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miércoles, 20 agosto 2014
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La Razón

Reportajes

Andalucía toca «jondo»

  • Él es el dirigente de Izquierda Unida del que depende el futuro Gobierno de la Junta. Es un radical político que venderá caro su apoyo a los socialistas. ¿Quién es Diego Valderas?
     

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Algunos todavía no lo creen. El revolucionario líder de Izquierda Unida en Andalucía, Diego Valderas, con 59 años, se ha convertido en la clave del Gobierno andaluz. Por arte de birlibirloque o, lo que es lo mismo, por la combinación de factores impensables hasta el pasado domingo, la llave del poder la posee, como el tesoro de «El Señor de los Anillos», este onubense rebelde, sin pelos en la lengua, utópico y siempre incontrolable. Anticapitalista, anticlerical, antimonárquico, las últimas elecciones andaluzas le han otorgado 12 escaños, el doble que en la legislatura anterior, una pócima de votos mágica que los socialistas necesitan trágicamente para no abandonar el poder que ostentan desde el principio de los tiempos. Aunque el PP, liderado por Javier Arenas, ha ganado las elecciones (sin mayoría absoluta), la confección del Gobierno la atesora la izquierda más radical. Así de rara es la política.

Pero ¿quién es Diego Valderas? Veamos. Primero fue «el niño del butano» en Bollullos Par del Condado, su municipio natal de la provincia de Huelva. De repartidor y otras mil cosas trabajó hasta convertirse en inmigrante en Cataluña. Llegó a dormir, cuenta él mismo a LA RAZÓN, en el metro de Plaza de Catalunya, en Barcelona, cuando acudió allí «a buscarse la vida».

De regreso a Bollullos, su novia, María Angélica, le hizo creer un día que podría aspirar a la Alcaldía del pueblo. Y lo consiguió. Tenía 26 años. Después se convertiría en líder de Izquierda Unida y en portavoz del Parlamento de Andalucía, protagonizando famosas escenas como la del ataque de risa que invadió a la Cámara al completo en 1994. El vídeo dio la vuelta al mundo.

Contra el PP y el PSOE
Diego Valderas, comunista de pura cepa, ardiente detractor del poder de unos pocos, con fobia por lo que él llama «los poderosos» y defensor a ultranza de una utópica banca pública y una renta básica para todos, guarda en su mesita de noche la llave de San Telmo, el palacio recién restaurado en Sevilla, sede de nuevo del próximo Gobierno andaluz. Sea cual sea. Si se alía con el PSOE, como es esperable, deberá «tragar» con algunas políticas que desprecia (subidas de impuestos, recortes, disminución de salarios…) y unos «trapicheos» que, señala, le dan asco. El escándalo de los ERE es uno de ellos. Griñán debería haber cooperado antes, critica el izquierdista. Del PP, situado, según él, en las antípodas de sus reivindicaciones, no quiere ni hablar.

Diego Valderas, el «self-made man» (hombre hecho a sí mismo), como lo denominarían en EE UU, levanta pasiones entre algunos, sobre todo jóvenes y gente del entorno rural, al tiempo que provoca rechazo a los empresarios y a las demás fuerzas políticas. Lo ven, podría decirse, como un «bulto sospechoso», alguien que no va a entrar en razón en depende qué cosas ni apostará nunca por el eufemismo de lo «políticamente correcto». Así de crudo. Hace dos años, en una rueda de prensa, Valderas acusó al entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y al de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ambos socialistas, de «falta de huevos» a la hora de abordar la reducción estatal de gastos. Es sólo un ejemplo.

El coordinador de IU dijo literalmente: «Yo le digo al Gobierno, a Zapatero y a Griñán que no tienen huevos a meter la tijera en los especuladores, en los banqueros, en la Iglesia, en los gastos bélicos. No tienen lo que hay que tener: bemoles. No tienen fuerza para meter la tijera donde hay que meterla. Y, por eso, producen un debate, esconden un debate, tratando de engañar a la ciudadanía, porque les faltan bemoles». Así es Valderas. Sin pelos en la lengua.

Convencido de lo que dice. No ha cambiado ni un ápice su discurso revolucionario (probablemente inviable) a pesar de atravesar momentos de soledad y de aislamiento, como cuando no consiguió ni ser diputado por Huelva o cuando en su propio municipio, Bollullos, se aliaron en su contra los propios compañeros de partido. Pero los votos se han impuesto y los andaluces han multiplicado su esfera de influencia. «Queremos una Andalucía de izquierdas, es lo que somos», subraya Valderas. Aunque a muchos les parece un absurdo el recuento final, el peor resultado posible en un momento en el que, debido a la crisis, se apuesta por políticas moderadas y conservadoras, el de Bollullos, donde todavía vive, ha duplicado su número de escaños. «Y los votos son los que mandan», cuenta sin complejos. De forma interna, dirigentes andaluces de varios partidos califican de «surrealista» la irrupción de Valderas en el despacho oval de San Telmo. Pero es un hecho real. Ya escribió alguno que el surrealismo es el «realismo del Sur».

