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viernes, 19 septiembre 2014
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La Razón

Libros

Forsyth el «Chacal» se vuelve «Cobra»

  • La publicación de una nueva novela de Frederick Forsyth siempre es un acontecimiento. Como no se trata de un autor prolífico, la aparición de «Cobra» se convierte en un regalo para los amantes del «thriller» político, del que Forsyth es su máximo representante.

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Sus novelas hay que clasificarlas dentro del género de «intriga internacional»,  tan en boga en la Guerra Fría; género que Hitchcock convirtió en un clásico del cine de espías. Forsyth ha seguido la misma línea narrativa que le dio fama internacional con «Chacal» y «El cuarto protocolo» adaptándola a la política actual, pero sin controvertidos protagonistas, como hizo Robert Ludlum con el espía Jason Bourne.

Escritor torero

Después de querer ser torero en España, mientras se graduaba en Granada, fue piloto de la Royal Air Force hasta 1958 y se  dedicó al periodismo como corresponsal diplomático en la guerra de Biafra para la agencia Reuters. A finales de los 60 se decidió a escribir una novela utilizando el periodismo de guerra y sus conocimientos  de armamento y aviación, algo insólito en las novelas de espías, dominadas por las megafantasías tecnológicas de James Bond.

«Chacal» apareció en 1970 y fue un éxito mundial. Desde entonces, Forsyth ha mantenido su estilo seco con personajes de una pieza siempre dispuestos a llevar a cabo, con obsesiva precisión, un proyecto de una magnitud desmesurada.

Forsyth es el maestro de la «novela rompecabezas» con una pluralidad de focos narrativos que mantienen la atención del lector para que parezca que todo sucede al mismo tiempo pero en lugares distintos, redoblando así la idea de instantaneidad al confundirse, en el presente el tiempo de la narración y el tiempo de la historia.

En «Cobra» encontramos la misma estructura, un objetivo tan grandioso y al mismo héroe-villano,  quien maquina un plan infalible para desarticular el narcotráfico mediante la guerra sucia. La novela es la narración pormenorizada de ese plan desmesurado y fantasioso, que funciona como el clásico MacGuffin hitchcockiano: un pretexto. En el polo opuesto estaría «The Wire», la serie televisiva sobre el tráfico de cocaína en Baltimore. El costumbrismo y maniaca precisión del menudeo en las calles contrasta con la grandiosidad de «Cobra» sin que la primera supere lo anecdótico y la segunda lo razonable.

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