sábado, 19 agosto 2017
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Tenis

El Décimo, a la vista

  • Se ha impuesto al austriaco por 6-3, 6-4 y 6-0

Rafa Nadal celebra su victoria en París ante el austriaco Thiem por 6-3, 6-4 y 6-0
Rafa Nadal celebra su victoria en París ante el austriaco Thiem por 6-3, 6-4 y 6-0

Décima semifinal de Nadal en París y décima victoria camino del décimo título. Cifras tan redondas adornan un partido casi perfecto, el que disputó Rafa ante Dominic Thiem. El austríaco, que está llamado a ser el heredero sobre la tierra batida cuando el español quiera abandonar el trono, terminó desquiciado. Nadal se impuso en tres sets (6-3, 6-4 y 6-0 en dos horas y 7 minutos) con una consistencia a la altura de la mostrada durante el torneo. La diferencia con lo visto hasta ahora es que el rival en semifinales era la gran amenaza, con permiso de Stan Wawrinka, y cayó con similar contundencia a la de las cinco raquetas anteriores. Rafa buscará su décima Copa de los Mosqueteros sin ceder un sólo set y lo hará ante el suizo, que necesitó cinco para deshacerse de Murray.

Nadal ha cogido velocidad de crucero hace semanas, desde que desembarcó en Montecarlo. Por eso la derrota ante Thiem en los cuartos de final de Roma fue poco más que una anécdota. Se trató de una especie de excusa para limpiar la mente y llegar todavía con más hambre a París. Hasta semifinales el torneo de Rafa fue como un aperitivo, un entrante para exhibir toda su consistencia en el primer día grande de verdad. Thiem se encontró con un muro enfrente que no sólo se dedicaba a devolver bolas. Cada pelota que llegaba a su pista era más complicada y exigente que la anterior. Nadal respondió de inmediato al «break» inicial de Thiem. Y en sus dos siguientes saques salvó cuatro bolas de ruptura del austríaco. Eso le catapultó hacia la final y comenzó a minar la moral del rival. Thiem se encontró con un jugador que no le dejaba mandar como había hecho hasta ahora, que le empujaba contra la valla, que le tenía desplazadísimo y al que sólo hacía cosquillas cuando le entraba la derecha. La falta de efectividad de su servicio fue la consecuencia de toda la presión que en cada bola metía Nadal. El austríaco pareció un juguete. En la temporada sobre arcilla, nadie, ni el propio Nadal, le había dominado así. Hasta bien avanzado el segundo set, Thiem no tuvo un servicio tranquilo. Y para sumar un punto necesitaba tres o cuatro «winners». Demasiados retos para alcanzar por primera vez el último partido en París.

El viaje de Rafa hasta la final no tiene comparación con los nueve trayectos anteriores. Además de no perder un set sólo ha cedido 29 juegos, seis menos que el galáctico récord de 2008.

Wawrinka, sin hacer demasiado ruido, es el otro finalista y eso que debió remontar su partido ante Murray. La primera semifinal fue eterna. El suizo llevó casi todo el peso, pero fue incapaz de resolverlo hasta el quinto set y cuando ya se habían superado las cuatro horas y media de juego. El todavía número uno del mundo, pese a imponerse en el «tie-break» de la primera manga, fue siempre con el gancho. Su desfondamiento en el último set, después de ceder el desempate del cuarto, estuvo más ajustado a la realidad que la enconada resistencia que ofreció.

La presencia de Wawrinka en la final resulta desconcertante si se analiza su temporada de tierra batida antes de llegar a París. Hasta el último torneo en Génova sólo había ganado dos partidos, pero en la ciudad suiza despertó. Se llevó el título al derrotar en la final al mayor de los Zverev y el despegue ha proseguido en Roland Garros. Hasta la semifinal no había cedido un set, sólo el empeño de Murray le metió en problemas.

Wawrinka afronta la que será su cuarta final de un «Grande» y no ha perdido ninguna. Ya ganó en Melbourne, París y Nueva York. Sólo le falta Londres para completar el «Grand Slam». Una de sus victorias fue en Australia ante Nadal, aunque Rafa jugó aquella final (6-3, 6-2, 3-6 y 6-3) con la espalda rota. En los duelos directos Nadal manda por 15/3 y en arcilla el balance es igualmente favorable al español, 5-1. «Volver a jugar una final en este torneo, el más importante de mi carrera, es algo muy emotivo», asegura. Además del título estará en juego el número dos del mundo.

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