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¿Hasta dónde puede llegar el cuerpo de un deportista?

Pavel Poljanski compartió una imagen de sus extremidades inferiores, fibrosas y con las venas muy hinchadas, tras la 16ª etapa

  • No son las piernas de una persona enferma, sino la consecuencia de 16 días pedaleando
    No son las piernas de una persona enferma, sino la consecuencia de 16 días pedaleando
  • No parecen las piernas de la misma persona, ni siquiera las mismas piernas. Pero lo son.
    No parecen las piernas de la misma persona, ni siquiera las mismas piernas. Pero lo son.
Paco Rodríguez,  B. V. Conquero.  Madrid.

Tiempo de lectura 2 min.

19 de julio de 2017. 19:09h

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No puede ser verdad. Esas fotos tienen que tener Photoshop”. Esta ha sido una de las primeras reacciones a la imagen que ha subido a las redes sociales el ciclista polaco Pawel Poljanski: “Así están mis piernas después de 16 etapas”. La imagen lo dice todo: se pueden apreciar todas y cada una de las venas que atraviesan las piernas del deportista. Sin un ápice de grasa. Todo músculo. ¿Es normal llegar hasta esa situación?

“Todo deporte de altas prestaciones tiene efectos mal deseados. En el caso de los ciclistas, es normal que cuando lleguen a este punto se produzca un aumento del contenido venoso en las extremidades”, asegura Pedro Manonelles, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (Semed). “Cuando llegan a la competición han perdido mucha grasa porque quieren estar en su peso más bajo. Llegan muy marcados y por eso se ven tanto las venas. Se produce por la postura que llevan, se da una extrangulación a nivel de la ingle. Pero en unas horas se recupera ”, añade. Pero este no es el único problema que padecen los ciclistas, a la larga pueden tener problemas cardiovasculares porque “algunas cavidades del corazón se dilatan y también pueden padecer, a la larga, problemas a nivel lumbar, como hernias discales”, añade.

Las pulsaciones, entre los deportistas de élite, pueden llegar a subir hasta las 200 pulsaciones, “aunque depende mucho de la edad del deportista”, añade Manonelles. Víctor del Corral es uno de estos atletas que llegan a las 195 pulsaciones en alguna de sus carreras. Es triatleta y un experto en hacer la dura prueba “Ironman”: “Cuando terminas una prueba como esta terminas exhausto físicamente, dolorido, con llagas y las rodillas tocadas. Pero, sobre todo, estás energéticamente vacío”,afirma a LA RAZÓN. Reconoce que se tardan días, e incluso, semanas, en recuperarse. Por eso, pasa por “dos o tres pruebas de esfuerzo cada año, para ver que todo funciona bien”, a ellas se suma algún electrocardiograma extra. “Nosotros nos lo jugamos todo en un día, no en varias semanas como la Vuelta y, por eso, la preparación es muy importante”, resalta.

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