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Motociclismo

El «chófer» del campeón

  • Julià, el padre de Márquez, se sacó el carnet de camión para llevar a todos los circuitos europeos el «motorhome» de sus hijos.

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Marc posa con su padre, Julià, tras ganar su quinto título mundial
Marc posa con su padre, Julià, tras ganar su quinto título mundial

Son casi las diez de la noche. Los motores hace tiempo que se apagaron en Motorland Aragón y Julià Márquez, el padre de Marc y Álex, camina tranquilamente por el «paddock» con una chocolatina en una mano (el postre después de cenar) y las botas de uno de sus hijos en la otra. Las lleva al «motorhome» en el que sus chicos descansan y que él mismo se encarga de conducir.

Hasta la temporada pasada, los hermanos Márquez vivían los fines de semana de carrera en el hotel rodante que acompaña al Mundial y que en el «paddock» se conoce como el «GP Room». Desde este año, Marc y Álex tienen «casa» propia en los circuitos, un «motorhome» parecido al que utilizan Iannone y Lorenzo y que no es otra cosa que un enorme camión que, una vez aparcado, se transforma en un apartamento con un salón grande, dos baños y tres habitaciones. El de los Márquez tiene de especial el conductor que se ha encargado de llevarlo a todos los circuitos europeos esta temporada, porque no es un empleado o un chófer profesional, sino Julià, el padre de los dos campeones del mundo, que ha disfrutado mucho con la experiencia. Asegura que tenía ganas de hacerlo y que en cuanto se lo propusieron aceptó sin dudar ni un momento.

Cuando sus niños eran pequeños él hacía dos cosas: trabajar manejando excavadoras y dedicar los fines de semana a ir a las carreras en las que Marc y Álex empezaban un sueño que acabó convirtiéndose en realidad. A pesar de su experiencia con maquinaria pesada, no tenía el carnet de camión, así que para convertirse en el conductor oficial lo primero que hizo fue ir a la autoescuela para preparar los exámenes prácticos y teóricos.

Con la autorización lista, se puso al volante. «Papá tiene que ir en algo bonito y bueno», dijo Marc en la presentación de su acuerdo de patrocinio con Scania, el fabricante de camiones que pone la cabeza tractora en la que Julià ha recorrido Europa. Desde que están en el Mundial, siempre ha acompañado a sus hijos a cada Gran Premio, pero en avión se perdía muchos detalles del trayecto que ahora disfruta en la carretera. Sale varios días antes, con tiempo de sobra para hacer las paradas reglamentarias y, de paso, conocer los países por los que cruza. De momento, lo hace siempre junto a otros camiones del Mundial, que le marcan el paso.

En la gira asiática los «motorhomes» se quedan aparcados y Julià ha tenido vacaciones. El domingo sufrió en el box del Repsol Honda los nervios habituales de las carreras, que ve con los dedos cruzados. El final fue, una vez más, el más habitual cuando compite su primogénito. «Este mundial ha acabado bien, a favor nuestro, pero no siempre llueve a gusto de todos. Marc siempre busca nuevos retos y seguro que nos volverá a sorprender con algo nuevo. No esperaba que fuese ya campeón, pero los rivales se han caído, son las carreras», decía.

Julià, más que un padre, es un amigo y un componente más del equipo que viaja con Marc y Álex. Sus hijos se lo pasan bien con él y ahora bromean con su nueva faceta. «De momento, ha llegado bien a todos los sitios. Es bonito, pero muy cansado, yo he hecho algún viaje con él de copiloto», admitía Márquez, que, como manda la tradición, tras ganar el título en Japón se pasó por un karaoke cercano al circuito. Ahora piensa en disfrutar como campeón de las citas de Australia, Malasia y Valencia, donde su padre volverá a ponerse al volante.

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