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lunes, 28 julio 2014
10:16
Actualizado a las 

La Razón

Cultura

Una colección por amor al arte

  • Una de los catálogos de arte moderno más importantes y rompedores, el de la Rubell Family Collection, sale por primera vez de EE UU para abrir en Madrid sus ventanas oníricas. Los mecenas visitarán ARCO.

    Dónde:  Fundación Banco Santander. Boadilla del Monte. 
    Cuándo:  Hasta el 17 de junio.
    Cuánto: Entrada gratuita.

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SONRIENTES. Don y Mera Rubell, de 71 y 68 años, autodidactas del arte y apasionados mecenas
SONRIENTES. Don y Mera Rubell, de 71 y 68 años, autodidactas del arte y apasionados mecenas

Viajan con maletas pequeñas desde Miami (EE UU) aunque vayan a quedarse una semana en Madrid. «El arte es una fuerza vital que mueve nuestra familia», dice Don Rubell, uno de los coleccionistas más importantes del mundo de arte moderno junto a su esposa, Mera, con la que ha formado durante 46 años y once meses –llevan casados 47 años– la Rubell Family Collection. Y viajan con maletas pequeñas porque alguna vez le echan el ojo a una obra de arte (quién sabe, puede que la vean en ARCO el fin de semana próximo) que tenga calidad para añadirse a las 6.000 piezas que forman una colección de valor incalculable. Por primera vez en Europa, en la sede de la Fundación del Banco Santander, puede verse una selección de ellas, integrada principalmente por pinturas –la colección original alberga muchas esculturas, instalaciones y vídeos–, caprichos y provocaciones, combustible para el alma. 

Empezar con 25 dólares
«Algunos nos preguntan si no nos separamos por la colección», bromeaba Don sobre una afición que comenzó con un presupuesto de 25 dólares semanales en un tarro. Don estudiaba en la facultad de Medicina y Mera era maestra. Hoy, la sede de su fundación la alberga unos almacenes de la DEA (la agencia antidroga) adquiridos al Gobierno estadounidense. Son los promotores de la llegada de la feria Art Basel a Miami, y alrededor de su actividad se está creando todo un distrito artístico en la capital de la playa y la silicona. Empezaron en Nueva York, en los sesenta, cuando los artistas ocupaban los locales comerciales porque la depresión económica se lo permitía. Ellos entraban a conocerles y llevaban café. «La primera pieza que compramos fue una fotografía de Cindy Sherman por 25 dólares», relataba Mera. Hoy vale 10.000 veces más. Así fue como entraron en contacto con Keith Haring. «La primera obra que vendió la compramos nosotros. Y la última, antes de morir». De Haring, Warhol, Murakami, Baldessari, Nara o Francesco Clemente hay piezas en la exposición, que, según los Rubell, tiene mucho que ver con la historia del arte español.
Hay «apropiaciones artísticas» de los «Desastres de la Guerra» y «El sueño de la razón» de Goya, del «Guernica» de Picasso, de las figuras alargadas y los fondos oníricos de El Greco, incluso hay quien ve ecos de Zurbarán en un hierático «Cristo» de Tuymans. «Cada obra transmite algo diferente en función de tus necesidades, las circunstancias, y lo que sientas en cada momento», apuntaba Mera en el comienzo de su visita a Madrid. «Por primera vez en nuestra vida, lo primero que hemos hecho al llegar no ha sido ir al Museo del Prado a las nueve de la mañana», confesó ante los medios. «Hemos llevado a muchos de nuestros artistas, gente joven, a visitar el Prado y hemos percibido cómo la fuerza de las pinturas les sobrecogía. Lo hemos notado en el momento, en la afectación de su propia carne, y luego nos han confesado que salen del museo con retos enormes en su cabeza», explicaba Mera. Hay un criterio importante en su colección: apostar por artistas jóvenes y seguir su evolución. «De algunos tenemos más de 80 piezas», apuntaban. Entre ellos, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, o José María Sicilia.

