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jueves, 17 abril 2014
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La Razón

Madrid

«Cabeza de cerdo» controlaba a 100 chicas que se prostituían en Casa de Campo

  • El ciudadano rumano Ioan Clamparu, alias "Cabeza de cerdo", acusado de prostituir a jóvenes compatriotas después de traerlas a España bajo falsas promesas de empleo como camareras, llegó a controlar a más cien chicas que trabajaban como prostitutas en la Casa de Campo.

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«Cabeza de cerdo» controlaba a 100 chicas que se prostituían en Casa de Campo
«Cabeza de cerdo» controlaba a 100 chicas que se prostituían en Casa de Campo

Así lo ha asegurado una de las dos mujeres que hoy han testificado en la Audiencia Provincial de Madrid en el primer día del juicio a Clamparu, que se ha negado a declarar, diciendo únicamente que no ha vivido en Málaga, y para quien el fiscal pide 28 años de cárcel por cinco delitos de prostitución, uno de ellos a una menor, y por un delito de aborto.

La primera en testificar ha sido Andrea, nombre ficticio de una joven que llegó a Madrid en 2000 cuando era menor de edad porque se había quedado embarazada en su país y, según ella, no podía contarlo a su madre.

"Un conocido me dijo que buscaban a gente en España para trabajar en un bar, quería dinero para mantener al hijo que iba a tener pero no hubiera venido si sé que era para prostituirme", ha asegurado la joven, que entró en Madrid con pasaporte falso como mayor de edad y fue llevada a la Casa de campo al día siguiente.

Además, fue golpeada por el procesado, que tiene 43 años, al segundo día de llegar al decirle que se sentía engañada, según la testigo.

Ha relatado que hasta su liberación vivía en un piso del barrio de Carabanchel alto con cuatro chicas más, una de las cuales, Monika V., entregaba la recaudación a Ioan.

Al día ganaba 600 euros, ejerciendo la prostitución desde las 22:00 hasta las 05:00 horas, ha resaltado Andrea, quien también ha recordado que, pese a su oposición, abortó en noviembre de 2000 en la clínica El Bosque (Madrid).

Días después tuvo que ir a los hospitales de La Paz y Doce de Octubre al haber tenido que seguir prostituyéndose al poco del aborto introduciéndose algodones en la vagina, ha destacado.

"Desde que he hecho esto tengo pesadillas de un niño que me pregunta por qué le he matado, solo Dios sabe que no he querido matarlo", escribió la mujer en una carta hallada por la policía.

Un psiquiatra de El Bosque ha declarado que ni supo que la joven era menor de edad ni se extrañó porque no hablara castellano y que solo firmara el informe de consentimiento con su nombre de pila.

Otra de las víctimas ha relatado que llegó a Madrid vía Rumanía-Hungría-Italia en julio de 2000 y que a la semana se percató de que el empleo prometido era la prostitución.

Ella, que vivía en Pozuelo y otras chicas en pisos del barrio de Aluche, conoció a Clamparu porque "era el jefe de todos" y quien recibía el dinero que ganaban las cerca de cien chicas que controlaba, ha aseverado.

Fue amenazada como la anterior víctima con que le podía pasar algo a ella o a su familia si no obedecía, ha manifestado la joven, a quien le dijeron que tenía que trabajar un año para pagar sus deudas.

Los policías han rememorado que en 2000 vigilaron la Casa de Campo para comprobar las denuncias de algunas víctimas de Clamparu y vieron que las chicas eran seguidas de cerca por hombres armados.

Ellas recibían "auténticas palizas", tenían "un nivel anímico muy bajo" y a Ioan le tenían "un miedo terrible", según los agentes.

Durante la vista, que termina mañana, el presidente del tribunal de la sección tercera, Juan Pelayo, ha tranquilizado -"el acusado no la ve usted, está usted protegida"- a las testigos, que han hablado tapadas con biombos.

La causa que se abrió a Clamparu y otros nueve acusados, entre ellos Monika V., se remonta a 2004, pero todos menos uno -condenado ya a dos años de prisión por prostitución- y el propio Clamparu se encuentran en paradero desconocido.

"Cabeza de cerdo" fue detenido al ser presionado por el cerco policial, señalaron los agentes en su día, aunque hoy su abogado defensor, Juan Carlos Orbañanos, ha dicho a las puertas de la Audiencia que su cliente se dejó detener "por sufrir persecución política".

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