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sábado, 26 julio 2014
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La Razón

Interior

EXCLUSIVA / En la guarida de Cubillas

  • LA RAZÓN se encuentra con el etarra en Caracas, donde vive y trabaja amparado por la red de seguridad de Chávez

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Canoso, de mirada inquieta, estatura mediana y nariz puntiaguda. Arturo Cubillas Fontán es un hombre libre. Se mueve con soltura por las calles de Caracas, pero sus pasos son custodiados por un escolta motorizado que no duda en descubrir su «glock» ante la aproximación de cualquier sospechoso.

El viernes por la mañana, mientras el Gobierno español formalizaba la solicitud de extradición del presunto terrorista –uno de los más buscados–, el ex etarra tomaba café y bocadillos criollos (torta de pan) junto a su abogado, Marino Alvarado, en un discreto y recién estrenado establecimiento de la avenida Universitaria, en la parroquia San Pedro, al sur de Caracas.

Compartían una mesa en la segunda planta del restaurante Pastelería Dulces Caprichos, donde debatían acerca de las estrategias que utilizarían el próximo martes durante la comparecencia de Cubillas ante el Ministerio Público venezolano. Evaluaban la posibilidad de no personarse, debido al incidente con las dos abogadas españolas que los asistirían. 

La conversación fue alterada por la llegada de clientes inesperados al no muy concurrido local. Alvarado miraba con cautela a los visitantes, Cubillas se levantó de la mesa y caminó dos pasos en dirección a la escalera. Afuera, su guardaespaldas se apresuraba.

-¿Usted es Arturo Cubillas?
-¿Y tú quién eres? respondió con un marcado acento vasco, y se volvió hacia la mesa donde había estado sentado.

Miró al abogado y tras un gesto que mezclaba sorpresa, confusión y hastío, al advertir la presencia de periodistas, los dos hombres sonrieron. Quizás algo aliviados.

-¿Él es Arturo Cubillas?

La pregunta ahora estaba dirigida al abogado.

Alvarado, todavía con la expresión de desconcierto de quien se siente descubierto, asintió con la cabeza.

«Aquí me ves, soy un hombre de carne y hueso, normal», soltó Cubillas, abriendo los brazos con la intención de dejar ver su humanidad. Vestía pantalones vaqueros, franela roja –color utilizado casi como uniforme por los funcionarios del Gobierno de Chávez–,  chaqueta negra y en su cuello colgaba un collar de cuero con una runa (piedra de simbología celta).

Se despidió de su abogado y advirtió de que no haría declaraciones, y tampoco quería fotos. «Ya estoy ladillado de todo esto», dijo, utilizando una expresión muy venezolana que denota hastío, mientras su escolta desde abajo no perdía detalle de lo que ocurría.

A Cubillas se le vio bajar la escalera, pero no salir del local. El hombre que lo esperaba volvió a cubrir la pistola, que había dejado al desnudo minutos antes, y se alejó solo en la moto.

Desde hace 19 años, Arturo Cubillas vive en el mismo apartamento, en un edificio ubicado en el sector Valle Abajo de Los Chaguaramos, parroquia San Pedro. «Frente a la avenida Universitaria, junto a la iglesia San Pedro y la panadería Pan del Abuelo», es la dirección –sin nombre del edificio– que aparece en los registros de las oficinas gubernamentales de Venezuela.

Aunque no es un residente nuevo, es poco conocido por su nombre y antecedentes políticos entre los habitantes de la zona. Cubillas hace vida normal en el sector que concentra a una importante colonia española. Frecuenta los establecimientos cercanos a su vivienda, como el local en el que charlaba con su abogado, y la panadería Dallas, de mucha tradición en el barrio. Logra pasar inadvertido ante sus vecinos, pese a que siempre lleva al menos un escolta.


Medidas especiales
«¿Quién? ¿Cubillas, por aquí?», expresó con sorpresa la dependienta de uno de los tantos locales de repuestos mecánicos de la zona. Recordó que sólo ha visto medidas de seguridad especiales por la hermana del canciller, Nicolás Maduro, también vecina del barrio. 