Mitología izquierdista
Su compañero de batalla, Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, habló poco antes de la celebración de elecciones de un apoyo improbable al PSOE y al PP. «El PSOE en un barco que se hunde; el PP realiza políticas trogloditas», soltó. El sindicalista, de posturas más radicales aún que Valderas, apuesta por el «nacionalismo andaluz» y celebró la victoria de los «ratones coloraos» frente a la ola azul popular. En Andalucía, son muchos los que, tras nombrar al beligerante político, para bien o para mal, añaden: «Es un personaje».

La presencia del personaje en el Parlamento con una palestina roja le hace no pasar desapercibido. Valderas, sin tanta rimbombancia, pero con el mismo mensaje de fondo, cuenta así su reciente llegada a los puestos de mando de la Junta: «Había una vez tres caballos y todos sabemos que los caballos no son de ningún partido. En el primero iba montado Griñán, y no dejaba ni un brote verde. En el segundo, Arenas, en su caballo de Troya, como yo lo llamo, con su programa oculto en el vientre. Por último, el caballo de Rafael Alberti, el nuestro, que dice aquello de "galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, al sol y a la luna. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!"». Las conversaciones, reuniones y entrevistas con Valderas están plagadas de historias, metáforas y mini ficciones.

Ataque de realismo
El líder de IU reivindica su «fuerte coincidencia», cómo no, con el movimiento 15-M, «y la de ellos con nosotros», remarca. Valderas insiste en que otros políticos son una «pandilla de aprovechados» y señala que se deberían subir los impuestos a las grandes entidades financieras, a las rentas más altas. «Andalucía debe tener menos ricos, para que haya menos pobres», afirma. «Y después la gente celebra que el de Zara es la sexta fortuna del mundo… ¿Y tenemos que alegrarnos?». Desde su «victoria» electoral, las llamadas aumentan de forma exponencial en su teléfono móvil. Desde el pasado domingo de elecciones hasta el próximo 9 de abril, los andaluces están pendientes de la decisión de este onubense que no tiene prisa en decidir. «Hay que consultar a las bases», resuelve.

También hay para sus futuros aliados: «PSOE y PP están tarareando la canción de "Vamos a contar mentiras" y ya pueden contar más». Y, por supuesto, Iglesia y Monarquía están también entre sus preferencias. Sobre la Casa Real pidió un debate que lleve a un recorte del 15% en los próximos tres años.

Muchos le acusan de demagogo. Anima a los suyos con arengas sobre la felicidad, igualdad y justicia: «Construiremos la política de la felicidad y no una política miserabilista, como se lleva haciendo en los últimos años». A veces, le dan ataques de realismo y reconoce: «Bueno, intentaré llevar a cabo todas las medidas a las que me he comprometido pero quizás me encuentre con grandes muros que me lo impidan».

Después lo arregla a su manera: «Pero siempre explicaré por qué sí o por qué no, soy un enemigo acérrimo de la mentira», declara tras una larga conversación telefónica con esta periodista, plagada de anécdotas. «Si la mentira costase dinero, estaban la mayoría de los políticos arruinados en la cárcel», apuntilla.

Sus frases son míticas ya: «Mi universidad es la vida y he sacado algún que otro aprobado», celebra. «¿Que si soy radical?», se le pregunta. «Si eso significa ser un hombre de raíces profundas e inamovibles, sí, lo soy». «No soy como aquellos que, citando a Groucho Marx, creen eso de: "Tengo mis principios. Si no te gustan, tengo otros"».

Pero una preocupación (quizás un miedo infundado o una realidad entre bastidores) sobrevuela la conversación. Valderas dice resultar tan «molesto» para el binomio PP-PSOE que cree en una posible unión de ambos antes que contar con la «izquierda radical» que tanto temen. «Ya veremos lo que pasa. La política está llena de sorpresas». Ni que lo diga.

 

CONTRA LA BANCA, EL REY Y LA IGLESIA

1. III República. Se impulsará el movimiento cívico republicano y la Red de Municipios por la III República de estructura federal.

2. Memoria histórica. Dignificación adecuada de las víctimas de la guerra, dictadura y Transición.

3. Banca social. Con el apoyo de la Junta de Andalucía, se puede articular una nueva banca social.

4. 15.000 millones públicos. La inversión de la Junta de Andalucía para desarrollar el conjunto de las políticas económicas que pretende Izquierda Unida debería estar cercana a los 15.000 millones.

5. Laicidad. La justicia social y económica como eje central. Y la laicidad. Que desaparezcan la simbología religiosa y los actos litúrgicos de los centros escolares
públicos. Promover una educación sexual que supere los contenidos heterosexistas actuales.

6. Banco público de tierras. El cual pueda gestionar el acceso a superficie agraria que no esté en uso. También un banco público de aguas.

7. Impuesto. Se creará un impuesto a los grandes establecimientos comerciales.

8. Energía. Declaración de Andalucía como tierra desnuclearizada.

9. Democracia feminista: Sólo se puede hablar de democracia cuando las mujeres tienen los mismos derechos. Se creará un verdadero presupuesto con perspectiva de género.

10. Comarcalización. Se tendrán que eliminar todas las diputaciones provinciales y mediante la ley de comarcas, quieren que se produzca la comarcalización de Andalucía. Y establecer la circunscripción única para Andalucía.
 

 

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