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1-3. El Madrid derriba otra barrera

La mejor versión del Real Madrid derrota al Borussia en su campo, donde nunca había ganado. Gran partido de los blancos, con criterio, toque y goles, frente a un rival incansable

  • Bale y Cristiano Ronaldo celebran uno de los tres goles del Real Madrid, ayer en Dortmund
    Bale y Cristiano Ronaldo celebran uno de los tres goles del Real Madrid, ayer en Dortmund

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27 de septiembre de 2017. 04:51h

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Si intentaba controlar y hacer un regate, cuatro o cinco jugadores amarillos se abalanzaban sobre el futbolista de blanco. Era un partido, pero también una prueba de resistencia lo que se encontró el Madrid en Dortmund y lo superó con grandeza, con la capacidad competitiva de un equipo que da lo mejor de sí mismo en los momentos decisivos y en los grandes escenarios. El conjunto alemán iba a por todas, durante todos los minutos, incansable y frente a ese maratón rival; frente a la presión, el Madrid hizo un encuentro inteligente, mezclando la rapidez con el control. Si había que ir al cara a cara, allí iba, sin miedo de la ida ,y vuelta, dispuesto a golpear, con Bale y con el eterno Ronaldo; si, en cambio, el choque exigía pausa, ahí estaban los centrocampistas blancos moviendo la pelota de un lado a otro, para calmar un estadio que hierve a la mínima, pero que tuvo que rendirse a la superioridad del campeón de Europa. Dortmund era un lugar prohibido, como lo era Alemania hace unos años, como lo era ganar dos Champions consecutivas, pero es que este grupo no conoce límites ni prohibiciones y no atiende a las estadísticas negativas.

Para superar la presión, el Madrid buscó la profundidad frente a una defensa súperadelantada. El Dortmund confundía la valentía con lo temerario y en cuanto el equipo blanco superaba con sus toques el agobio de los hombres de arriba de los locales, se encontraba con una pradera para correr tras de los defensas. Empezó a sumar ocasiones el equipo de Zidane, sin conseguir marcar. Carvajal era un filón por la derecha y Bale caía más por la banda izquierda para dar vuelo a su equipo y reivindicar su papel como un futbolista con peso.

El Dortmund prefería dejarse controlar y aprovechar los fallos para acechar a Keylor Navas. Durante la primera mitad sus mejores ocasiones llegaron por pérdidas del Madrid en zonas peligrosas. Viven a gusto los alemanes en duelos así, de una portería a otra. Su mejor ocasión fue una pelota que acabó dando, involuntariamente, en las manos de Ramos. Se acercaban a Navas, pero el partido era del Madrid, más rápido, más preciso y con mejores ocasiones para marcar.

Fue Bale quien acabó con la posible paranoia que le podía entrar a los delanteros blancos si seguían llegando sin meter la pelota en la portería. El galés quizá marcó la más difícil: una volea con el interior del pie a un balón a media altura que le dio Carvajal. Lo metió por la escuadra Bale, imposible para el portero, un golazo de categoría, de un futbolista, que, como aseguraba Zidane, con minutos en sus piernas va mejorando. Cuando se fue al suelo, al final del choque, se volvió a asustar el club español, pero pareció más una sobrecarga que algo grave.

Zidane decidió dejar a Asensio en el banquillo hasta el minuto 70 y disputar el choque en Alemania con su equipo más experimentado. No le fallaron sus hombres al francés: supieron manejar los tiempos del partido y siempre dieron una sensación de superioriordad. Corriendo tras la presión hicieron daño al rival y en la segunda parte, controlando la pelota a la espera de espacios, hicieron el segundo, con Bale de extremo y Ronaldo de delantero centro.

No se cerró el partido porque el Borussia no se rinde nunca. Se vino arriba el equipo alemán, buscando desesperadamente a Aubameyang. Ramos y Varane mostraron, durante todo el choque, su versión más firme. El francés, rápido de reacción como siempre; el español, en su papel más serio, cortando todo cuando hacía falta y empujando al equipo hacia arriba cuando lo consideró necesario. Puede que en otros partidos Ramos se despiste, pero a la hora de la verdad es el capitán y eso se nota.

Marcó por insistencia Aubameyang y quiso encenderse otra vez la afición local. Pero este Madrid no tiembla, es el campeón de Europa y no lo es por casualidad. Estuvo firme frente al acoso, con un ojo defendiendo su portería y con el otro buscando la contraria, a Ronaldo, el goleador implacable, el hombre Champions, el que quiere la tercera consecutiva.

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