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martes, 16 septiembre 2014
11:07
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La Razón

Religión

Benedicto XVI: «La Iglesia no vive por sí misma»

  • El Papa, Benedicto XVI, celebró ayer la Eucaristía en la Basílica de San Pedro con los 22 cardenales recién creados

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El Pontífice centró su discurso en los elementos artísticos del altar de Bernini
El Pontífice centró su discurso en los elementos artísticos del altar de Bernini

El día después de crear a 22 nuevos purpurados, Benedicto XVI presidió la Eucaristía en la basílica vaticana junto a los miembros del Colegio Cardenalicio. La homilía del Papa partió de la solemnidad de la Cátedra de San Pedro para ir deteniéndose luego en distintos elementos del altar del templo, con gran significado para los católicos. La fe y el amor, que deben ir de la mano si se quiere ser un «cristiano auténtico», centraron buena parte de las enseñanzas del Pontífice.

Al hablar de la ventana del ábside donde se encuentra la Cátedra de San Pedro, el trono que según la tradición utilizó el apóstol, Benedicto XVI destacó que es un símbolo de que la Iglesia es como una ventana, «el lugar donde Dios se acerca, se encuentra con el mundo». «La Iglesia», dijo el Papa, «es verdaderamente ella misma en la medida en que deja trasparentar» a Dios. En esta comunión del hombre con Cristo la Eucaristía es la «garantía» para mantenerse «fiel al criterio de la tradición de la fe».

Para el Pontífice, el hecho de que la Cátedra de San Pedro esté sustentada sobre los cuatro Padres de la Iglesia, nos dice que «todo en la Iglesia se apoya sobre la fe: los sacramentos, la liturgia, la evangelización, la caridad. También el derecho, también la autoridad en la Iglesia se apoya sobre la fe. La Iglesia no se da a sí misma las reglas, el propio orden, sino que lo recibe de la Palabra de Dios, que escucha en la fe y trata de comprender y vivir», advirtió. Esta responsabilidad eclesial se extiende a la «interpretación autorizada» de las Sagradas Escrituras, las cuales han asegurado un «fundamento estable» a la Iglesia «en medio de los cambios históricos».

Al analizar el altar de la Cátedra de San Pedro en su conjunto, el Papa destacó que está atravesado por un doble movimiento: de ascensión y de descenso. En su opinión, significan la «reciprocidad entre la fe y el amor». «La Cátedra está puesta con gran realce en este lugar, porque aquí está la tumba del apóstol Pedro, pero también tiende hacia el amor de Dios. En efecto, la fe se orienta al amor. Una fe egoísta no es una fe verdadera», advirtió. Creer en Cristo supone descubrir la «verdadera alegría», verse «iluminado por el amor» y conducirse «hacia lo alto».

Antes de la homilía del Papa, el neocardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, expresó a Benedicto XVI la gratitud de los nuevos Príncipes de la Iglesia y dijo que la birreta cardenalicia no muestra «la grandeza de quien la porta como símbolo de poder y dominio», sino el «martirio y la persecución» y la unión con el obispo de Roma.


El Papa presenta a Dios como «un amor difusivo y luminoso»
El Papa comentó durante su homilía que la Iglesia es el punto de encuentro donde los cristianos se encuentran con Dios, por lo que tiene la misión de «abrir más allá de sí mismo ese mundo que tiende a creerse un todo cerrado y llevarle la luz que viene de lo alto, sin la cual sería inhabitable». Luego dio a los nuevos cardenales las claves de por qué existe la organización eclesial: no lo hace «por sí misma», no es el «punto de llegada», sino que nos remite «más allá, hacia lo alto, por encima de nosotros. Dios no es soledad, sino amor glorioso y gozoso, difusivo y luminoso», afirmó el Santo Padre.



EN PRIMERA PERSONA
John Tong Hon / Cardenal Arzobispo de Hong Kong
«Es un signo de su amor por China»
El obispo John Tong Hon es uno de los 22 nuevos cardenales creados por el Papa y el único chino que tiene derecho a voto en un futuro cónclave. Sin ilusiones sobre el régimen comunista, este ex jugador de baloncesto fue uno de los líderes religiosos invitados oficialmente a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008.   Nacido de padres no católicos en 1939, tras la guerra con los japoneses se refugia en Cantón donde será testigo de la labor de los misioneros que cuidan a los soldados heridos. Su cardenalato es «un signo del gran amor y preocupación del Papa por la Iglesia católica en China».

Lucian Muresan / Cardenal Arzobispo de los greco-católicos rumanos
«Nunca hubiera imaginado tal dignidad»
El recién creado cardenal Lucian Muresan es un ejemplo de la persecución sufrida por los católicos durante la dictadura comunista en la Rumanía de Chauchescu. «Mi madre nos decía a menudo: "De los diez hijos, al menos uno debe ofrecerse al Señor".  Yo fui ordenado en clandestinidad y no lo podía decir a nadie, ni siquiera a mi madre», comentó Muresan recientemente.  Este octogenario «nunca hubiera imaginado que sería llamado a tal dignidad. El martirio sufrido por la Iglesia rumana me conforta y me da coraje en mi tarea», afirmó el arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica de Rumanía.

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