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viernes, 31 octubre 2014
03:59
Actualizado a las 

La Razón

historico

Isabel y Miranda: el pacto de la eterna juventud

  • Las dos han logrado arrancar de la boca de Julio Iglesias el «sí, quiero». Además, Preysler y Rijnsburger parece que le han robado al artista el secreto para ganarle años al reloj biológico

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Isabel y Miranda: el pacto de la eterna juventud
Isabel y Miranda: el pacto de la eterna juventud

La novia veinteañera de Julio Iglesias ya tiene 45 años.  El dato, que  roza lo sobrenatural, ha eclipsado otros detalles de la peculiar ceremonia en la que, después de veinte años de convivencia y cinco hijos en común, el cantante y Miranda Rijnsburger han contraído matrimonio eclesiástico. La ausencia de los «otros» hijos del cantante, la diferencia de altura entre las gemelas de nueve años o la vestimenta casual de los novios pasaban a un segundo plano cuando uno se detenía sobre el rostro de la modelo holandesa, buscando huellas que delataran el paso del tiempo.

«Esa niña va a ser mi mujer», dijo nuestro cantante más internacional a su acompañante cuando los destinos de los recién casados se cruzaron por vez primera en los pasillos del aeropuerto de Yakarta. Esta anécdota cobra ahora tintes  de premonición, porque misteriosamente, entre una imagen de aquel entonces de la modelo y una actual, costaría encontrar las siete diferencias de rigor.


Idénticos posados
En dos décadas de vida pública, Miranda no ha variado la longitud de su coleta, no ha aclarado ni oscurecido su color de pelo ni siquiera  ha cambiado el corte de los pantalones pitillo o la camiseta blanca a juego con la que cada verano posa en familia desde la portada de «¡Hola!». La misma postura –de todos es sabido que Julio Iglesias no mostrará jamás a cámara su lado izquierdo–, el mismo escenario de fondo, el mismo peinado, la misma sonrisa, la misma caída de ojos... ¿El único factor diferencial? El número de niños alrededor.

Puede haber quien piense que Julio Iglesias «marca» a las mujeres de su vida con un «algo especial» que las mantiene inmunes al paso del tiempo. Su ex mujer, Isabel Preysler, quien también podría optar al título «mujer mejor conservada». ¿Relaciones íntimas de calidad?, ¿médicos estéticos en nómina?, ¿una vida de lujo en la que no tienen cabida las preocupaciones cotidianas? La nueva señora Iglesias es la cara de la felicidad y la serenidad, su rostro zen no parece haber conocido los ataques de celos ni las desavenencias conyugales. No hay arrugas de amargura ni líneas de expresión que delaten horas de preocupación. Como señala la dermatóloga Elia Roo, coordinadora de la Unidad de Dermatología Estética del Hospital Sur de Alcorcón, «su rostro es reflejo de la serenidad y, además, llama la atención la diferencia de tonalidad entre su piel y la de su esposo». Cierto que una holandesa no puede competir en concentración de melanina con un latino de pro, pero, como la doctora explica, «se nota que protege su piel a conciencia del sol y no hay duda de que mientras Julio practica el "vuelta y vuelta" sobre la tumbona, ella se coloca bajo la sombrilla». Cierto es, fuera de posado, cuando sale al aire libre, lo hace  con sombrero y gafas de sol. Una buena costumbre, cuando se tienen como  residencia Florida, Punta Cana  y Marbella, donde no es fácil esquivar los rayos solares.


Un caso peculiar
Por su parte, la doctora Camila Arenas, médico estético de Salus Center y especialista en técnicas que combinan la salud mental y corporal,  tiene un diagnóstico claro para el peculiar caso de Miranda: «Parece ser una persona que hace meditación a diario, así como yoga, tai-chi y terapias energéticas que mantienen su organismo equilibrado. Tras los cuatro partos, está claro que se ha sometido a tratamientos corporales remodelantes basados en la radiofrecuencia o la mesoterapia y que a lo largo de su vida ha seguido dietas, probablemente de corte vegetariano».

¿Entrenador personal o «maestro»? Para la doctora Arenas parece más probable lo segundo: «Transmite paz consigo misma y eso es algo que sólo se va construyendo con el tiempo y la disciplina».  Centrándonos en el lado más externo, como señala esta especialista, «es probable que tome antioxidantes  y que recurra a tratamientos estéticos periódicos como peelings o inyecciones de mesoterapia, pero lo más relevante de ella es que tiene uno de esos  –rostros sin tiempo–, que pertenecen a esa categoría humana de personas disciplinadas, sin grandes emociones ni grandes tristezas y que se suelen mover por el camino de la tranquilidad».  Así, lo único que evidencian los planos más cortos de las fotos del enlace es el uso de la toxina botulínica en el tercio superior del rostro.

