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miércoles, 24 septiembre 2014
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La Razón

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Carla Royo Villanova: «Cuando se te considera un ejemplo te miran con lupa»

  • Las princesas también trabajan y para muestra, Carla Royo Villanova, esposa de Kubrat de Bulgaria, princesa de Panagiuristhe

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En la imagen la empresaria y escritora Carla Royo Villanova
En la imagen la empresaria y escritora Carla Royo Villanova

Una princesa moderna, del siglo XXI, que tiene su propia empresa de cosmética, se mueve en moto, adora la ropa «vintage» y hace la promoción de sus productos de belleza visitando cualquier rincón de España en el que haya una clienta que la reclame. Si a toda esta actividad se le suma su papel de madre perfecta, de mujer imprescindible en toda fiesta de sociedad que se precie y de embajadora de marcas de lujo, cabría preguntarse pero, ¿cuántas carlas hay?

–¿Cuántas, Carla?
–Jajaja. Pues yo creo que en realidad sólo hay una, aunque con muchas subcarlas…

–Al menos a dos de ellas les ha correspondido premio este año; ¿no?
–Uno de los premios es mío, que soy la que abarca a todas las carlas y me hace muchísima ilusión porque es el de la FEDEPE (Federación de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias), que me ha considerado empresaria del año… Y el otro no me lo han dado a mí sino al reparador de manos de Carla Bulgaria Roses Beauty. Y me parece especialmente importante porque lo vota el público en la revista «Yo Dona».

– Con tanto premio y tanto trabajo lleva unos meses que está en todas partes…
–Eso me dicen. «Carla; hasta en la sopa…». Pero esto es lo que nos toca a los pequeños empresarios, trabajar mucho y multiplicarnos para llegar a todas partes.

–¿Y llega a todo? Porque lo de conciliar es complicado.
–A veces se me hace muy cuesta arriba y me siento desbordada. Pero es lo que hay y también hay muchos momentos gratificantes en los que consigues recuperar fuerzas.

–Quizá por eso nunca pierde la sonrisa…
– Mi bisabuela, que para mí es y siempre será la persona más ejemplar que he conocido por su carácter, con su belleza serena y sus buenos consejos, me decía: «Cuando salgas de casa puedes olvidar cualquier cosa, menos la sonrisa».

– Yo pensaba que la sonrisa venía en el «pack» de princesa.
– No siempre… Ya lo dice el poema, «la princesa está triste, qué tendrá la princesa…»

– Sí, pero suele estar triste en su «jaula de oro», no cuando sale a saludar…
–Yo en casa intento mantener también la sonrisa, aunque de vez en cuando me enfado y me enfado de verdad. No tengo gris. Sólo blanco o negro, y nunca se sabe cuándo va a llegar. Aguanto un montón, pero de repente estallo. Pero no dejo de sonreír ni con las penas. No lo hice ni cuando me echaron de mi trabajo (no voy a decir cuál era para no hacerles publicidad) al tener a mi primer hijo –por eso lo hicieron–. Y eran tiempos difíciles porque Kubrat también estaba sin trabajo… Salí adelante gracias a mis amigas, que me ayudaron muchísimo.

–Decía antes que su bisabuela era ejemplar para usted y de alguna manera usted también lo es para muchas mujeres. ¿No le da miedo en este tiempo en el que hasta los «ejemplos» se sientan en el banquillo, ya sean de la realeza, la política o hasta la judicatura?
–Sin restarle gravedad a tantos casos que la tienen, lo cierto es que cuando se te considera un ejemplo, empiezan a mirarte con lupa…¡Y nadie es perfecto! A mí no me gusta porque creo que es un arma de doble filo.  El que me quiera tomar de modelo, genial, pero ni me gusta dar consejos ni ir de perfecta por la vida, porque no lo soy.

–Lo que es ejemplar es que un rey recupere el mando de una nación por la vía de las elecciones democráticas, convirtiéndose en primer ministro, como hizo su suegro, Simeón de Bulgaria.
–Mi suegro tuvo la valentía de lanzarse a la arena política y creo que no hay ningún rey en el mundo que se haya atrevido a eso.

– Menos ejemplares nos han salido algunos políticos españoles. ¿Está esperanzada con el nuevo Gobierno?
–A ver, algo esperanzada sí, porque todo estaba y sigue estando muy mal y siempre piensas que a peor pues esperemos que no vaya… Y evidentemente un cambio de gobierno te esperanza de alguna manera…, pero yo no creo mucho en la política tal y como está entendida en este momento. Mejor dicho, no creo en la clase política.

