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martes, 21 octubre 2014
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La Razón

Sanidad

«Lipofilling»:del michelín al sujetador

  • El uso del exceso de grasa para aumentar el pecho gana terreno a la silicona tras la polémica de las prótesis PIP
     

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Perfil del paciente
Perfil del paciente

Palma de Mallorca- La grasa no sobra; simplemente, está mal colocada. A tenor de las nuevas técnicas que se están utilizando en cirugía plástica, una persona gordita, con cartucheras o con los temidos michelines, es la candidata perfecta para realizarse un «lipofilling». «Es lo que denominamos el 2X1, es decir, mientras obtienes el beneficio de una liposucción, aumentas una talla de pecho», explicó ayer el doctor Jaume Masiá, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre), en la inauguración ayer del congreso nacional que cumple 43 ediciones.

Usar el tejido adiposo para aumentar el volumen de las mamas no es una técnica muy popular para las operaciones de aumento de pecho, aunque desde 2005 ha comenzado a incrementarse su uso. Joan Fontdevila, cirujano plástico experto en esta técnica, comenzó a implantarla en el Hospital Clínic de Barcelona a partir de 2007: «Vi los resultados que expusieron unos colegas en un congreso y decidí ponerla en práctica para las reconstrucciones mamarias». Este especialista asegura que «antes sólo utilizábamos esta técnica para operaciones faciales como rellenos de labios o pómulos, pero la mejora de la técnica de inyección nos permite trasladarla a los pechos».

En busca de lo natural
El perfil de la paciente que se interesa por esta técnica ronda los 30-40 años de edad y no busca un cambio en el tamaño de su pecho, «busca la naturalidad», concluyen la mayoría de los asistentes al congreso. «La burbuja estética, al igual que la del ladrillo, se ha terminado, no sólo por la crisis, sino también por el cambio de gustos estéticos», afirma Manuel Sancho, vicepresidente de la Sociedad. «Se terminaron las luces de neón y las musiquitas», añade, en alusión a los centros de estética que se publicitan en anuncios y marquesinas. «la gente ahora busca calidad, acuden a ti por tu caché. Las operaciones de estética se han reducido un 20 por ciento porque los bancos han cortado el grifo de los créditos y mucha clase media-baja que antes se operaba ha tenido que abandonar la idea», explican los dos portavoces del Secpre

El «lipofilling» como solución para el aumento de pecho se ha desarrollado gracias a su uso en numerosos hospitales públicos, donde se realizan reconstrucciones mamarias «en el 90 por ciento de los casos», afirma el doctor Antonio Porcuna, que realizó una encuesta para conocer cuántas operaciones se realizaban a nivel nacional. «Sin embargo, las mujeres que se someten a una mastectomía fuera de los centros fijados por Sistema Nacional de Salud (SNS) sólo se reconstruyen el pecho en un 15 por ciento de los casos. Muchos cirujanos y ginecólogos no recomiendan a sus pacientes que se operen para volver a tener el pecho que les han extirpado», explica.
Cambiar la grasa de una cartuchera al pecho no reduce los gastos, su coste oscila entre los 4.000 y los 6.000 euros, dependiendo del cirujano, más o menos el coste de una operación con implantes mamarios.

«La intervención es más larga en comparación con la implantación de prótesis; dura entre 2 horas y media y 3 horas», explica Fontdevila. Aunque para lograr los mejores resultados, el proceso se divide en dos fases: «El resultado es de por vida, ya que la grasa se integra en el pecho y se mantiene viva», añade. La única contrapartida que puede tener es que si el paciente engorda, en la zona en que se ha colocado la grasa también lo hará, «aunque nunca se llegarán a extremos como labios o pechos extremadamente voluptuosos», apoya Porcuna. Es un gran método para competir con el conocido bótox. Y es que los excesos ya no están de moda, la desproporción está fuera de la cartera de servicios.

«El boom de la grasa», como lo denomina el doctor Porcuna, también se ha desarrollado gracias a la amplitud de su «target». «Sólo está contraindicado para aquellas mujeres que, por su herencia genética, pueden padecer cáncer de mama y para detectarlo en caso de que se desarrolle no es bueno operarse», explica Porcuna. Eso sí, las mujeres muy delgadas tampoco son candidatas a este tipo de aumento mamario porque es necesario obtener al menos 200 cm cúbicos de grasa, ya que, después de depurarla, se reduce en un 50 por ciento.  Eso sí, todo se realiza dentro de la misma sala de operaciones, ya que si el tejido adiposo saliera del quirófano se consideraría un trasplante y la intervención se dilataría varias horas.

Entre las zonas preferidas por los cirujanos para extraer la grasa, en primer lugar está el tronco, en especial el vientre y el abdomen. Le siguen las piernas: rodillas, cartucheras, interior del muslo. Cualquier zona con sobrantes es candidata.

La técnica del «lipofilling» también se puede combinar con los implantes mamarios. Es más, en muchos casos es necesario, ya que  si por una reconstrucción, la prótesis se coloca muy cerca de la dermis (capa inferior de la epidermis), tan sólo la baja temperatura del implante puede causar molestias al contrastar con la temperatura corporal. Asimismo, si se combinan se consigue un efecto más natural.

El doctor Fontdevila apuesta fuerte por esta técnica gracias al intenso desarrollo que se está produciendo en el campo de la bioingeniería: «En unos años, hasta las más delgaditas no tendrán ningún obstáculo y podrán aumentarse el pecho con su propia grasa gracias al desarrollo de técnicas para crear matrices tisulares y células madre».

 

Un pecho como el de Madonna
 El doctor norteamericano Roger Khouri ha creado su propio sistema para aumentar el pecho, el sistema Brava. Según Porcuna, «es una especie de "sacaleches", un succionador que expande el tejido de las mamas y que creó hace diez años». Es muy exitoso en EE UU, aunque la paciente debe llevarlo puesto 18 horas al día, durante cinco meses, incluso para dormir. Entre los cirujanos españoles se mira con recelo: «Su resultado sólo dura unos meses, deja unas aureolas muy extrañas y las mamas toman una forma muy apuntada, como las de Madonna», bromea Fontdevila.

 

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