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martes, 22 julio 2014
09:20
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La Razón

Política

Entrevista a José María Aznar: «El PSOE vuelve otra vez a traernos paro y pobreza»

  • A estas alturas de su vida todavía le hace ilusión irse de «bolos» por toda España para promocionar su último libro. O que le requieran desde Yale y desde Harvard, en dos semanas sucesivas, para que diserte a sus selectos alumnos. O esa foto, idea de Jaime Mayor, que sirvió para reunir a su primer Gobierno. Pero con lo que realmente pierde el norte es con sus nietos. Cuentan en FAES que «se deshace» cuando se los acerca su hija Ana al despacho. Cuando no está fuera visa personalmente todo el trabajo que se realiza en la fundación, de manera concienzuda, está incluso en el detalle. El tono de hombre de Estado no es obstáculo para que en su mensaje cargue las tintas contra la gestión económica de José Luis Rodríguez Zapatero. Dice que hay luz al final del túnel, que de esta crisis se sale, que España tiene posibilidades para hacerlo, pero no con este Gobierno. Y que, además, es imprescindible una Nación fuerte. ¿Qué amenaza hoy a esa Nación? «Que los partidos nacionales dejen de serlo y pasen a ser nacionalistas. Eso, en parte, ya ha ocurrido», sostiene.

