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viernes, 31 octubre 2014
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La exclusiva más grande jamás contada

  • A las 11 de la mañana del 7 de marzo de 1912, León Amundsen recibía en su casa la llamada más esperada: "Tiene usted un telegrama". Su contenido era absolutamente ininteligible, tanto como lo era su firma: "zhmbw". Cinco letras que unas horas después tendrían todo el significado del mundo. Bienvenidos a una historia épica.
     

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La exclusiva más grande jamás contada
La exclusiva más grande jamás contada

El telegrama había sido escrito en Tasmania y recibido en Noruega. Había cruzado de sur a norte el planeta y contenía la exclusiva más esperada, la hazaña más espectacular jamás contada hasta entonces y, de paso, la garantía de una golosa cantidad de dinero si nadie la destripaba antes, como ya había sucedido en alguna ocasión precedente.

En el texto, el explorador noruego Roald Amundsen comunicaba a su hermano León que se había convertido en el primer ser humano en alcanzar el Polo Sur Geográfico. Después de descifrarlo de acuerdo con un código que habían pactado antes de la expedición, León se puso en contacto con los periódicos escandinavos a los que había prometido la noticia en exclusiva y con el Daily Chronicle, el diario británico que se encargaría de dar la buena nueva al mundo.

Ellos serán los que pondrán nombre, sujeto, verbo, predicado y, sobre todo, muchos adjetivos a aquel extraño telegrama que no escondía otra cosa que la conquista del Polo Sur Geográfico. El 8 de marzo, 84 días después de que una bandera de la recién nacida Noruega se posase en el ese punto, el mundo se despertaba con la noticia de la hazaña.


Scott y Amundsen se citan en el Polo Sur

En un mundo sin internet, sin radios, sin televisión, la noticia corrió como la espuma. Y eso que estaba incompleta: ¿qué había ocurrido con Robert Scott, el valiente explorador británico a quien Amundsen le había arrebatado el último punto del globo libre de las pisadas del ser humano? Amundsen y Scott, Scott y Amundsen, se habían embarcado a la vez, aunque por rutas diferentes, en una apasionante carrera por ser los primeros en alcanzar el Polo.

Amundsen llegó primero. Regresó al mundo de los vivos. Y lo contó a los cuatro vientos. Scott llegó después. Y no volvió. Murió junto a sus compañeros, apenas unos días después de que su rival coreara la hazaña, atrapado en la ventisca, las bajas temperaturas y el hambre.
¿Por qué perdió la batalla Robert Scott? Un siglo después, el físico, científico y escritor Javier Cacho desmenuza en "Amundsen-Scott, duelo en la Antártida",  (Editorial Fórcola), todos los detalles de este duelo, en un relato plagado de heroísmo, miedos y debilidades, y, sobre todo, ambiciones.

Amundsen y sus hombres "vuelan" sobre la Antártida
Desde su experiencia como jefe de la base española en la Antártida, Cacho sostiene que Scott fracasó por una mala planificación al ajustar al límite las provisiones -algo que resultó fatal ante un brusco cambio en el tiempo- y por una equivocada elección en el sistema de transporte. Mientras Amundsen y sus hombres "volaban" en sus trineos tirados por perros, ellos iban a "cámara lenta" con sus caballos. Es decir: más días sobre el hielo; más esfuerzo; más exposición al mal tiempo; y más consumo de comida.

Con todo, la verdadera elección equivocada de Scott fue utilizar hombres para tirar de los trineos en lugar de perros, teniendo en cuenta que los caballos le servirían solo para los primeros 600 kilómetros del total de 3.000 de ruta.

"Ésa fue la clave, aunque hubo mucho más: el ajustar la comida al límite, como hemos comentado, la menor señalización de la ruta que hicieron los británicos, los problemas de estanqueidad de los depósitos de combustible, la ropa… fueron muchas pequeñas cosas que, en unas circunstancias normales no hubiesen sido críticas, pero con el tiempo anormalmente frío que soportaron les llevaron al final que todos conocemos –explica Javier Cacho-. En este sentido, si Amundsen hubiese sufrido el mal tiempo que padeció Scott, estoy seguro de que hubiera podido sobrevivir, dado que su logística estaba mucho mejor establecida".

A 20 kilómetros de cambiar la Historia
¿Qué habría ocurrido si Scott y sus hombres no se hubiesen encontrado la bandera noruega al llegar al Polo? ¿Habrían sacado las fuerzas para regresar? El autor de "Duelo en la Antártida" lo tiene claro: "Si hubiesen regresado con el premio de la victoria hubieran sido capaces de tirar con un poco más de fuerza, de avanzar con un poco más de rapidez... Y ese ‘poco más' hubiese sido lo suficiente para cambiar el resultado, para pasar de la muerte a la vida".

Pero no fue así, y un cúmulo de decisiones equivocadas que tuvieron su origen en una cadena de mando demasiado rígida, sin la más mínima flexibilidad, terminó con la única posibilidad que le quedaban a Scott y sus dos últimos hombres. "Pese a todo estuvieron a punto de lograrlo, y tan sólo les faltaron 20 kilómetros para alcanzar el depósito de La Tonelada, donde tenían alimento y combustible en cantidad suficiente para haber cambiado el curso de la historia", concluye Cacho.

La "carta abierta" de Scott: "Si hubiéramos vivido…"

El éxito de Amundsen está resumido en su telegrama, en el maratón de conferencias que pronunció después, en los miles de aplausos y en cientos de entrevistas. En su fama mundial. El fracaso de Scott, en algunas decisiones equivocadas y, sobre todo, en la amargura de su "carta abierta" que escribió poco antes de morir, y que sus compañeros encontraron junto a su cadáver cuando acudieron –tarde- a rescatarle.

Javier Cacho la recupera en su libro, y la interpreta como el comienzo de una leyenda: "Si hubiéramos vivido –escribió Scott-, habría podido contar una historia que hablase de la audacia, la entereza y el coraje de mis compañeros, que habría conmovido el corazón de los ingleses. Tendrán que ser estas improvisadas notas y nuestros cadáveres los que lo cuenten".

Es de suponer qué sentirían sus hombres al leerla, a 20 grados bajo cero, aquel día del mes de noviembre de 1912. El mismo, por cierto, en el que Amundsen pronunciaba su conferencia en la Royal Geographical Society de Londres, en la tribuna que debía estar reservada a Scott. Sucio juego del destino.

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