Con este diagnóstico, vuelve la pregunta: ¿será casual que alrededor de su predecesora en el corazón de Julio, casi quince años mayor que ella, también pulule el rumor del pacto con el diablo? En el caso Preysler, la serenidad no parece ser la clave. Sobre el photoshop que acompañan sus fotografías ya se ha especulado bastante, pero lo cierto es que los que la conocen personalmente tienen que reconocer que en vez de envejecer parece experimentar regresiones a la infancia. ¿Tienen «enchufe» genético las pieles orientales? ¿Es más magnánimo el paso del tiempo cuando incide sobre rasgos filipinos? Como indica la doctora Roo, «no hay evidencia científica de que la piel oriental resista mejor el paso del tiempo que la occidental, pero lo que sí es un hecho constatado es que se trata de una raza de mujer que por lo general es mucho más cuidadosa con su piel y su alimentación».  La señora de Boyer no pierde la cabeza por los bombones, sino que su «capricho dietético» son los boquerones en vinagre –un «chute» directo de ácidos grasos esenciales Omega 3, indispensables para alimentar las células de la piel y preservar su juventud– y como su hija Tamara se chivó recientemente, un vaso de agua caliente que toma después de cada comida para depurar el organismo.

Pero estos no son los únicos secretos. Del perfecto lifting que hace unos 15 años se rumoreó que se hizo se habló durante meses; y de los cócteles de vitaminas que regularmente inyecta sobre su piel el doctor Chams también han corrido ríos de tinta, así como de sus asiduas visitas a centros de belleza como el de Maribel Yébenes o de su preferencia por los tratamientos a base de caviar iraní que regalaba a su piel en el centro de belleza  Massumeh. Aún así, nunca ha habido un antes y después. Como explica el cirujano plástico Rubén García Guilarte, director de la Clínica García Guilarte de Madrid, «Isabel  juega con la ventaja de sus rasgos orientales y se ha sabido beneficiar de la calidad de su piel y de su estructura ósea, convirtiéndose en el mejor ejemplo de que los pequeños cambios escalonados a lo largo de la vida pueden ayudarnos a estar espléndidos».


Refinamiento de la nariz
En cuanto a los retoques, el cirujano aplaude «el refinamiento de la punta de su nariz, que  ha contribuido a que su cara parezca más elongada, sacando aún más partido a sus bonitos y definidos labios, pero sin lugar a dudas lo que más destaca es cómo ha sabido proteger sus pómulos, ya que su forma se mantiene a pesar de los años y la proyección de éstos no disminuye». La única vía para conseguir este efecto, como explica el especialista, «es  un lifting o  la infiltración de grasa (lipofilling) o de sustancias de relleno como el ácido hialurónico».  El porqué  no ha sido tan evidentes en su caso los retoques estéticos también está claro para el doctor Guilarte: «Ha conservado sus proporciones en lugar de alterarlas, manteniendo la  proyección y forma de sus pómulos, la posición de sus cejas, definir su nariz y, en definitiva ha elegido un cirujano en sintonía con su concepto de belleza».


Julio confiesa sus retoques
Es de los pocos que han confesado en público arrepentirse de  un lifting poco acertado. Entre el colectivo médico se comenta que es la causa de que nunca muestre el lado izquierdo de su rostro. Como explica el doctor Ángel Juárez, jefe de la Unidad de Cirugía Plástica y Estética del Hospital de la Zarzuela, «un estiramiento facial deja cicatrices y éstas siempre se encuentran si se buscan, pero aunque es cierto que el lifting quizá fue excesivo, al cabo de dos años, cuando el descolgamiento de los tejidos volvió  a evidenciarse, el resultado quedó muy correcto». Ésta no es la única intervención  que ha prodigado. La eliminación de la piel sobrante de la papada y un minucioso trasplante capilar que puso freno inmediato a las entradas consiguieron dejarle estancado en los 50 a pesar de estar próximo a cumplir los 67. Cuidarse, se cuida, como señala el cirujano: «El exceso de sol al que somete a su piel no es compatible con una piel libre de manchas, y tiene pocas arrugas para su edad; además, se nota que entrena su cuerpo a diario, ya que mantiene intacta su masa muscular».

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