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lunes, 15 septiembre 2014
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La Razón

Elecciones Andaluzas

Empeñado en Andalucía por Paco Reyero

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Desde la derrota del PP en 2004 ha sostenido indesmayable el empeño de llegar a la Junta
Desde la derrota del PP en 2004 ha sostenido indesmayable el empeño de llegar a la Junta

Durante algún tiempo, en tasados arrebatos nobiliarios, la duquesa de Alba se atrevió a sugerir a Javier Arenas que convocara elecciones al Gobierno de la Junta. Incluso en algún lance de los provincianos y quietos compromisos sociales de organdí, primavera y catering –donde a Cayetana se la venera como en las fiestas de puesta de largo–, la tal señora llegó a exigirlo: «Javier, no entiendo nada. Con lo mal que está Andalucía y tú no convocas elecciones. ¿Para cuándo lo vas a dejar? Tienes que convocarlas ya». El hombre del PP le trataba de explicar en vano que la elección de la fecha electoral era una voluntad del presidente autonómico de turno y él, en sí mismo, era la irreductible oposición. La duquesa estaría, como otros, en que Arenas ya debía ser el presidente después de tantos años de vocear, como un afilador, el cambio. El tenaz candidato  del PP ha construido un personaje público de raíces populares, pero, rascado el barniz, se adivina una personalidad compleja, ambiciosa y pétrea. De ese ropaje popular es que no quiere entenderse con los ordenadores; que confía en su memoria; que se aprende a fuego los nombres de los paisanos que saluda en algún rincón andaluz y a quienes, probablemente, ya no volverá a ver nunca; y que prefiere las aceras a los despachos. De recorrer de punta a punta esta región-país aprendió, como Antonio Ordóñez, que «para ser torero hay que saber dormir en los trenes y en los coches de cuadrillas».  Su  victoria en Andalucía habría sido también saldar una deuda contraída con él mismo. En 1996, tras perder las elecciones andaluzas abruptamente, se incorpora al primer Gobierno de Aznar y su historia personal se fractura. Paradójicamente, su segunda y gravosa oportunidad se origina en la derrota del PP en 2004; desde entonces ha sostenido indesmayable el empeño  del itinerario político que marcó en su juventud: llegar al poder en Andalucía.  La izquierda supo empezar la democracia embrujando al pueblo. Y le hizo creer que la felicidad era un paisaje solar, la lotería natural del mar y  las cartas de los que emigraron. Y ofreció un documento estampillado que certifica que existir es el pan con aceite, las sillas a la puerta de los pueblos en las noches de verano y llevar a Séneca en las venas. Los adversarios lo quisieron confundir con un nómada, pero él volvió para derrotar un imposible y lo ha palpado con los dedos. Llevar el DNI en el acento le obligó a atajar a un inadvertido compañero del primer consejo de ministros de Aznar, donde Arenas llevaba la cartera de Trabajo: «Oye, Javier, tú que eres andaluz por que no nos cuentas un chistecito para empezar». «¿Y el chiste por que no lo cuenta mejor tu madre?», vino a contestar. Empezó con el PDP . Entonces, como él mismo recuerda, formaba parte de un partido donde había ocho corrientes y sólo siete militantes. Más corrientes que militantes. Hoy, y desde hace años, es miembro par con Rajoy. Con 55 años y tras ocho de oposición coloca a su partido al borde la victoria en Andalucía. Sabe del respaldo total del presidente del Gobierno. Teniendo en cuenta su hoja de servicios, su vinculación a la politica y su tenacidad  no será fácil verlo en un rincón. Recuerden, su carrera, como corredor de fondo, continúa.
 

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