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jueves, 18 diciembre 2014
04:01
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La Razón

Brianda Fitz-James: una diseñadora en la Casa de Alba

  • Detrás de la firma La Casita de Wendy se encuentra ella, la nieta de Cayetana Fitz-James Stuart. Junto a Inés Aguilar e Iván Martínez da color y estilo internacional a la moda española

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Discreta y educada, Brianda desplegó todas sus sonrisas durante la sesión de fotos
Discreta y educada, Brianda desplegó todas sus sonrisas durante la sesión de fotos Efe

Es nieta de la Duquesa de Alba, hija de Jacobo Fitz-James Stuart y María Eugenia Fernández de Castro, pintora apasionada y, ante todo, una profesional que vive la moda como un trabajo serio y artístico al que ha decidido dedicar su presente y también futuro. Y, aunque forma parte de la joven firma desde hace casi tres años, es ahora cuando se ha revelado como el secreto mejor guardado de La Casita de Wendy. Se llama Brianda, tiene 25 años y por sus estampados la conocerán.
-¿Puede explicar cómo acaba un miembro de una gran Casa como la de Alba en una «Casita» como la de Wendy?
-Estudié diseño de moda en el IED (Istituto Europeo di Design) de Madrid, y, después de obtener la diplomatura, me fui un año a Nueva York. Allí me matriculé en pintura en The Art Student League of New York y, al mismo tiempo, estuve trabajando para el pintor Paul Balmer. Cuando regresé a España me puse en contacto con La Casita de Wendy. Inés  (Aguilar) e Iván (Martínez), sus diseñadores, habían sido profesores míos en el IED. Sus trabajos son muy gráficos, así que enseguida pensé que podía encajar bien con ellos. Y creo que acerté: llevo en este proyecto tres años. 
-Brianda es también uno de los cinco nombres de su tía, Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro (su nombre real es María Eugenia Brianda Timotea Cecilia). ¿Qué significado tiene para usted?
-Es un nombre familiar, así que, cuando nací, mi abuela les pidió a mis padres que me lo pusieran. Y ellos lo hicieron encantados, pues les gustaba mucho. Yo ahora estoy feliz de llevarlo; se trata de un nombre muy especial para mí.
-Y, hablando de sus progenitores (Jacobo Fitz-James Stuart, conde de Siruela, y María Eugenia Fernández de Castro), ¿qué se hereda de unos padres como los suyos?
-De mi padre me viene la vena artística, sin duda. Y, de mi madre, creo que la fuerza que siempre la acompaña y, sobre todo, su buen humor.
-Y una abuela como la suya, ¿se puede definir en pocas palabras?
-Yo sólo puedo decir que la adoro
-¿Pertenecer a dos familias aristocráticas marca también doblemente?
-Me parece que, más allá de lo aristocrático, las circunstancias de cada uno marcan inevitablemente. Todo, lo queramos o no, tiene su parte buena y su parte mala.
-¿Cómo lleva ser el nuevo miembro de la Casa de Alba expuesto ante los medios? Todos los medios, sobre todo las revistas de moda, querrán entrevistarla...
-Pienso que, cuando trabajas en algo creativo, es normal que los medios se interesen por ti. Me parece natural y no me molesta.
-Una curiosidad: ¿por qué utiliza sólo su primer apellido?
-Porque es lo suficientemente largo, y ya me cuesta mucho que lo escriban entero, con el «Stuart» final. Si quisiera utilizar también el segundo –Fernández de Castro–, creo que sería ya rizar el rizo. Por eso decidí acortarlo un poco.
-Si en un futuro tuviera su propia firma de moda, ¿la bautizaría con su nombre?
-¡Uf! No lo sé. Me encantaría tener mi marca, pero aún me queda muchísimo por aprender. Aunque le pondría cualquier otro nombre. La verdad, me sentiría muy incómoda convirtiendo mi nombre personal en una marca.
-¿Qué significado tiene la moda para usted?
-La entiendo como una forma de expresión artística que, además, debe resultar funcional. Y esa mezcla me parece muy interesante. Yo no tenía muy claro qué quería estudiar, sólo sabía que necesitaba hacer algo que me permitiera dibujar, mi gran pasión. Y si al final me decanté por la moda es porque aúna muchas disciplinas artísticas.
-¿Y se siente apoyada en España?
-Creo que no lo suficiente. Por desgracia, hace tiempo nos dimos cuenta de que en este país sólo se ayuda a los diseñadores consagrados.
-¿Qué hace exactamente en La Casita de Wendy? ¿Se encarga sólo de Happy, su segunda línea?
-No, Happy fue un proyecto más asequible y joven que tuvimos durante un tiempo. Pero ahora nos hemos centrado en la colección principal, más fiel al espíritu de La Casita de Wendy y con prendas más cuidadas, realizadas con materiales ecológicos y estampados exclusivos. Y yo hago de todo, hasta forrar botones. Pero lo que más me gusta son los estampados. Me encantan los temas, el estilo del dibujo, el colorido... Es una maravilla.
-¿Comparte el espíritu «naif» y festivo que tanto caracteriza a la marca?
-Yo diría que es más colorista e imaginativo que «naif». Yo aporto mi propio estilo a la visión de Inés, a quien admiro profundamente desde que fue mi profesora.
-Por cierto, usted también ha empezado a dar clases...
-Sí, en un taller que hemos llamado «El estudio» en el que también son profesores Iván e Inès. Son clases prácticas, con muy pocos alumnos, que están interesados en diseño de moda. Aprenden de todo un poco, desde diseñar estampados hasta utilizar las herramientas gráficas, estudiar patrones, tejidos... Y estamos muy contentos con la buena acogida. Además, hemos creado un blog (www.elestudiolcdw.blogspot.com) en el que vamos colgando los cursos que impartimos. El último hasta la vuelta de verano ha sido un intensivo de Estilismo y Fotografía, pero en septiembre regresaremos con más novedades.
-Muchos conocerán La Casita de Wendy porque es «esa firma joven española que ha vestido a la cantante Björk en varias ocasiones». ¿A quién le gustaría vestir usted?
-A Charlotte Gainsbourg, sin duda. Soy muy «fan» de su trabajo y me parece una mujer muy elegante, natural y, sobre todo, con muchísima personalidad.


De Cibeles a Björk
Es tal el éxito de La Casita de Wendy y su relación con Björk que en su página web (lacasitadewendy.com) dedican un apartado a la cantante islandesa. Y no, no aparece el vestido con forma de cisne que lució en los Oscar porque no era de ellos, frente a lo que muchos creen. Sí estaba firmado por Iván e Inés (Brianda aún no trabajaba en la marca) uno de los que lució para un reportaje sobre el rodaje de la película «Bailar en la oscuridad», de Lars Von Trier. El éxito les llegó antes y después de su fugaz paso por la Pasarela Cibeles, donde dejaron huella pero no continuaron. Su espíritu aventurero y las ganas de dar el salto internacional les llevaron por otros caminos. Ahora, consolidados también en la ropa de hogar, la de niños y los artículos de papelería, han logrado convertirse en una de las firmas con más proyección de la moda española.


La pasión por la pintura la une a su abuela
Nacida en Madrid el 11 de abril de 1984, Brianda Fitz-James Stuart y Fernández de Castro es nieta de la Duquesa de Alba, de quien parece haber heredado la pasión por la pintura. De educación exquisita, su belleza, que recuerda mucho a su madre, es indudable. Es la nueva chica «it» (imprescindible) para revistas y blogs de moda. Ella, encantada, atiende a todos, aunque advierte que de su familia prefiere hablar lo menos posible.

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