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Márquez no da opción

Gana en Australia tras una batalla pocas veces vista y en Malasia tendrá el primer «match ball» para sumar su cuarto Mundial en cinco años

  • Márquez sale de Australia con 33 puntos de ventaja
    Márquez sale de Australia con 33 puntos de ventaja

Tiempo de lectura 2 min.

23 de octubre de 2017. 03:57h

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José Manuel Martín 22/10/2017

Marc va a ganar el Mundial 2017 porque siempre está. En seco, bajo la lluvia, con calor, con frío, en la lucha cuerpo a cuerpo y también en una batalla en grupo... Mientras los demás aparecían y desaparecían él se mantenía allí, y por eso está a 18 puntos de sumar su cuarto título en MotoGP en cinco años. Algo muy fácil de decir, pero casi imposible de imaginar. Desde que llegó a la élite sólo ha faltado a su cita en 2015 y de aquella decepción sacó conclusiones positivas para seguir ganando. Supo reinventarse e imponerse en cursos muy distintos entre sí. Los ha habido muy igualados, otros en los que arrasó, alguno en el que tuvo que arriesgar al máximo y temporadas en las que la clave estuvo en ser conservador. Cambiaba el decorado, mientras el actor principal seguía siendo el mismo.

Este año, en el Mundial más igualado de los últimos tiempos, Márquez se ha sobrepuesto a una rotura de motor y a una Honda que para nada ha sido dominadora desde el punto de vista mecánico. Él ha aportado lo que los ingenieros japoneses no han sabido darle. En el parón de verano se dio cuenta de que tendría que poner de su parte para ser campeón y que se trataba de adaptarse a lo que tenía más que quejarse de lo que le faltaba. La derrota ante Dovizioso en el cara a cara de Japón le dejó un regusto amargo que le ha durado una semana. Los siete días que ha tardado la caravana de MotoGP en trasladarse desde Motegi a Phillip Island. Avisó de que en la costa sur australiana la película sería diferente y vaya si lo ha sido. Dominó todo el fin de semana, tanto si llovía como si salía el sol. Hizo la «pole» y desde ella aprovechó el naufragio de Dovizioso y Ducati mientras salvaba el pellejo en una pelea pocas veces vista por el triunfo en la categoría reina.

Más de seis pilotos en cabeza, golpeándose desde la primera vuelta. Hambre joven de Zarco, Iannone y Miller, junto a la ambición eterna de Rossi, con Viñales apurando sus últimas opciones. En ese campo de monos arañados y carenados rotos esperó Márquez para dar el golpe definitivo. Ahora tiene un «match ball» en Sepang. Si gana o es segundo, a Valencia sólo tendrá que ir a disfrutar de su dulce rutina, de un presente que le pertenece.

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