Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
lunes, 28 julio 2014
16:24
Actualizado a las 

La Razón

Medicina y Sanidad

Aire acondicionado: los cambios bruscos de temperatura ponen a prueba nuestro sistema inmune

  • El abuso de este tipo de electrodoméstico, si no se mantiene limpio, puede provocar desde un simple catarro a enfermedades infecciosas. Faringitis, rinitis, neumonía e incluso legionella son las monedas con las que se pagan unas horas de «aire fresco»

     

  • 1
Aire acondicionado: los cambios bruscos de temperatura ponen a prueba nuestro sistema inmune
Aire acondicionado: los cambios bruscos de temperatura ponen a prueba nuestro sistema inmune

Unas horas de tregua térmica a cambio de bacterias, hongos, infecciones y contracturas musculares. Así es la amistad que mantenemos con los aparatos de aire acondicionado. Una relación de amor-odio sin la que no podríamos sobrevivir al verano. Y es que las altas temperaturas hacen que pasemos «el 90 por ciento del tiempo dentro de edificios», dice Policarpo González del Valle, socio director del grupo empresarial Aire Limpio, especializado en servicios de calidad ambiental de interiores. Y en los inmuebles con una filtración básica, «la contaminación exterior accede a través de los sistemas de ventilación al interior y se mezcla con los contaminantes generados dentro de los mismos», añade.

Al alza
Bien sea en casa, en centros comerciales o en la propia oficina, el aire fresco «artificial» está en alza, y con él las consecuencias para la salud. Leopoldo Sánchez Agudo, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Carlos III de Madrid, explica que «someterse a un cambio brusco de temperatura requiere un gran esfuerzo para nuestro cuerpo. Porque pasar de 30ºC a 23ºC reduce las defensas pulmonares que funcionan de forma mecánica, y el frío minimiza su función y seca el ambiente». Precisamente son 23 los grados de media a los que los españoles refrigeran su casa, según el último informe de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), del que se desprende, a su vez, que el 85 por ciento utiliza estas máquinas durante el día.
Por su parte, Ramón Fernández Álvarez, miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), argumenta que «las fosas nasales y la faringe son las que acondicionan el aire que pasa a los pulmones, por lo que los cambios importantes, sobre todo en personas que ya tienen un problema de base, como asma o una traqueotomía, exacerban estas patologías respiratorias subyacentes, pues su organismo no puede acondicionar bien el aire». También les ocurre a quienes usan ciertos dispositivos, «como el empleado  para tratar la apnea del sueño o los ventiladores», señala.
Sin embargo, a los cambios bruscos de la temperatura hay que sumar el estado de los aparatos en cuestión. «En los edificios suele haber un mal aire debido a los contaminantes del interior que se generan con la actividad humana y las características propias del inmueble (revestimientos, equipos informáticos, el papel...) que emiten partículas volátiles de 2,5 micras y que se respiran», especifica González del Valle. Además, hay que tener en cuenta el CO2 que, «aunque no es un contaminante como tal, sí espesa la concentración ambiental».
Entre las afecciones comunes a las que nos enfrentamos a consecuencia de este cóctel se encuentran la irritación, dolor de cabeza, tos y estornudos, así como una fatiga generalizada. «Normalmente, el contacto con microorganismos desemboca en catarro. Con menos frecuencia, estos aparatos –no los pequeños de los hogares, sino en los industriales– si no están higienizados provocan reacciones del sistema inmune que se manifiestan en neumonitis (inflamación de los pulmones por inhalación de agentes externos) o neumonías», añade Leopoldo Sánchez. El experto insiste en que «no se produce por una infección, sino por la reacción inmunológica».
Las infecciones bronquiales como faringitis o rinitis también se suman a lista de dolencias. «La exposicion del tejido submucoso por el aire frío puede también activar una cascada inflamatoria con la liberación de histamina, que puede a su vez provocar broncoconstricción», dice Héctor Cajigas, neumólogo del Hospital Henry Ford en Detroit (Estados Unidos).