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–Todos los dirigentes, sin excepción, parece que andan un poco perdidos ante esta crisis. Y usted escribe un libro con las recetas  para salir de ella. ¡Qué atrevido!
–De esta crisis se puede salir, hay recetas y cuanto antes se apliquen, antes saldremos.
–¿Valen las que utilizó en el 96?
–España necesita una serie de reformas estructurales ineludibles y el coste que está pagando el país por no asumirlas es desgarrador en términos de desempleo, de falta de productividad o de competitividad.
–Dice el PSOE que Pedro Solbes le dejó ya el camino encarrilado en el 96.
–Recibí una herencia de un 23 por ciento de paro, de un 7 por ciento de déficit y la Seguridad Social en quiebra. No cumplíamos ninguno de los requisitos para ser miembros del euro. Es muy probable que quien suceda a Zapatero reciba una herencia aún peor. La regla de que todo es susceptible de empeorar se convierte en un axioma cada vez que los socialistas gobiernan. Con ellos vamos de la prosperidad a la pobreza.
–Vamos, que esto no tiene arreglo.
–Si no se adoptan las decisiones que hoy ya son ineludibles España se encamina hacia una situación límite y difícilmente soportable. No es una ficción pensar que a finales de año podemos tener cinco millones de parados, y eso no lo soporta ninguna sociedad.
–¿Toda la culpa es de Zapatero?
–En estos momentos estamos pagando el coste de varias irresponsabilidades: la de negar la crisis, la de un gasto público desmesurado y la de la inacción. Se han paralizado las liberalizaciones, no hay reformas fiscales y laborales, no hay una política energética, se deroga el Plan Hidrológico Nacional... ¿El país tiene capacidad para salir de esta crisis? Sí. ¿Hay fórmulas para hacerlo? Sí. El problema es que no hay un Gobierno con la determinación política necesaria para aplicarlas.
–¿Cuáles son esas fórmulas?
–El cambio de Gobierno es imprescindible. Una vez que se produzca ese cambio de Gobierno habrá que llamar a un gran acuerdo nacional y social. Si es posible, mejor. Y si no, el nuevo Gobierno deberá impulsar un cambio drástico de política y apostar por la estabilidad, por la reducción del gasto, por menos impuestos, por una reforma del sistema de pensiones, por una reforma laboral, por la reforma energética y la educativa.
–¿Pero no cree que ningún Gobierno puede inventarse un nuevo modelo productivo de un día para otro? Y en España el basado en la construcción se acabó.
–Hablar de cambio del modelo productivo es absurdo. España tiene las capacidades que tiene, que son muchas. Y dentro de ellas, está la de desarrollar un potente sector de la construcción o turístico. Decir que vas a cambiar el modelo productivo por uno basado en la ciencia y en la tecnología o en energías alternativas, que crean cuatro empleos y que cada empleo te cuesta más subvencionarlo que lo que produce, es disparatado.
–¿Energía nuclear, sí?
–Sí, claramente. La moratoria nuclear de los 80 es uno de los grandes errores de nuestro pasado. El debate de la energía nuclear es imprescindible y, en mi opinión, debería llevar a la conclusión de que hay que avanzar por ese camino, en la línea de otras potencias europeas. Es absurdo pensar que con las energías alternativas, y teniendo en cuenta su coste, puedes solucionar el aislamiento energético español.
–¿En qué puede ser España más competitiva?
–Tú eres más competitivo si, por ejemplo, tienes un mercado laboral  o un sistema fiscal flexible, y si liberalizas y privatizas determinados sectores económicos y los pones a competir. ¿Por qué cuando la crisis asiática, con la economía mundial estancada, España crecía al 3 y al 4 por ciento? Porque desarrollamos políticas de flexibilización y liberalización. Las claves del éxito las tenemos. Está fallando la política.
–¿El socialismo no vale para afrontar una crisis?
–Como soy orteguiano, a este Gobierno no le pido acierto, sino una hora de competencia. Uno de los problemas de España es que el Gobierno actual no está a la altura de las circunstancias, no da el nivel. No sólo niega la realidad, sino que niega incluso el derecho a discutir sobre las medidas que el país necesita para salir de la crisis. Es evidente que con 9.000 parados al día hay que debatir sobre nuestras leyes laborales, que tenemos un problema de unidad del mercado nacional, que España no puede seguir siendo una isla energética, que hay que retrasar la edad de jubilación y que el sistema de pensiones no será financiable en poco tiempo porque depende del número de empleados y si la cifra baja, no será sostenible.
–Usted defiende en su libro que hay que desterrar el miedo de los empresarios a contratar. ¿Le suena bien la música de las propuestas de la patronal para hacer frente a la crisis? ¿Sería bueno un nuevo tipo de contrato?
–Es lógico que los empresarios defiendan sus intereses. Y los sindicatos deberían escucharlos. Me ha preocupado mucho la actitud sindical en los actos del 1 de mayo. Reciben grandes subvenciones, pero dan la espalda al país y no parece que les preocupe el drama de los cuatro millones de parados. No plantean soluciones, y a quien lo hace, le amenazan con una huelga general.
–¿Sólo los empresarios están a la altura de las circunstancias?
–Ellos hacen bien en poner encima de la mesa sus propuestas. Y los sindicatos deberían entender que están perdiendo credibilidad con su actitud. Las consecuencias del pacto que firmamos con ellos en el 97 fueron cinco millones de empleos y aquel acuerdo fue bueno para el prestigio de las centrales sindicales.
–Perdone, pero no aclaró antes si aprueba las propuestas de la patronal.
–Hay que discutir sobre ellas y es indispensable hablar de una reforma laboral.
–También reivindica en su libro el libre mercado y dice que ha habido fallos del Estado. ¿Y los mercaderes?
 –Todos los que han fallado deben asumir sus responsabilidades. Los dirigentes de los gobiernos centrales o de los órganos de supervisión que no han cumplido con sus funciones deberían ser relevados. Y lo mismo pienso de los gestores de las empresas que han sido intervenidas. Pero también creo que no hace falta más supervisión ni más intervención, sino una mejor aplicación de las reglas ya vigentes.
–¿Cómo se cuadra el círculo del descenso de la recaudación, el aumento del gasto y la bajada de impuestos que ustedes proponen? Hay toda una teoría económica que niega ese encaje.
–La bajada de impuestos no es una iniciativa aislada, sino que debe formar parte de un paquete de medidas. El PSOE siempre dice que no cuadra nada. Ya lo sostenían en 1996. Pero lo que no cuadra es la política del engaño. Necesitamos retomar la España reformista y abierta y necesitamos gobernantes sensatos que generen confianza.
–«Hacen falta sacrificios», ha escrito. ¿Quiere decir que nos tenemos que acostumbrar a ser más pobres y más austeros?
