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Madrid rinde homenaje a Ángel Nieto

El emocionante acto en honor al mito del motociclismo fue más alegre que triste, «tal y como a él le hubiese gustado».

  • Miles de asistentes durante el homenaje al 12+1 veces campeón del mundo de motociclismo, Ángel Nieto.
    Miles de asistentes durante el homenaje al 12+1 veces campeón del mundo de motociclismo, Ángel Nieto. / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

17 de septiembre de 2017. 01:00h

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José Manuel Martín Madrid. 16/9/2017

Pablo Nieto mira la explanada del Santiago Bernabéu totalmente abarrotada. Se lleva las manos a la cara y dice: «La que se ha liado». Los ojos se le humedecen, se emociona. Toda esa gente está allí porque su padre se fue para siempre y estaba pendiente un homenaje a la altura de su leyenda. Había que buscar una fecha libre en el calendario del Mundial para que no faltase nadie en un día que fue más alegre que triste, exactamente como le hubiera gustado a Ángel. Un chico que cambió Zamora por Vallecas y, a base de soñar con correr en motos y ser campeón, lo acabó haciendo realidad. Se reían de él cuando pegaba la nariz al cristal del concesionario de motos cercano a su casa y se quedaba allí un buen rato imaginándose en lo más alto del podio. Y no sólo ganó 12 más un campeonatos del mundo. Fue el pionero del motociclismo español, la llave que abrió todo lo que vino después y que hizo posible que existieran Tormo, Cardús, Pons, Aspar, Crivillé, Alzamora, Gibernau, Lorenzo, Pedrosa, Márquez... Nada hubiera existido sin él, un legado enorme que trasciende al mundo de las dos ruedas y que sólo se explica con actos como el de ayer en Madrid.

¿Qué hacían Giacomo Agostini, Carlos Lavado, Juan Palacios, Carmen Posadas, Felipe González, Gil Marín, Lucio, Karlos Arguiñano, Manolo Santana o Miguel Abellán a las once de la mañana en el Retiro? Ángel Nieto es la respuesta. Unos 300 invitados acudieron al acto privado en los Jardines de Cecilio Rodríguez, un lugar colonizado por los «runners» un sábado por la mañana, donde hace mucho tiempo había carreras de motos. Los que salieron a trotar ayer alucinaban al cruzarse con Jorge Lorenzo, con Pedrosa, con Enrique Cerezo, con Kiko Matamoros... Caras conocidas en el parque y medio Madrid conquistado por las motos, extendiendo ese olor a gasolina que para Ángel era volver a ser joven.

«No se merecía menos de esto. Estoy feliz. Creo que no he visto nada tan bonito nunca», decía Pedrosa desde el escenario instalado junto al Bernabéu. Lo que veía Dani era una marabunta de aficionados y motos esperando para iniciar una caravana infinita hasta el circuito del Jarama. Veintiséis kilómetros de motores rugiendo para que su ídolo lo escuchara allí donde esté.

«Era un ejemplo para todos, muy listo en pista, con mucha vitalidad y mucha energía. Vivió la vida a fondo y este el consuelo que nos queda. Vivió el doble, 140 años», afirmaba Lorenzo, al que Nieto le dijo cuando sólo era un chaval que tenía la mirada de campeón del mundo. «Nos abrió las puertas a todos y estamos aquí, en parte, gracias a él», añadía Márquez. «Tenía una fuerza increíble», confirmaba Maverick junto a los hermanos Espargaró, Álvaro Bautista, Loris Capirossi o Emilio Alzamora. Todos con su casco preparado, porque no se iban a perder la marcha hasta el Jarama.

En cada puente de la Autovía de Burgos, una reverencia. Decenas de banderas con la cara de un ídolo que ha traspasado generaciones gracias a su carisma fuera de la pista. Fue un homenaje y muchos al mismo tiempo. Para los más veteranos, como Agostini y Lavado, dos de los que pelearon con él en el asfalto, era la despedida a un amigo «de los que hay pocos». Se trataba de decir adiós a recuerdos de una época en la que se jugaban la vida en trazados urbanos con pobres medidas de seguridad y viajaban en furgoneta en vez de en «business». También estuvo el respeto de los que vinieron después, pletóricos cuando Ángel ya empezaba la cuesta abajo, como Jorge Martínez Aspar, que todavía lamenta no haber atendido a la petición de dejar ganar a Nieto su última carrera. Se le escapa alguna lágrima cuando habla sobre ello.

Y tampoco faltó la admiración de los más pequeños. Como Joan Mir, virtual campeón del mundo de Moto3 este año (20 años), que reconocía no haber compartido casi ningún momento con el mito, pero sentía que debía participar.

En el Jarama esperaban las motos de Ángel, desempolvadas estos últimos días y puestas a punto para la ocasión. Piezas de museo que llevaban mucho tiempo paradas, pero funcionaron perfectamente para que dos de los hijos del mito: Pablo y Gelete, diesen una vuelta al trazado como legítimos herederos. El hermano pequeño, Hugo, ha preferido el tenis, una decisión que aplaudió su padre para no tener que sufrir unas caídas que le iban a doler más que las suyas.

Por la tarde, la estatua que preside la curva Nieto en el Jarama pasó a ser el epicentro de la celebración. Flores y un enorme cartel con el «gracias maestro». Después de desafiar al destino en cada Gran Premio, Ángel había decidido vivir tranquilo y no correr más. Un «tonto» accidente de circulación como hay mil apagó su sonrisa y el brillo inconfundible de su cabellera blanca, pero quedan el recuerdo y la admiración convertidos ayer en muchedumbre. Un ajetreo entre el que jugaba ajena su nieta Mía, la hija de Gelete, que cuando sea mayor entenderá que todo ese barullo era en homenaje a su abuelo.

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