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El baile número 12

  • Los jugadores del Real Madrid levantan la copa de Europa
    Los jugadores del Real Madrid levantan la copa de Europa / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

05 de junio de 2017. 02:52h

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José Aguado Cardiff. 3/6/2017

Y entonces Modric sacó la enciclopedia de fútbol que es y empezó a dar una lección al mundo entero e Isco se puso los zapatos de baile e invitó a todos a su fiesta y Kroos midió el espacio para marcar el tiempo y Casemiro marcaba su territorio sin hacer prisioneros y lanzando obuses. Y Carvajal olvidaba su lesión haciendo millas y Varane corría esprints, uno tras otro y Ramos pedía calma y cabeza, pero iba ya sacando el pecho de capitán. Y Marcelo se atusaba el pelo y corría con la pelota en los pies y la escondía y volvía a aparecer. Y Benzema encontraba amigos siempre. Y Keylor Navas se estiraba para llegar a casi todo. Y Bale recibió el aplauso que se merecía de los suyos y Asensio se hizo mayor, probando lo que es una final, y dejando pistas de cómo va a ser el futuro. Y Morata dejó su huella en el césped.

Y Ronaldo, ah y Ronaldo, dos toques, no necesitó más, uno desde lejos, al lado contrario; y el otro apareciendo donde nadie le esperaba, fulgurante, para marcar su gol número 12 en esta competición, 10 de ellos desde los cuartos hasta la final. 12, como las Copas de Europa que ya lleva el Madrid, el único que hizo cinco consecutivas para empezar a construir la leyenda; el único que ha repetido dos veces consecutivas en la historia moderna, porque las leyendas se construyen a lo largo del tiempo, sin dejar de tener hambre nunca, buscando retos y venciendo a rivales históricos como la Juve.

Ganó el Madrid porque fue mejor y más bonito, porque sabe cómo se juegan las finales, porque después de una primera parte competida, se dio una fiesta durante toda la segunda mitad, un homenaje por un año que iguala a aquel de 1958, con la Liga y el doblete, a aquel de Di Stéfano. Hoy es el Madrid de Zidane.

La Juve aguantó hasta que el Madrid empezó a funcionar y hasta que Mandzukic se quedó sin ganas de pelea con Carvajal. El ex jugador del Atlético fue lo mejor de su equipo, por su carácter y por su golazo, que igualó el de Cristiano y que hizo creer a los suyos que había un partido que jugar. Parecía que sí, pero no era verdad.

Fue un primer tiempo donde cada uno exhibió sus armas. La Juve la presión, el agobio en todas las zonas del campo para no dejar jugar al rival, mientras el Madrid quería la pelota, moverla rápido y busca la salida de la banda izquierda. Buscaba a Benzema, que lo intentó todo para dar aire a su equipo. Por ahí, por el triángulo que formaban el francés, Marcelo, Kroos y la ayuda de Isco, tomó el Madrid el control del partido tras cinco minutos en los que la Juve quiso enseñar los dientes y asustar. Empujaba muy arriba el equipo de Allegri, que se llevaba los rechaces, sobre todo Pjanic, quien obligó a Keylor a hacer una parada de esas que valen títulos (aunque luego se descubrió bajito para parar el remate de Mandzukic). Antes el Madrid ya había marcado, en una jugada larga, que empezó el ímpetu de Kroos, aclaró la clarividencia de Karim, ayudó la garra de Carvajal y remato la fiera de Cristiano. Lo más difícil, marcar a la Juve, estaba hecho.

Pero reaccionaron los de Allegri y el partido fue vibrante. Arrancaba la Juve, templaba y cocinaba el Madrid. Dos grandes de Europa, dos estilos, dos historias. Podía pasar cualquier cosa y la segunda mitad se presentaba tan emocionante como divertida.

Y lo fue, mucho. Aunque sólo para el Real Madrid. Cogió la pelota y empezó a jugar. Modric imponía su estilo y la Juve ya no llegaba. Barzagli no daba a basto para tapar agujeros y nunca sabía por dónde iba a aparecer Isco o le iba a burlar Marcelo. Cuando Allegri le quitó por Cuadrado ya era tarde. Alves no ayudaba nada porque salió el Alves que sólo se duele en el suelo, que hace aspavientos y ruidos para ocultar que está seco. Higuaín fue el Higuaín que algunos recuerdan y la Juve desapareció.

Era imposible para ella. No hay nadie más grande que el Madrid.

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