–Conviene que nos acostumbremos a no vivir por encima de nuestras posibilidades.  Hay que recuperar la cultura del esfuerzo, del trabajo, de la responsabilidad y del sacrificio. Cuando un país está en una situación casi límite, como le ocurre a España, claro que necesita sacrificios. Tendremos que trabajar más, ser más austeros y administrarnos con sentido común y equilibrio.
–Crisis económica, pero también política y moral, según usted. ¿La segunda es consecuencia de que, en general, la clase política actual no está a la altura de las circunstancias?
–Es verdad que la vida política española ha caído mucho de nivel. Ya he hecho el diagnóstico del Gobierno, y la oposición tiene por delante una gran oportunidad y cuenta con personas meritorias para aprovecharla. La crisis política viene también motivada porque el impulso histórico que nace con la Transición se ha terminado. Hay que reformular ese pacto histórico de la Transición y reforzar el proyecto común entre españoles. El actual Gobierno no facilita eso.
–¿Y lo facilita un sistema en el que los partidos nacionales se disputan el apoyo nacionalista para poder gobernar?
–Yo digo lo que es deseable, pero no me pidan más detalles. Ahora escribo libros.
–Y ahora su propio partido está dedicado en cuerpo y alma a buscar acuerdos con CiU y con PNV en el Congreso que dejen al descubierto la soledad parlamentaria del Gobierno.
–Lo importante es cómo retomamos el rumbo histórico y cómo sacamos al país de esta situación de crisis.
–¿Las decisiones tácticas forman parte de esa política con minúscula que lamenta en el libro?
–La política con minúscula es aquella en la que no hay sentido  histórico ni de Estado. Es aquella en la que uno está pendiente de la táctica, de la última encuesta y de la última ocurrencia. La verdad es que hoy no estamos sobrados de personas con sentido histórico y de Estado.
–De lo que en estos días están pendientes todos, tanto PSOE como PP, es de las elecciones europeas.
–El político en activo tiene que mirar a las elecciones, pero eso no es incompatible con que siempre actúe con sentido del Estado.
–¿Alguna vez creyó que vería al PNV fuera del Gobierno vasco?
–Sí. Nosotros ya sabíamos que había que plantear una alternativa al nacionalismo. Y Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo estuvieron a punto de conseguir que esa alternativa fructificara. Ahora el cambio debe traducirse en una alternativa real a las políticas nacionalistas. Lo importante son los hechos, aunque, sin duda, el pacto entre PSOE y PP, que ha abierto la puerta a ese cambio, es muy relevante.
–El PNV está fuera del Gobierno vasco. En Cataluña también gobiernan los socialistas, aunque sea con la fórmula del tripartito. El BNG en horas bajas... Los nacionalistas no atraviesan su mejor momento. ¿Cuál es hoy, entonces, la principal amenaza para la Nación española?
–Que los partidos nacionales dejen de serlo y pasen a ser nacionalistas. Eso, en parte, ya ha ocurrido. Yo creo en el Estado de las Autonomías, pero debemos tener muy en cuenta que más allá del modelo autonómico sólo está el abismo de la autodeterminación. Por tanto, la obligación del Gobierno y de unos partidos nacionales prudentes y sensatos es garantizar la cohesión.
–¿Echa en falta más mano firme de las direcciones nacionales de los dos principales partidos con los poderes regionales y con los «barones»?
–Si se debilita lo nacional es porque se fortalece lo particular. Puedo entender, aunque no lo comparta, que la parte intente prevalecer sobre el todo o que segmentos de las partes intenten prevalecer sobre el todo. Pero que el todo aliente a los segmentos de esas partes es incomprensible. Y eso es lo que ha pasado en estos años. Un Gobierno nacional no debe dar motivos para que alguien le acuse de haber debilitado al Estado.
–Todas las «partes» están ahora esperando recibir más dinero del Gobierno. ¿Está de acuerdo con que las comunidades necesitan más financiación?
–Para negociar un nuevo sistema de financiación necesitas más dinero, y si no lo tienes, abrir ese debate es un grave error político. Si lo haces, además, en un momento de crisis económica y tienes que financiarlo con deuda, justo cuando el déficit está superando todos los límites, es una irresponsabilidad. Puedo entender que los que se quieren beneficiar de este nuevo sistema lo reclamen, lo incomprensible es la posición del Gobierno. Su obligación es decir que no hay recursos, y que los que hay tienen que dedicarse a otras prioridades.
–Difícil de hacer cuando todas las comunidades, sin distinción de color, creen que España está en deuda con ellas.
–Las revisiones estatutarias de los últimos años han sido un grave error. Hemos entrado en una dinámica de particularismos absurda, en la que hasta los ríos se declaran propiedad de las comunidades autónomas y el Estado renuncia a su capacidad de ordenar. Todo eso sólo nos debilita enormemente y, ante una crisis tan brutal como la que padecemos, nos hace más difícil salir de ella. El arte de la política consiste también en saber decir que «no» cuando es necesario. Y habría que haber dicho que «no» a una revisión estatutaria que los españoles no demandaban.
–Siempre ha hecho gala de la defensa de la institución familiar. ¿Diría que está amenazada por la nueva ley de plazos en materia de aborto?
–En la situación en la que está España, introducir la modificación de la ley del aborto como un debate de la Legislatura confirma la desorientación política del Gobierno. Por otro lado, y al margen de que creas o no en la familia, es un grave error plantear iniciativas que debilitan su estructura en un momento en el que se ha convertido en la primera red de solidaridad social. Hoy la familia es más necesaria que nunca y cualquier iniciativa que la debilite, debilita también al conjunto de la sociedad. Sin ella, España no habría soportado en el pasado tasas de paro del 23 por ciento. Y sin ella, hoy, con cuatro millones de parados, la crisis social sería mucho más dramática.
–¿De la ley de plazos, en concreto, qué opina?
–El Gobierno promueve iniciativas que no fueron validadas en las elecciones porque no iban en el programa socialista. Yo creo en el derecho a la vida y en la familia, y, por tanto, no puedo compartir esa reforma.
–¿Qué piensa del debate en el Congreso de una iniciativa de la izquierda para reprobar al Papa?
–Nos hemos convertido en un país en el que cualquier cosa puede ser verdad, incluso ésa. Además de querer ser «los gendarmes universales», parece que también nos consideramos en posesión de la verdad absoluta y con derecho a decirle a todo el mundo lo que tiene que pensar. El Papa es un jefe de Estado y el Parlamento no sólo no tiene competencias para reprobar a un jefe de Estado, sino que debería ocuparse de problemas más importantes como la sangría de parados.


