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jueves, 24 abril 2014
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La Razón

Alimentación

Insectos: la FAO los recomienda para luchar contra la desnutrición

  • A primera vista pueden provocar repulsa y en nuestro país no hay una normativa que regule su venta. Sin embargo, desde la FAO ya se están elaborando las primeras directrices para instaurar esta práctica en los países más desfavorecidos y combatir el hambre. Cien gramos de orugas poseen todos los nutrientes necesarios

     

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Insectos: la FAO los recomienda para luchar contra la desnutrición
Insectos: la FAO los recomienda para luchar contra la desnutrición

De primer plato, hormigas fritas a continuación, saltamontes al curry y de postre grillos cubiertos de chocolate. Así podría ser un ejemplo de menú a base de insectos. Aunque a primera vista pueda provocar rechazo e, incluso, repulsa por parte del consumidor, convertir a los insectos en los protagonistas de la mesa todavía no supone una prioridad en la dieta de los españoles. Tan sólo se ofertan en Barcelona y en algún restaurante donde, además, llegan a cotizarse a precios exorbitantes y se publicitan como un auténtico manjar. Desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), aseguran que en la actualidad no hay una normativa nacional que regule la venta de insectos para comer. Más allá de las escentricidades de esta moda gastronómica, tal costumbre está considerada como una necesidad para incrementar la seguridad alimentaria y luchar contra el hambre en muchos países del mundo. Así lo pone de manifiesto la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) desde donde se están elaborando las recomendaciones para instaurar esta practica y extenderla antes de que acabe el año.


Como prueba de ello, se acaba de presentar un nuevo proyecto en la República Democrática Popular Laos con el que se pretende luchar contra la desnutrición a través del consumo de insectos. En concreto, «las tasas de malnutrición de los niños menores de cinco años alcanzan, en la región de Asia Suroriental, el 40 por ciento, lo que se traduce en desnutrición crónica o en retraso del crecimiento», advierten fuentes de la FAO. Las formas de desnutrición más comunes se deben, «a la falta de proteínas y a las carencias de micronutrientes como la vitamina A, B1, hierro y yodo», añaden. Por ello, no es de extrañar que, tal y como explica Paul Vantomme, experto forestal de la FAO, «debido a su elevado valor nutricional, en algunas regiones se emplea la harina de orugas en la alimentación infantil para combatir la malnutrición».

Cientos de especies
Aunque esta idea pueda parecer inusual o poco apetecible para algunos, lo cierto es que nos encontramos ante una realidad muy común en muchas partes del mundo. En concreto, alrededor de 527 insectos diferentes se consumen a diario en 36 países de África al igual que en 29 países de Asia y 23 en América. De los centenares de especies de insectos utilizados como alimento humano, los más comunes podrían englobarse en cuatro grupos: escarabajos; hormigas, abejas y avispas; saltamontes y grillos y, por último, polillas y mariposas. Como medida alimentaria, «son una excelente opción y constituyen una fuente de proteínas alternativas a la carne o al pescado de muy buena calidad e, incluso, mejor. Por ejemplo, cien gramos de orugas proporcionan todos los nutrientes que un adulto necesita en un día», explica Arnold Van Huis, profesor de Entomología de la Universidad de Wageningen en Holanda.

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A este respecto, desde la FAO añaden que, en concreto, cien gramos de orugas secas «poseen 53 gramos de proteínas, un 15 por ciento de grasas, alrededor de un 17 por ciento de carbohidratos y su valor energético ronda las 430 calorías por cada cien gramos de producto comestible». Según la especie que se trate, en el caso de las orugas, por ejemplo, contienen «abundantes minerales como potasio, calcio, magnesio, zinc, fósforo y hierro, además de diversas vitaminas. Asimismo, algunos insectos, especialmente en su fase larval, también son ricos en grasas y cuentan en su composición, con importantes cantidades de vitaminas y minerales», matizan. Según la Sociedad Entomólogica de Estados Unidos, la termitas, las orugas, los saltamontes, las moscas, las arañas y gorgojos constituyen mejores fuentes de proteínas que el pollo, el cerdo, el cordero y la vaca y, además, apenas tienen grasa y colesterol. 


Estudios realizados por la investigadora Julieta Ramos Elorduy, del Instituto de Biología de la Universidad Autónoma de México (UNAM), revelan que más de la mitad de los insectos comestibles analizados tienen una mayor cantidad de calorías que la carne y el pescado, además de que abundan las vitaminas del grupo B, la A y la C. Pero todavía hay más. «En comparación con la carne y los lácteos, los insectos superan su contenido proteínico y, en relación con las verduras, sólo tiene un siete por ciento de proteínas, mientras que los insectos contienen más del 70 por ciento, además de ácidos grasos semejantes a los del aceite de oliva». En concreto, las investigaciones elaboradas por la doctora Ramos se han centrado en los insectos más populares de la dieta mexicana como los escamoles, los jumiles, los gusanos blancos de maguey y las hormigas chicatanas.

Una moda desde 2004
A diferencia de que la ingesta de insectos suponga un sustento nutricional de primer orden en los países más desfavorecidos, en España, sin embargo, están considerados como una exquisitez y una nueva moda culinaria. Para poder disfrutarlos,  México y Colombia se han posicionado, en la actualidad, como los principales productores de insectos y los que se encargan, además, de distribuirlos a otros países como sucede con el nuestro.


Sin embargo, su venta en España se centra en Barcelona, ciudad que se encarga, además, de distribuir a los diferentes puntos geográficos. Pese a que esta forma de importación tiene más de 28 años, aquí se remonta al año 2004. Isaac Petrás, encargado del departamento de Insectos de Frutos del Bosque Petrás, en el mercado de la Boquería en Barcelona, afirma que «introducir insectos en la dieta habitual cuesta, pero sólo por un tema cultural. Hay que dar tiempo a la gente a que se acostumbre a esta nueva forma de comer que es igual de sana que a la que estamos habituados». Una de las ventajas que presenta la ingesta de este producto reside en que «el cien por cien es aprovechable y digerible, pues carecen de escamas y piel. Además, hay que tener en cuenta que su valor nutricional es inmenso. De hecho,
 

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