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viernes, 01 agosto 2014
03:25
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La Razón

Medio Ambiente y Biodiversidad

Desperdicio de comida: La mitad de los alimentos que compramos acaba en la basura

  • Cada europeo tira 179 kilos de residuos alimentarios al año. Con el fin de frenar esta tendencia, Europa propone diversificar el tamaño y abaratar los productos que están a punto de caducar en la tienda. Pero, ¿qué se puede hacer para reducir este despilfarro en casa?
     

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Desperdicio  de comida: La mitad de los alimentos que  compramos acaba en la basura
Desperdicio de comida: La mitad de los alimentos que compramos acaba en la basura

Cada año se tira a la basura la mitad de los alimentos que se compran en Europa. En concreto, cada europeo genera 179 kilos de residuos alimentarios al año, muchos de ellos en perfecto estado. Mientras, la otra cara de la moneda: 79 millones de personas viven en la UE por debajo del umbral de la pobreza y 16 millones dependen de la caridad. Urge reducir el desperdicio de comida. Por ello, la UE ha propuesto varias medidas preventivas con el fin de disminuir a la mitad este despilfarro para 2025. Iniciativas que van desde la diversificación del tamaño de los envases hasta la introducción de una asignatura al respecto en los colegios, pasando por permitir  a los comerciantes que bajen el precio de los alimentos frescos por debajo del coste de producción cuando estén próximos a la fecha límite para la venta y así reducir la cantidad de alimentos no vendidos que se tiran. Con muchos de  estos desechos, se puede producir biogás, abono y films. Sin embargo, no se lleva a cabo. Pero ¿qué se puede hacer desde casa?

Compra conjunta
Los hogares son responsables del 42 por ciento de los alimentos que se tiran, según el estudio de Bio Intelligence Service. Así que se puede cambiar, y mucho, esta tendencia. Lo primero, resulta esencial hacer bien la compra; es decir, llevar la lista de los productos que se quieren adquirir y no desviarse de ella, así como comprar la cantidad necesaria. Algo que puede ser un problema en las grandes superficies, ya que en algunos productos, como sucede con las patatas, es más económica la bolsa de mayor tamaño que la pequeña. Y no por kilos, no, por bolsa. Así que hay que pagar más por menos cantidad o bien tener en mente qué menús va a hacer con ellas o realizar la compra entre varios. Puede parecer raro, pero no lo es. Cada vez son más las personas que hacen la compra de productos ecológicos de forma conjunta, a través de una asociación de grupos de consumidores para que salga más económica, ya que la compra se realiza al productor. Es el caso de la Asociación de Consumidores de Productos Ecológicos  La Ortiga (Sevilla), La Espiga (Madrid) o la Cooperativa La Reverde. Cuanto más cerca esté del productor, mejor. «Así eliminas las emisiones del transporte, evitas intermediarios y apoyas el empleo local», explica Celsa Peiteado, coordinadora de Agricultura de WWF.

Cómo evitar tirar verduras
Pero el tiempo libre que uno dispone puede hacer inviable esta opción o que simplemente no le guste. Así que existen multitud de cosas que uno puede llevar a cabo en casa para evitar tirar esas cantidades ingentes de comida, que conllevan un gasto de agua, de combustible, de emisiones y de productos químicos que contaminan suelos y agua. «En Reino Unido, el seis por ciento del agua que se consume al año es para comida tirada a la basura», recuerda la experta.
La clave está en aprovechar todo o casi todo. Parece lógico, lo hacían nuestras abuelas, pero lo cierto es que hoy, con el ajetreo de vida existente, apenas se hace. Uno de los problemas que podemos tener al guardar la verdura en el frigorífico es la humedad, que puede echar a perder gran parte de los alimentos vegetales. Para evitarlo, puede resguardar la verdura separándola con un papel absorbente o un tapete en la base del cajón. Y si puede, evite poner la verdura pegada al fondo de la nevera. Si no sabe cuándo se las comerá, hiérvalas y congélelas, así evitará tirarlas. Y es que «las frutas y las verduras frescas son los productos que más se arrojan a la basura. Alrededor del 50 por ciento de los alimentos desperdiciados lo constituyen frutas y verduras, seguido de sobras procedentes de platos cocinados en casa y de comida rápida», según un estudio de Save Food de Albal.
Se suele decir que es mejor separar las cebollas de las patatas, pero quizá lo más importante sea meter las patatas en un cajón y envolverlas con papel de periódico para evitar que les dé la luz.
Cuando haga una ensalada, recuerde no agregar aceite y vinagre o se le echará a perder. Mejor aliñe cada plato y el resto guárdelo en un «tupper» en la nevera. Las patatas peladas se oxidan, si le han sobrado, métalas en un recipiente con agua cubriéndolas bien. Y si le queda medio limón, puede ponerlo boca abajo sobre un plato, así evitará usar papel de aluminio.
Y lo más fácil, pero que tampoco hacemos siempre, es dar un nuevo uso a la comida. Al cocer las verduras se puede aprovechar el caldo para elaborar una sopa o un arroz. Por cierto que para el caldo se puede usar también la parte verde de la cebolleta que tomó el día anterior. Los restos del cocido puede convertirlos en croquetas; con el arroz del día anterior, elaborar un plato con verduras salteadas... El ahorro lo notará a final de mes, especialmente si compra carne y pescado frescos. Separe las porciones y congélelas, y las cabezas del pescado, no diga que no las quiere al pescadero, guárdelas en el congelador para hacer una sopa de pescado, un pastel de cabracho...
Si quiere hacer algún plato con pan rallado, en vez de comprarlo, guarde los restos de pan duro y rállelos cuando tenga un minuto. Con los que no le dé tiempo, siempre puede hacer un salmorejo o una sopa pobre, basta añadir unos trozos de jamón, un par de ajos y un huevo.

Su propio compost
Con todos estos fáciles consejos ahorrará y reducirá la cantidad de basura que tira cada día. Con el resto, si puede, deposite la basura orgánica vegetal a un contenedor específico para tal fin. Muchos no hay, aunque alguno que otro sí, como en el municipio madrileño de Guadarrama. Si no, quizá tenga una huerta comunitaria próxima o un vecino que haga compost: lléveselos. «También existen compostadoras comunitarias de vecinos, que permiten hacer abono para el jardín, con lo que se ahorra dinero y se evita usar químicos», añade Peiteado. Y si no es su caso, y tiene espacio, haga su propio compost. A partir de 107 euros puede adquirir un compostador para balcones o terrazas con una capacidad de 40 litros. La materia orgánica se convertirá en un abono natural que podrá usar para su jardín o sus macetas. Pero intente tenerlo siempre a la sombra.
 

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