miércoles, 26 julio 2017
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Tenis / Wimbledon

Garbiñe: La nueva edad de oro

  • Aguantó el pulso con Venus en el primer parcial y la arrolló en el segundo para convertirse en la única española que ha ganado Wimbledon y Roland Garros. El número uno es su único destino

Garbiñe Muguruza con el trofeo de campeona de Wimbledon.
Garbiñe Muguruza con el trofeo de campeona de Wimbledon.
Efe

Venus se miró al espejo en la pista central de Wimbledon y chocó de forma violenta con su propio reflejo. Garbiñe es ahora lo que ella fue hace tiempo, una jovencita con mucho talento y potencial para dominar el circuito. El presente y el futuro del tenis se llevaron por delante a lo que empieza a ser pasado, especialmente en el segundo set, donde la mayor de las Williams no tuvo otra salida que rendirse. «Bien hecho», dijo después con una deportividad casi tan enorme como su palmarés. Pierden con tanta clase como ganan las Williams, unidas a los grandes momentos de la carrera de Garbiñe. En las tres finales de «Gran Slam» la española ha tenido enfrente a una de las hermanas, que ya saben perfectamente quién va a ser su heredera.

El resurgir de Venus no fue suficiente para detener el proceso de sucesión, que en estas dos últimas semanas ha sufrido una fuerte aceleración. Toda la solidez, confianza, agresividad y control que había mostrado la española en su camino a la final se mantuvieron en el día definitivo. Le aguantó la mirada a su rival en el primer set para arrasar en el segundo y convertirse en la primera española que reina en la hierba de Londres y en la tierra de París. Ella es en sí misma la nueva edad de oro del tenis español. La espera ha sido larga, pero ha merecido la pena. Conchita y Arancha se repartieron los triunfos en la arcilla francesa y en la pistas verdes del All England Club, dos títulos que ya ha conseguido Muguruza con sólo 23 años y un futuro que apunta hacia el número uno del mundo.

No hay otro destino posible para ella, con los últimos 15 días como punto de inflexión. Ni rastro de la jugadora vulnerable de las tardes negras. Positividad máxima apoyada en los consejos al oído de la otra española ganadora en Londres. Ella ya estuvo allí, así que conocía el camino que Garbiñe ha recorrido con una superioridad absoluta. Sólo Kerber, número uno hasta ahora, le ha robado un set, otra pista de hacia dónde va la hispanovenezolana. Cerca estuvo Venus de apuntarse ayer el primer parcial y seguramente lo hubiera hecho si Muguruza no estuviera en el estado de madurez en el que se encuentra. Jugó los dos puntos de set en contra del décimo juego con toda la valentía posible. No tembló ni se limitó a poner la bola en el campo contrario con más miedo que otra cosa. Tiró a los lados bien plantada en el césped y llevó la disputa al 5-5. Igual de firme negoció las dos bolas de «break» que tuvo poco después, mientras que en la cabeza de Venus algo empezaba a desmoronarse. Había subido un par de marchas el ritmo y ya tenía la oportunidad que había estado buscando. Lo habitual, a lo que la Williams está acostumbrada, es que en esos momentos su enemiga falle y ella pase por encima a base de cañonazos. Ayer sus tiros volvían una y otra vez, porque Garbiñe sabía que, además de atacar, tendría que saber sufrir y defenderse para ser campeona. Había que poner una bola más en juego, obligar a la americana a hacer tres «winners» para sumar uno y, aunque Venus hacía como que no pasaba nada, sí estaba pasando. Cada apuesta era doblada por Garbiñe, sólida en los intercambios largos como pocas veces se le ha visto. Tampoco titubeó al servicio con el 6-5, así que el primer parcial ya era suyo.

Ella no lo sabía, pero fue entonces cuando se proclamó campeona. Quedaba otro set por ganar, algo en lo que Venus había dejado de creer. Cedió el saque en el primer juego del tercer set y se desordenó completamente. No podía imponerse desde el fondo, tampoco le funcionaban los ángulos, así que decidió que podía asustar en la red. Nada parecido a eso sucedió, porque Muguruza la superaba una y otra vez camino de un «rosco» que subía la importancia histórica de la tarde. No había reacción de la Williams ni posibilidad de que la española entrara en una de esas crisis de otras veces. En Londres ha sido otra jugadora, como lo fue en París el año pasado y como lo va a ser a partir de ahora. Ha encontrado la fórmula para ser sólida y resulta que era mucho más fácil de lo que ella creía. No se trataba de ponerse presión ni de sentir la obligación de ganar cada partido y de decir aquello de «si pierdo, pues pierdo». Funciona mucho mejor desdramatizar, pensar menos, liberarse de lo que supone una carga y salir a pista a hacer lo que toca en cada momento. Así se lo ha explicado Conchita y Garbiñe lo ha puesto en práctica con toda la precisión. Ella es la nueva edad de oro, una época que no ha hecho nada más que comenzar.

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