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viernes, 29 agosto 2014
15:14
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La Razón

Libros

En el Berlín de «Cabaret»

  • Erik Larson recrea la vida del embajador de EEUU en los años 30

    «En el jardín de las bestias»
    Erik Larson
    Ariel
    512 páginas. 21,90 euros.

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Discurso en el Berlín nazi de los 30
Discurso en el Berlín nazi de los 30

Si, como escribe Revel, «La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira», al auge y consolidación de los totalitarismos hay que añadir el engaño y, sobre todo, el autoengaño, forma benévola de ceguera voluntaria. En «Adiós a Berlín», Christopher Isherwood retrata de forma magistral la instauración del estado de terror cotidiano del nazismo en el Berlín de los años 30. Prueba de que su relato autobiográfico fue tan veraz como definitorio de lo que estaba sucediendo, de la ceguera de cuantos vivían el desenfreno sexual de aquella ciudad cosmopolita, es la creación de Sally Bowles. Un personaje clave para metaforizar el enrarecido clima social y político de Berlín y el autoengaño de quienes visitaban la ciudad, tratando de no ver el ascenso nazi.

Embajadores y periodistas
«En el jardín de las bestias», Erik Larson redondea la visión de Isherwood. Basado en documentos, cartas, memorandos y relatos de la familia del embajador de Estado Unidos en Alemania, W. E. Dodd, entre 1933 y 1937, Larson traza un inquietante relato de intriga que describe el día a día de esta ingenua familia sureña en el Berlín privilegiado de los cónsules y embajadores.  En este ensayo novelado hay dos ejes centrales: el embajador y la vida amorosa de Martha Dodd, en perpetua promiscuidad social y amorosa con periodistas, agregados y jerarcas nazis. Es la cara elegante pero igual de frívola y condescendiente de Sally Bowles en «Cabaret». De contrapunto, la monumental novela de Hans Fallada «Solo en Berlín» –autor que Martha visita en su retiro campestre–, relato de la instauración en la vida doméstica de un estado totalitario de represión, miedo y delación entre las clases menos favorecidas.

Larson explica que todos participaban de un fenómeno que se llamó «autocoordinación», la aceptación temerosa de las imposiciones nazis. Y cita a Thomas Wolfe: «Ahí estaba una nación entera…infestada por el contagio de un miedo omnipresente, que retorcía y malograba todas las relaciones humanas». En la histeria del lenguaje y los excesos paranoicos nazis, Víctor Klemperer veía un esfuerzo por generar   un suspense diario, copiado del cine y las novelas de suspense americanas, que ayudaban a mantener a raya a la gente. Lo pavoroso para el lector actual es ver hasta qué punto el apaciguamiento era la política general de los diplomáticos extranjeros, temerosos de excitar todavía más a la bestia. Se consigna a su vez cierto antisemitismo del embajador, que unido a la sibilina estrategia de los nazis de ocultar sus verdaderas intenciones, conforman el marco histórico y  la atmósfera de opresión y terror cotidiano que se vivía en aquel festivo Berlín de sombras y violentos contrastes expresionistas. 


Sobre el autor
Ha vendido un millón de ejemplares de este absorbente relato de la vida diplomática en Berlín
Ideal para...
cualquier lector que quiera saber cómo comenzó la deriva totalitaria del régimen nazi
Un defecto
El tacto gomoso de la cubierta del libro
Una virtud
La manera de engarzar la documentación con el relato novelado
Puntuación 9


 

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