimbledon, sin ceder un solo set. Lloró porque reconquistar la hierba de Londres (la última vez que había ganado allí fue en 2012) era su gran obsesión desde hace años. Son ocho triunfos en la catedral, ya uno más que Sampras, y 19 Grand Slams. Más récords cuando está a punto de cumplir los 36 años.

Lágrimas también del derrotado, Marin Cilic, antes de tiempo. A mitad del segundo set, después de haber perdido seis juegos consecutivos y cedido en medio de ellos el primer parcial, se sentó en su banquillo y no pudo contenerse. La ansiedad le pudo. Se tapó la cara con la toalla y sus lágrimas eran incontrolables, como un niño. Llevaba un rato en el que no daba una y Federer había ido a más. El cuerpo del croata incluso temblaba, y eso que no es un novato. Puede presumir Cilic de haber ganado un Grand Slam (el abierto de Estados Unidos de 2014), pero la final de Wimbledon le superó. Expulsó un poco sus demonios y volvió a jugar, pero su final estaba escrito.

Había comenzado bien Cilic, muy agresivo, sobre todo con los restos, e incluso amenazó con un primer «break» cuando mandaba 2-1. Estrelló un revés a dos manos en la red ante un segundo saque de Federer, y ese fue el comienzo de su final. El genio suizo fue el amo a partir de ahí. Empezó a encadenar saques directos, restos a los pies de su oponente, y a transmitir una seguridad increíble. Parecía que tenía todo bajo control en todo momento, como durante las dos semanas que ha durado el torneo, y no se dejó afectar por la crisis de Cilic, porque seguro que la situación tampoco era cómoda para él. A nadie le gusta ver a un oponente así. Pero ni se inmutó y siguió a lo suyo para llegar al éxito y continuar con su año increíble: lo comenzó conquistando el Abierto de Australia ante su némesis Rafa Nadal. Después se impuso en Miami e Indian Wells, y paró en la parte de la temporada de tierra batida para volver en la hierba, donde ha triunfado en Halle y Wimbledon. Después de que se le diera por acabado más de una vez, el suizo demostró que el talento no tiene edad. Al menos para él, los años parecen no pasar. Su mito no para de crecer.

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