Pero la filosofía de la colección se acerca más a la visión del artista como «chamanes y espejos de la sociedad, sus visionarios y sus críticos. Es difícil nombrar las veces que un artista ha cambiado nuestra manera de percibir el mundo», destacaban. Son, casi, treinta pequeños mundos singulares. Por eso, aunque haya ecos de los maestros, es más poderosa la estética contemporánea, como la de Matthew Day Jackson («Rushmore», en la imagen), que transforma las efigies de los cuatro presidentes americanos esculpidas en el monte Rushmore por otros tantos rostros de mujeres que lucharon por las libertades civiles. O los iconos de Takashi Murakami, que presenta a su personaje Mr DOB, un cruce de Doraemon (una serie infantil) y el erizo protagonista del videojuego Sonic. Neo Rauch plantea situaciones desconcertantes en paisajes con el cielo rosa, George Condo presenta a «La explosión de K-9»,  algo así como la pesadilla de un perro, su álter ego, y Cecily Brown propone un perturbador erotismo de trazo desecho. Pero las estrellas de la muestra son el «Mao» de Andy Warhol y las dos series de «ataques» de Keith Haring a los posters de Elvis Presley y Marilyn Monroe.  «Cuando le preguntamos a un artista cuál es su creador favorito, siempre contestan lo mismo: si son jóvenes, Warhol; si son maduros, Velázquez».

Fieles a ARCO
«Cada generación se enfrenta a la creación pensando que ha llegado la muerte. Que después de conocer a los grandes, ya no hay nada que se pueda pintar. Tienen la sensación de que han nacido un día tarde, pero no es verdad, y en esta exposición se demuestra. Todavía pueden seguir con la conversación», decía Mera Rubell. «Es nuestra  obligación seguir haciendo historia».  Y en su forma particular de escribir el relato del arte, los Rubell no creen en las nacionalidades. «Nos parece una visión anticuada, y ni siquiera nos planteamos de dónde proceden los artistas de nuestra colección», afirmó Don Rubell. Y sobre coleccionismo y la competencia de Art Basel Miami frente a ARCO en el mercado hispano, dicen: «Hay 58 ferias de arte en el mundo. Y nosotros hemos venido a Arco desde la primera edición, unas ocho veces», afirmó Don, y sonó a disculpa. ¿Qué les parecen los 191 millones que ha pagado Qatar por un Cèzanne? «Pues que a lo mejor para ellos ese dinero pueden ser equivalente a 1.000 dólares para otra persona». Quedaba tiempo para alguna pregunta más antes de que los Rubell quedaran libres para ir al Prado. ¿Cuál es su obra favorita de la colección? «El otro día, una de mis nietas me preguntó cuál de todas era mi favorita. Le dije que ella», apuntó Don.

 

El detalle
STUDIO 54, LOS ARTISTAS Y, SOBRE TODO, EL DINERO

La historia de los Rubell no ha sido un acto de fe artístico, un coser y cantar con astucia. Steve (en la imagen), el hermano pequeño de Don, era uno de los dueños de la famosa Studio 54, la discoteca en la que apuraban sus vasos desde Frank Sinatra a Yves Saint Laurent, Truman Capote, y, claro, Warhol. En sus sótanos ocurría de todo en plena época de revolución sexual, un buen sitio para conocer artistas. Tras el fallecimiento de Steve, Don heredó su parte en el local. El dinero de la venta fue el empuje que necesitaba la colección.

 

Manga y cera
Bajo estas líneas, dos obras de Yoshimoto Nara, «Lo último en manga larga» y «Demasiado joven para morir», ambas de 2001, en las que un personaje infantil adopta actitudes adultas, entre cómicas y bravuconas, inspiradas en el manga y en la antítesis de Walt Disney, eso sí, dibujadas en delicados tonos pastel. Sobre estas líneas, la única instalación de la muestra es de Urs Fischer (2006), en la que dos ramas (de apariencia de madera, pero en aluminio fundido) giran en la misma estancia con una vela encendida en el extremo. Están a punto de tocarse mientras la cera derretida va dibujando dos círculos en el suelo, manteniendo un frágil equilibrio.

Vídeos

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