José Arturo Cubillas Fontán, como aparece en el Registro Electoral Permanente de Venezuela, vota en la mesa de 4 del Colegio San Pedro, situado junto a la iglesia que identifica a esta parroquia. Se inscribió en 2004 y desde entonces ha participado en todos los comicios que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela le permite, incluyendo las parlamentarias del pasado mes de  septiembre. El arraigo de Cubillas en la zona donde reside como venezolano y su pasión culinaria lo habrían llevado a abrir un pequeño restaurante recientemente, según un conocido del ex cocinero del Centro Vasco. Sin embargo, Alvarado negó esta versión y recordó que hace unos años su cliente tuvo un pequeño restaurante en Parque Central, cerca del centro de Caracas, el cual cerró debido al incendio de la torre Oeste de este complejo comercial y residencial.

El abogado también explicó que el apartamento donde reside Cubillas es alquilado y desconoce si su cliente tiene vehículo propio, pues se desplaza en unidades oficiales de las instituciones del Estado para las cuales trabaja.  

Todos los días, Arturo Cubillas atraviesa la ciudad para ir desde San Pedro hasta la sede del Instituto Nacional de Tierras, en Vista Alegre (al oeste de Caracas). Allí permanece toda la mañana y a mediodía se traslada a la Candelaria, en el centro de la capital, donde funcionan las oficinas del Ministerio de Agricultura y Tierras. Hace unos meses le asignaron el cargo de director de Seguridad de este despacho gubernamental y desde entonces se ocupa de ambas dependencias.

«Acostumbra a salir muy temprano por la mañana. Se cuida mucho y cambia de medio de transporte regularmente. Usa vehículos de doble tracción y motocicletas, pero prefiere desplazarse en estos últimos», comentó un ex compañero, quien describió al presunto terrorista como un hombre exigente en el trabajo, tranquilo, de pocos amigos y con una vida social discreta.


Expropiaciones
Las funciones de su cargo lo obligan a viajar por todo el país para visitar las distintas dependencias del INTI, organismo que se ocupa de las expropiaciones de tierras en Venezuela, y en cual trabaja desde 2008. «Él no participa directamente en las expropiaciones. Dirige la logística desde Caracas», explicó la fuente. También es responsable de la seguridad de los funcionarios que salen en las misiones a las provincias y del cuidado de las instalaciones, señaló Marino Alvarado.

Quienes han trabajado con él lo consideran, sin titubear, «un experto en el manejo de armas y explosivos». Su abogado asegura que «eso es totalmente incierto», pues Cubillas, de 45 años de edad, llegó a Venezuela cuando era un joven de 23 años. Sin embargo, no encontró explicación precisa al hecho de que su defendido ocupe un cargo destinado a personas con amplios conocimientos en estas lides.

Alvarado también negó la vinculación de Cubillas con la guerrilla colombiana. Algunos ex compañeros el vasco aseguran que «se ha reunido con miembros de las FARC en el fronterizo estado Zulia, a 520 kilómetros de Caracas».  Hace unos años aparecieron vídeos que denunciaban encuentros similares en esa entidad de Gian Carlo Di Martino, entonces alcalde oficialista de Maracaibo, con el mismo grupo irregular.


Su abogado le pide que se exponga
Cubillas ha tratado por todos los medios, y lo ha logrado, –hasta estas páginas– mantener su imagen lejos de las cámaras, sin embargo su abogado intenta convencerlo para que se enfrente a la Prensa en los próximos días. La idea es desterrar de los medios toda «especulación» sobre actividades irregulares de Cubillas en Venezuela. Unas actividades que, por otra parte, confirmaron a este periódico diversos ex compañeros de trabajo del etarra que hablan de su gran conocimiento de «armas y explosivos».


Un barrio de clase media y académicos
El sector Valle Abajo de la parroquia San Pedro es un barrio de ciudadanos de clase media. Está adyacente a la Universidad Central de Venezuela –una de las más importantes del país– y por esta razón sus residentes han sido en su mayoría personas vinculadas a las actividades académicas, artísticas y culturales del país. También atrajo a una importante colonia de inmigrantes españoles, portugueses e italianos.   San Pedro es una de las 22 parroquias que integran Caracas, capital de Venezuela. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística) tenía una población de 62.641 habitantes en el año 2007.

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