La enfermedad del legionario
Aunque la mayor alarma en relación con el aire acondicionado se da cuando aparece la legionella, ya que esta bacteria (legionella pneumophila) y otros hongos anidan en estos aparatos. Pese a que aparece también en instalaciones de agua caliente o piscinas climatizadas, con la llegada del verano la ventilación es uno de los factores de mayor riesgo. No obstante, Leopoldo Sánchez argumenta que «la legionella es poco frecuente y se puede dar por torres de refrigeración contaminadas o en mal estado de mantenimiento». Algo que corrobora Melero: «Son casos aislados, que se producen si ya hay una epidemia o un aumento de frecuencia general de la dolencia. Se genera por las torres de aire no controladas».
Otra de las enfermedades infecciosas que tradicionalmente se ha atribuido a un mal mantenimiento es la tuberculosis. Sin embargo, «es una falsa creencia. Ésta se contrae por contacto directo con alguien enfermo que esté emitiendo bacilos tuberculosos y que no está siendo tratado», aclara el jefe del Servicio de Neumología del Hospital Carlos III.

Los más pequeños
Entre los pacientes potenciales a sufrir los nocivos efectos del aire frío están los más pequeños. Porque éstos tienen una susceptibilidad mayor a enfermar debido a que el aparato respiratorio está en desarrollo, y se enfrentan a un componente mayor de broncoespasmo», explica Carlos Melero, director del Grupo de Asma de NeumoMadrid. Lo mismo ocurre al contrario, es decir, con los mayores. Estos deben tener especial precaución para no exacerbar las posibles dolencias que pueden tener de base.
 Otro factor de riesgo es utilizar el aire acondicionado la noche entera o a temperaturas extremas, ya que hay que tener en cuenta que en este momento de la jornada la temperatura de nuestro cuerpo baja, por lo que somos más sensibles al frío. Además, tal y como comenta el neumólogo de la Separ, «utilizar el aire acondicionado la noche entera o a temperaturas extremas puede incrementar los síntomas, como la sequedad de las mucosas y el taponamiento nasal». Sin embargo, el 32 por ciento de los españoles hace caso omiso, pues siguen refrigerando sus hogares tras la caída del sol, según datos de la OCU.

En ocasiones, pese a estar concienciado sobre las repercusiones, tomar las medidas oportunas resulta bastante complicado.  Es el caso del lugar de trabajo. Muchos edificios denominados «inteligentes» no permiten a cada cual regular la temperatura según les convenga, por lo que no es infrecuente convivir las ocho horas de una jornada laboral con un chorro de aire sobre los hombros y sin poder manejar el termostato. Consecuencia: las molestas tortícolis.
José Antonio Martín Urrialde, presidente del Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CGCFE), explica que «si el chorro cae permanentemente en una región, como el cuello, por ejemplo, se produce un proceso llamado vasoconstricción, que desemboca en una reducción del aporte de riego sanguíneo al músculo. Esta pérdida de riego desemboca en un proceso químico y el músculo segrega hidroxiprolina, que provoca irritación de las terminaciones sensitivas de la zona. Entonces el paciente nota un cuadro doloroso, esto es, una mialgia o contractura».
A la hora de prevenir, los expertos coinciden en que es necesaria una adecuada limpieza de los filtros y mantener una temperatura fría pero no excesiva. Hace unas semanas, la Asociación General de Consumidores Asgeco Confederación aconsejaba unos 25ºC. Otra de las recomendaciones: abrir puertas y ventanas para ventilar y controlar la programación nocturna de la máquina, así como el encendido y el apagado a una hora determinada. «Existen normas recientes que regulan el funcionamiento de las instalaciones térmicas de más de 100kW en edificios (las casas suelen tener entre 3 y 15kW). Pero, aunque normalmente las empresas de mantenimiento cumplen la norma, el usuario no tiene forma de conocerlo», dicen desde la OCU.

En toda regla
De la normativa aclara las dudas el socio director de Aire Limpio. «En España disponemos del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios RITE que establece las exigencias mínimas de calidad de aire interior en los edificios y obliga a que el aire exterior introducido esté adecuadamente filtrado de partículas y gases contaminantes». No obstante, en la actualidad el RITE «sólo se aplica para los edificios nuevos y las reformas. Es decir, el gran parque de edificios sigue con la filtración y ventilación antigua», concluye.
Entre las recomendaciones generales a tener en cuenta a la hora de ayudarnos a evitar males mayores por culpa del aire acondicionado, una de las principales es empezar a usar el aparato con los primeros calores, ya que «es la mejor forma de aclimatarse».  Asimismo, hay que dirigir el chorro de aire bien hacia arriba o hacia abajo, pero nunca directamente sobre el individuo. Respecto al filtro, si se trata de una oficina, «soliciten que lo limpien regularmente. Y si es el de casa, deben cambiarlo con asiduidad».

 

Vídeos

  • 1