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Marcus Cooper: «Sí, puedes llegar a vomitar en un entrenamiento»

Marcus Cooper / Campeón olímpico en Río de K-1 1.000 metros

Su prueba fue un momento cumbre en Río. En Tokio buscará subir dos veces al podio

  • Marcus Cooper, campeón olímpico en Río de K-1 1.000 metros
    Marcus Cooper, campeón olímpico en Río de K-1 1.000 metros
Francisco Martínez.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

29 de marzo de 2017. 04:06h

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Hace siete meses, Marcus Cooper (3-11-1994, Oxford) se proclamó campeón olímpico en piragüismo (K-1 1.000) con 21 años, en una de las pruebas más increíbles de los Juegos, tras una remontada memorable. ¿Y ahora qué? «Yo mismo me hice esa pregunta: “Has llegado a lo más alto, ¿qué es lo siguiente que te queda?’’»...

–¿Y cuál fue la respuesta?

–Ahora es repetirlo, que no es poco. Soy joven, a los Juegos de Tokio llegaré con 25 años... Repetirlo e incluso mejorarlo e ir a por dos medallas. El K-4 500 será distancia olímpica y España tiene un nivelazo para montar un barco espectacular. El objetivo es doble: K-1 1.000 y K-4 500.

– ¿Se cree ya que ganó en Río?

– Me ha costado, me ha costado. Ya tengo los pies en la tierra, vuelvo a la realidad de los entrenamientos normales y corrientes, intento en ese aspecto ser lo más humilde posible porque hay que seguir trabajando para mantener los resultados, ahora con esa presión positiva. Pero sí que en el momento de los Juegos e incluso meses después me costaba creer lo que había pasado.

– ¿Ha vuelto a ver muchas veces la prueba?

–La he repetido miles de veces y visto desde una pantalla, como un espectador, yo mismo alucino no sólo con el resultado, sino con esa manera de remontar, esa estrategia que hice. Los que están metidos en el mundo del deporte, y más en el del piragüismo, saben lo increíble que es hacer esa carrera como la hice yo.

–Pero era un poco lo planeado...

–Separado de lo que es el resultado, esa estrategia no era improvisada, la había preparado desde casa. Esa manera de salir fuerte, quedarme un poco atrás y remontar muy fuerte. La llevaba preparada, pero quizá es arriesgada, quizá no te dé lo suficiente, no tengas la fuerza para remontar o para ganar, quizá no calcules bien, pero salió un carrerón, lo hice perfecto y fue una pasada.

–¿Le sorprendió que le preguntaran por la nacionalidad, cuando desde niño vive en España?

–A veces se daba un poco más de protagonismo a eso; es verdad, no puedo ocultar que soy rubio, inglés de sangre, pero como me gusta decir siempre, soy de corazón totalmente español. Llevo toda la vida en España, mis padres ya estudiaron en España, mi familia está totalmente españolizada, por así decirlo, en Mallorca, que es de donde soy yo, y está claro que el resultado se lo debo y dedico absolutamente a España.

–Parecía que su objetivo era Tokio 2020, y se adelantó...

–En piragüismo ir a los Juegos Olímpicos con 21 años es ser joven, es raro clasificarse y más conseguir una medalla. Surgieron los típicos comentarios de que bueno, son los primeros Juegos, soy joven, voy a coger experiencia... Pero yo tenía claro que no, que si voy a unos Juegos no es simplemente a divertirme; que sí, que también, por supuesto, pero no es para competir sin más; es para dar lo mejor de mí, y eso viene de meses antes, de entrenar más y mejor que nunca. Y se han visto los frutos.

–¿Siguen teniendo el problema del desplazamiento para entrenar en Madrid?

–Seguimos igual que en el ciclo olímpico pasado. Yo soy del grupo de 1.000 metros, que entrenamos en Madrid; luego está el grupo de velocistas de 200 metros que está en Asturias. El problema más grande es que el pantano donde entrenamos, el de Picadas, lo tenemos a 50 minutos de la residencia Joaquín Blume, que es donde vivimos, y son 50 minutos de ida y 50 de vuelta; perdemos bastante tiempo de entrenamiento o de descanso. Hemos propuesto montones de veces al Palacio Real, a sus Majestades, el poder entrenar en el pantano de El Pardo, que sería genial. Pero aparte de eso estamos contentos en la Blume.

–¿Se sigue moviendo lo de intentar entrenar en El Pardo?

–Sería un avance enormemente grande.

–También hacen concentraciones en Sevilla...

–Cada temporada en los meses de invierno bajamos como dos o tres veces a Sevilla, donde hay un CARD especializado en piragüismo y remo, literalmente pegado al Guadalquivir y si a eso le añades el factor clima, estamos muy cómodos. Aprovechamos mucho allí para sacar el mejor K-4 posible. También cuando nos juntamos en Madrid o Asturias.

–¿Puede explicar lo duros que son los entrenamientos, en los que incluso llegan a vomitar?

–Sí, puedes llegar a vomitar, depende del entrenamiento. Según qué parte de la temporada y lo cerca que estés de la competición, el entrenamiento varía un poco, pero nuestra metodología no es sólo la parte del piragüismo en sí, la parte de agua; la combinamos con el gimnasio, las pesas y trabajo aeróbico como bici estática. Al principio de temporada se hacen muchos kilómetros, a lo mejor no a una velocidad tan intensa, pero sí para coger fondo, y según se va acercando la competición nos especializamos más en series de calidad y técnica para transformar todo ese fondo en 1.000 metros, tres minutos y medio de prueba.

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