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viernes, 24 octubre 2014
16:41
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La Razón

Medicina y Sanidad

El discurso inacabado del tartamudo

  • De cada cien personas, dos sufren esta disfunción del habla. El rechazo y la inseguridad los condena a un mundo de aislamiento. Un nuevo estudio lo relaciona con genes ligados al cromosoma 12
     

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El discurso inacabado del tartamudo
El discurso inacabado del tartamudo

La oscarizada película «El discurso del rey» recuerda que hasta el hombre cuyo imperio se extendía por medio mundo puede enfrentarse a la tartamudez y vencerla por métodos más o menos ortodoxos. Al igual que Jorge VI, dos de cada cien adultos no gozan de una fluidez en su conversación que los acompleja, señala y, en resumen, les dificulta –en algunos casos, amarga– la existencia.

Adolfo lo sabe bien. «La tartamudez es una barrera en sí. No es una enfermedad ni una discapacidad, pero llega a ser las dos cosas, porque es un sufrimiento continuo, 24 horas, 365 días al año. Es pánico, un suicidio social, llegas a no relacionarte para que no lo noten». A sus 62 años, para este hombre quedan atrás las burlas de compañeros, la vergüenza de enfrentarse a hablar en público, de declarar su amor a una chica... «Con 12 años me pegaba con todo el que me insultaba, pero con el tiempo aprendí a aceptarlo. Encontré el amor, me casé, y hoy tengo cuatro hijos y una familia estupenda».

Rafa lo tiene algo más reciente. Con 28 años recuerda a la perfección los chistes de quienes creía sus amigos, los motes, o cómo a día de hoy «me siguen cortando al hablar. A veces terminan mis frases. Eso me molesta mucho. Es muy incómodo». A este joven empresario le diagnosticaron la tartamudez de niño. «Me llevaron a un logopeda y al psicólogo porque tenía ataques de ansiedad, empezaba a sudar y me ponía peor». Adolfo no tuvo esa suerte. Nunca recibió un diagnóstico como tal. «Nací y crecí con ello. Hasta que un día en el colegio el maestro don Francisco, que era cojo, me puso delante de un espejo, se levantó el pantalón y me mostró su pierna ortopédica. Me dijo "soy cojo, inevitablemente, lo mismo que tú eres tartamudo. Deja de esconderte y acéptate". Esas palabras me salvaron la vida». Y pese a que él nunca recibió tratamiento, reconoce la importancia de ponerse en manos de los profesionales. La psicóloga y logopeda Anna Bagó explica que «el tratamiento destinado a los adolescentes y adultos debe ser holístico; entendiendo a la persona como una unidad, se debe trabajar, simultáneamente, los aspectos piscológicos encaminados a reducir los niveles de ansiedad, pánico escénico, aumentar el nivel autoconfianza, así como los aspectos relacionados con el habla, enseñándole a modificar el tartamudeo en favor de la fluidez».

Detectarlo a tiempo
Las disfluencias suelen aparecer entre los seis meses y los cuatro años de edad. Bagó aclara que «hay niños que cuando están adquiriendo el lenguaje hacen vacilaciones, repeticiones de palabras que van a remitir de forma espontánea en unos meses; pero cuando hacen repeticiones más largas y más frecuentes, hace n prolongación de sonidos, no pueden producir un determinado sonido, se debe consultar con un profesional».

Hoy, Adolfo disfruta de una vida plena junto a sus hijos. «El pequeño de 23 años, también es tartamudo y al detectárselo a él fue cuando realmente me preocupé y busqué ayuda. Al no encontrarla en España decidí, junto con otros padres, crear la Fundación Española de la Tartamudez, para defender los derechos de los afectados».
 

La clave puede estar en los genes
Científicos del Instituto Norteamericano de Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación (NIDCD, en sus siglas en inglés) han identificado varias alteraciones genéticas que pueden ser clave en la aparición de algunos trastornos del habla, como la tartamudez.
Según las conclusiones de un estudio publicado esta semana en el «New England Journal of Medicine», se ha detectado la mutación de tres genes que participan en el reciclado celular, y sus autores apuntan a que podría abrir la vía de futuros tratamientos. El protagonista es el cromosoma 12. Al analizar con el conjunto de genes de dicho cromosoma, identificaron la mutación de un gen conocido como GNPTAB, que da instrucciones a las células para desarrollar una enzima que ayuda a descomponer y reciclar los componentes celulares.
Los autores insisten en que estos resultados abren nuevas vías de investigación sobre los posibles tratamientos para la tartamudez, como la terapia de reemplazo enzimático, que precisamente ya ha mostrado su eficacia en algunas enfermedades metabólicas.    
De interés para los enfermos:

Fundación Española de la Tartamudez
C. de la Riera de Sant Miquel, 63
08006 Barcelona
Teléfono:  93 237 9193
E-Mail: TTM_ES@yahoo.es
Web: www.ttm-espana.com/
 

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