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jueves, 24 julio 2014
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La Razón

Columnistas

Católicos y republicanos

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En la política norteamericana, el voto católico suele ser un indicador preciso de cuál es la tendencia ganadora. En nueve de las últimas diez elecciones presidenciales, los votantes católicos respaldaron por mayoría al ganador. Como era de esperar, es el voto centrista por excelencia: en estas últimas diez elecciones, la mayoría de los votantes católicos se inclinó cinco veces hacia el republicanismo y otras tantas por los demócratas. En las últimas elecciones, en 2008, se volvió a repetir el movimiento. Habiendo votado en su mayoría a Obama en 2008, los católicos se inclinaron por los republicanos en 2010 y desde entonces los republicanos controlan la Cámara de representantes.

No es de extrañar que Obama se haya retractado de su ocurrencia de obligar a empresas e instituciones católicas a pagar los anticonceptivos de sus empleados. Enfrentarse a los católicos es un error que la campaña demócrata no se puede permitir en un año electoral, menos todavía con la crisis y menos aún si se piensa que la fuerza de Obama consiste en parte en la dimensión mesiánica de su figura, tan atractiva para un electorado en el que la religión está muy viva. El laicismo, en Estados Unidos, debe ser administrado en dosis muy escuetas y sólo para determinados grupos sociales. En el último Desayuno de Oración –el mismo en el que hace dos años el presidente socialista español leyó un versículo del Deuteronomio–, Obama ha justificado su política fiscal recurriendo a san Lucas. La paradoja de este año es que en el campo republicano, el candidato con una posición moral más claramente conservadora es también un católico, Rick Santorum. Éste era el papel de los protestantes evangélicos, que venían siendo desde tiempos de Reagan una pieza decisiva en las elecciones. Ahora es Santorum, un católico, el que saca a la arena política las cuestiones morales que han movilizado a este electorado.

Está por  ver si Rick Santorum consigue salir de ese reducto. Santorum representa una forma de americanización del catolicismo como no se había producido nunca a esta escala. Ahora bien, también resulta propiamente norteamericano el voto pragmático y centrado de los católicos, capaces de variar su posición según criterios propios… y que este año podría acabar apoyando a un mormón. Y está además Newt Gingrich, ideólogo de la derecha norteamericana convertido al catolicismo desde 2008. De los cuatro candidatos de primera línea, sólo uno es de adscripción protestante  (Ron Paul), y éste no habla de religión. Habrá que ver si estos republicanos consiguen recomponer una coalición entre las diversas tendencias o si cada una seguirá por su lado. Esto último dará la victoria a Obama, algo sumamente probable. En cualquier caso, es un signo de la vitalidad del catolicismo en Estados Unidos, algo previsto por Tocqueville hace casi doscientos años.

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