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jueves, 31 julio 2014
13:30
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La Razón

Oriente Medio

Más presión por Michael RUBIN

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El ataque a la embajada británica en Teherán por estudiantes iraníes con la complacencia de las fuerzas del orden –lo que insinúa el apoyo oficial– acompaña a la decisión del Parlamento iraní de rebajar las relaciones con Reino Unido y expulsar al embajador británico. Los radicales llevaban pancartas con fotografías no sólo de Majid Shahriari, un científico nuclear iraní asesinado, sino también de Qassem Suleimani, el responsable de la Unidad Qods. Suleimani es una de las figuras más oscuras del República Islámica, responsable de dirigir redes terroristas por todo Irak, Afganistán y Líbano. Es quizá culpable de la muerte de cientos de efectivos estadounidenses y docenas de británicos.

A medida que la Guardia Revolucionaria consolida su poder, Suleimani tiene más posibilidades de llegar a presidente, dado que Ahmadineyad agota su segunda y última legislatura.

Que fuerzas iraníes radicales ataquen la embajada británica no debería de sorprender a nadie. Las autoridades iraníes nunca se han disculpado por el secuestro de la embajada americana hace 33 años. Mientras diplomáticos estadounidenses y funcionarios de las Naciones Unidas elogian al ex presidente reformista Jatami y su llamamiento a un «diálogo de civilizaciones», antes de llegar a presidente, Jatami firmó un artículo en el que aplaudía a los que tomaron como rehenes a los diplomáticos estadounidenses. Jatami no sólo nunca se ha retractado de su apoyo al secuestro, sino que nombró vicepresidenta a Masoumeh Ebtekar, portavoz de los secuestradores de la embajada. Por desgracia, Occidente ha enseñado a Irán a esperar recompensa por sus desafíos.

Londres suspendió las relaciones diplomáticas con Irán después de que el ayatolá Jomeini decretara el asesinato del escritor británico Salman Rushdie por blasfemar en su obra «Los versos satánicos». Reino Unido manifestó que no reanudaría los contactos hasta que Teherán prometiera dejar tranquilo a Rushdie. Hicieron falta casi nueve años, pero el Gobierno iraní accedió. La jornada posterior a la vuelta del embajador británico, sin embargo, la cúpula iraní se retractó de su promesa pero los británicos decidieron poner la otra mejilla.

También Alemania se ha enfrentado a amenazas a su embajada. En 1992, cuatro disidentes kurdos fueron asesinados en un café berlinés. Cinco años más tarde, un tribunal alemán declaró culpable a un agente iraní del  espionaje y concluyó que la orden de cometer el atentado provenía de la cúpula del régimen iraní.

Por desgracia, los alemanes también aprendieron la lección equivocada. En años posteriores, duplicaron sus esfuerzos por sacar a Irán del ostracismo. Del año 2000 hasta 2005, el comercio con la UE se multiplicó casi por tres. Durante este periodo, Irán buscó no sólo enriquecer uranio, sino también diseñar cabezas nucleares. Una de las ironías del «Diálogo de las Civilizaciones» de Jatami es que fue durante su legislatura cuando Irán cosechó los réditos del comercio europeo y del crecimiento de los precios del crudo, pero en lugar de invertir en infraestructuras, destinó la mayor parte de ese dinero a los programas balístico y nuclear.

Aun así podría haber un rayo de esperanza tras este nuevo asalto a una embajada occidental. Aunque el régimen resta importancia a las sanciones, la reacción iraní indica que la cúpula es más sensible de lo que admite.

Teherán apenas reaccionó cuando la ONU señaló a los implicados en la proliferación de su programa nuclear. Pero en cuanto Londres fue a por el Banco Central, las autoridades reaccionaron mostrando su vulnerabilidad. Si Occidente impone sanciones eficaces al Banco Central de Irán, ni Rusia ni China podrán seguir haciendo negocios con Teherán. La compra de votos en el Consejo de Seguridad será irrelevante. El ataque al edificio británico sugiere que el Gobierno iraní teme al aislamiento económico mucho más que al diplomático. Va siendo hora de endurecer los dos.

Michael Rubin
Ex director para Irán e Irak del Departamento de Defensa de EE UU

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