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jueves, 30 octubre 2014
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La Razón

Libros

Estafando a Proust

  • «El escándalo Lemoine», el libro donde el novelista explica cómo le timó un embaucador, se edita por primera vez en España

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El libro recupera la faceta del autor como  articulista
El libro recupera la faceta del autor como articulista

E n el año 1905, un ingeniero llamado Henri Lemoine aseguraba que era capaz de fabricar diamantes artificiales a partir del carbón. Pero para poner en marcha esa empresa necesitaba dinero, y éste lo encontró en numerosas personalidades francesas en lo que acabó siendo una importante estafa de la época. Uno de los engañados fue Marcel Proust quien en esto vio un magnífico material literario. Éso es lo que se puede leer en «El escándalo Lemoine», una rareza en la obra de Proust que hasta ahora no se había editado en España, aunque sí en Argentina. El volumen llegará a las librerías el próximo 13 de septiembre de la mano de Ático de los Libros.


Historia de un pícaro
Había un motivo, más allá de la burla económica, para que a Proust se interesara por Lemoine. El ingeniero supuestamente trabajaba en una fábrica en la que se creía que podía obrar el milagro de hacer diamantes con carbón. Toda está operación se llevaba a cabo en Arras-en-Lavedan, en el Pirineo francés, no muy lejos de la frontera española. Gracias a varias demostraciones propias de un feriante, varios inversores, especialmente un banquero inglés llamado Julius Wernher, picaron el anzuelo propuesto por Lemoine. Éste logró hacerse con una importante cifra: 64.000 libras. Con ese dinero, el francés debía poner en marcha la ansiada factoría. Pero en 1908 todo se vino abajo cuando un joyero persa proclamó que vendió al francés diamantes, los mismos que Lemoine anunció haber conseguido con el carbón. Ya encarcelado, Lemoine siguió defendiendo que lo suyo era legal y posible. Durante el juicio explicó que su fórmula para lograr las piedras preciosas eran una poderosa mezcla de carbón y azúcar. El año en el que se descubrió todo, Proust inició la publicación de su serie «El escándalo Lemoine». Pese a que en esa época todavía no se había convertido en el hombre que renovaría la novelística europea con el ciclo «En busca del tiempo perdido», Gaston Gallimard sí vio el potencial literario de «El escándalo Lemoine». Gallimard recopiló todo el interesante material de Proust aparecido en «Le Figaro» y lo convirtió en libro. Para varios críticos de este «bombón literario», en los artículos de Proust está el germen de lo que sería su futura y fascinante gran obra. Uno de los recursos más llamativos empleados por Proust en «El escándalo Lemoine» es el uso del pastiche. Se trata de una suerte de ejercicio literario con el que el autor intenta imitar el estilo de otros escritores. Para esta obra, Proust se puso en la piel y en la tinta de nombres tan dispares como Flaubert, Balzac, Saint-Simon o incluso el de los famosos diarios de los hermanos Goncourt. Fascinado especialmente por las informaciones publicadas sobre el juicio, el autor pensó que lo mejor para narrar esa estafa a la clase alta francesa era ponerse en el pellejo de otros compañeros de letras. De esta manera, en el libro nos encontramos el proceso contra Lemoine convertido en una reseña teatral de Émile Faguet de una obra sobre el escándalo ideada por Henri Bernstein, lo que acaba siendo en una especie de pastiche al cuadrado. Proust estaba muy satisfecho de estos textos, tan perfectos que, como señala André Maurois, «se convertían en una fórmula original de crítica».


Un boceto perdido
«El escándalo...» llega también en una época decisiva, en la que Marcel comienza a idear algunos proyectos que lo marcarán para siempre. Uno de ellos, aunque menor, era la redacción de un ensayo sobre Sainte-Beuve que según parece no pasó de un boceto perdido en una de sus libretas y redactado a la manera de una carta a su madre. La otra iniciativa, más ambiciosa, era una obra de casi dos mil páginas en la que el tiempo sería el gran protagonista. En sus cuadernos acumuló notas y más notas sobre esta propuesta narrativa que se inspiraba en fuentes tan diferentes como Saint-Simon, Thomas Hardy o «Las mil y una noches».


Postales para un escándalo
No parece muy probable que el estafador llegara a leer los textos que le dedicó Marcel Proust en las páginas del diario parisino «Le Figaro». Saturado por la repercusión del escándalo que él mismo había concebido y producido, Henri Lemoine murió entre rejas el mismo año de 1908. Su fama llegaría durante ese tiempo hasta tal punto que se llegaron a editar postales con vistas de la supuesta fábrica prometida a sus cándidos inversores. Con lo que no contaba era en convertirse en uno de los más peculiares personajes del mundo de Proust.

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