«El día a día de la política española no me interesa. Me ocupa España»

–¿Qué importancia concede a las europeas?
–Pueden marcar un cambio de ciclo, como ocurrió con las de 1994.
–Se va a arremangar para ayudar a Jaime Mayor en la campaña, ¿no?
–Voy a hacer lo que me digan.
–Pero el candidato ya le ha pedido que le acompañe en algunos actos.
–Como siempre, estoy a disposición de mi partido. El otro día presenté una conferencia de Jaime Mayor en Madrid.
–¿Rajoy también le ha pedido ayuda?
–Los responsables de organizar la campaña decidirán qué necesidades tienen. ¡Además, yo también voy a estar algo ocupado promocionando mi libro!
–¿Cree que el Gobierno está en una fase de descomposición, como sostienen ya en su partido?
–Estamos ante un cambio de ciclo, y lo importante es que la llegada de la nueva etapa no se alargue demasiado.
–¿Qué haría usted con las manzanas podridas del «caso Gürtel»?
–Rajoy y su equipo saben muy bien lo que tienen que hacer y lo harán.
–¿Los consejos de su libro para hacer frente a la crisis se los da también a Rajoy en privado?
–Se los doy a todos los españoles.
–¿Es más gratificante ser escritor y conferenciante que político?
–Para mí nada ha sido más gratificante que mi etapa como presidente del Gobierno de España. Pero hoy no cambiaría mi situación profesional por la política. El día a día de la política española no me interesa especialmente. Sí me ocupa y me preocupa España y su rumbo histórico. Creo que hay que tomar determinadas decisiones y de ellas hablo en mi último libro.
–¿Se siente orgulloso de la foto del Gobierno del 96 que se ha hecho para esta campaña europea?
–Me siento orgulloso de aquel Gobierno.
–¿La foto sumará votos para el PP en esas elecciones?
–La foto es un aval de futuro.
–¿Por qué cree que hoy hay tantas prevenciones, incluso dentro de su partido, a la hora de reivindicar el pasado?
–Quien tenga algún complejo que lo explique. Yo no tengo ninguno.
–Por lo menos parece que las perspectivas de victoria han ayudado a que se imponga la paz dentro del PP. ¿Se alegra?
–Me alegraré de todo lo bueno que le pase al PP.
–¿Le tranquilizan las primeras decisiones que está adoptando Obama?
–El presidente Obama tiene la oportunidad de demostrar que puede ser un gran líder. Aún estamos en los primeros meses, y la situación económica es muy complicada. Su reto es demostrar que es capaz de hacerle frente y que puede ejercer un liderazgo americano renovado en el mundo. El tiempo dirá. Entretanto, los países aliados deberían reforzar sus lazos y asumir más responsabilidades frente a los desafíos de nuestro tiempo.
–¿Enviaría más tropas españolas a Afganistán?
–Para influir tienes que asumir responsabilidades. Y no se asumen más responsabilidades anunciando, de un día para otro, que te marchas de Kosovo.
–Desde que llegó Obama, se cuidan más las relaciones con la Administración norteamericana.
–Por los hechos, no parece que haya grandes diferencias.


«Para estar en el G-20 tenemos que ser más fuertes»

–Como defensor de una España fuerte en el plano internacional, ¿le satisfacen las gestiones del Gobierno socialista para conseguir una silla permanente en el G-20?
–Siempre apoyaré todas las gestiones y todo el trabajo orientado a que España tenga más presencia en los organismos internacionales. Pero tenemos que ser consecuentes. Si tú cada vez eres más débil, te pueden prestar una silla, pero luego tienes que devolverla. Las sillas hay que ganárselas. A España le han subido la cuota que tiene que aportar al Fondo Monetario Internacional en varios miles de millones de euros, han sido otros los que han decidido por España y el Gobierno ni ha rechistado. Si, al mismo tiempo, no juega sus bazas, es normal que se encuentre en situaciones incómodas, como que el secretario de Estado norteamericano firme acuerdos, de rango de Estado, con el gobernador de Gibraltar.
–Parece que está con los que no creen que vayamos a conseguir, finalmente, hacernos con un puesto  en el G-20 ampliado.
–Deseo que estemos. Pero también creo que no hay una política exterior
coherente, más allá de buscar la foto por oportunismo. Si España vuelve a la senda de la prosperidad, tendremos nuestro sitio en el G-20. Si continuamos por la senda del debilitamiento, no lo tendremos.

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