–Pues tiene muchos asuntos importantísimos entre manos, como la Reforma Laboral. ¿Cree que es necesaria?
– Es necesaria. Lo que no sé es exactamente cómo tienen que hacerla porque no soy especialista en la materia… Lo que sé es que estaría deseando contratar a más personas para que trabajen conmigo pero no puedo hacerlo por los gastos, los impuestos... No se está fomentando el empleo como se necesita en las pequeñas y medianas empresas. Siempre se piensa en las grandes.

–Y España sale adelante gracias a las pequeñas y medianas empresas, ¿no?
–Desde luego. Por eso habría que acabar con ese falso concepto del empresario como ogro. En mi caso y en el de la gran mayoría de las pequeñas empresas españolas, nadie quiere explotar a nadie, sino trabajar todos juntos y crecer todos juntos con ilusión.

– Le ha pillado por sorpresa la subida de impuestos?
–La verdad es que no.  Yo me la esperaba. Se sabía que el país estaba muy mal y que no quedaba más remedio que buscar sitios de donde sacar el dinero. Y yo estoy dispuesta a pagarlo y prefiero que se suban los impuestos mucho antes de que se congelen las pensiones a ancianos o personas más necesitadas… Pero también quiero ver un ejemplo por parte de los políticos, porque no creo que sus beneficios y privilegios sean en absoluto lógicos. Y quiero verlo ya.

–Volviendo a su trabajo, dicen que cualquier empresa requiere talento, trabajo y suerte…
– Tienes suerte si trabajas mucho, si tienes un poquito de talento y si trabajas con gente que tiene la misma ilusión que tú. Cuando mis hijos antes de un examen me dicen «deséame suerte», ese «deséame suerte» me pone de los nervios. ¿Has estudiado? Pues esa es tu suerte.

–Ojalá sus hijos hereden su talante empresarial… De momento uno de ellos ha heredado su antigua moto, ¿no?
–Pues sí. Tiene 16 años, se acaba de sacar el carné y estoy aterrada.

–Con 16 años ya puede tener el carnet… Pero, ¿se da cuenta de que si cometiera alguna infracción o delito no tendría la misma responsabilidad que usted?
–Sí. Y no me parece nada lógico. Creo que cambiar la ley del menor debería ser prioritario: un niño de esa edad es perfectamente consciente de lo que hace y mucho más si lo que hace es grave de verdad.

–¿Y se debería exigir incluso saliendo a la calle?
–A mí que la gente salga a la calle me parece fenomenal.

–¿También que deje de pagar el metro, por ejemplo?
– Yo estuve a punto de apuntarme. La gente tiene que opinar y los gobernantes tienen que atender. Si los gobernantes no hacen bien su trabajo el pueblo no tiene otra manera de hacerse escuchar más que la de salir a la calle.

–¿Qué relación tiene con la moda? ¿No estudió Derecho?
– Si, pero siempre me gustó la moda. Me inició mi madre. Solía dibujar con ella los vestidos y luego íbamos a la modista y nos los hacíamos.

–También ha heredado de ella mucha ropa «vintage» que le encanta, ¿no?
–La verdad es que no tiro nada. Creo que la ropa con historia puede tener muy buena energía.


DE CERCA
«Mi siguiente libro será sobre saber vivir y disfrutar de la vida, porque es demasiado  corta.
Me parece muy importante intentar buscar y encontrar esos pequeños momentos de felicidad capaces de aportar una sonrisa casi permanente»


Personal e intransferible
A sus cuarenta y tres años es madre de tres hijos, empresaria y escritora
Ha escrito varios libros de estilo de vida y protocolo, tiene una sección de moda en un programa de radio y no para de escribir artículos y de pronunciar conferencias por toda España sobre moda, belleza y empresa. Además, fue la primera novia a la que vistió Lorenzo Caprile, la musa de Josep Font, es embajadora de Moet &Chandon y pertenece a la Academia del Perfume. Está claro que sabe comportarse como una princesa, pero ya era así antes de serlo. «Yo creo que venía con la lección aprendida de casa. Debe ser que la aprendí bien porque, según mi padre, siempre fui buenísima y muy obediente». Desde luego no es nada conflictiva y aunque sabe que la vida no es de color de rosa, ella la pinta así con sus cremas de agua de rosas, la música de su teléfono –el «Jardín de Rosas» de Duncan Dhu– y los besos que manda. Rosas.

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