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viernes, 25 abril 2014
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La Razón

Entrevistas y Opinión

Santa Marta de los Barros hay que pararse

  •  En la carretera que une Badajoz y Sevilla, nos encontramos con una localidad que bien merece una visita detenida

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Santa Marta de los Barros, hay que pararse
Santa Marta de los Barros, hay que pararse

 Nunca me ha gustado escuchar, generalizando, que determinadas localidades son lugares de paso. Unas palabras, claramente despectivas, que dan a entender la falta de interés que puede tener un determinado destino. Yo creo que, para quienes nos gusta viajar, ese término debe estar fuera de nuestro vocabulario porque el gran aliciente del viaje es la sensación de descubrir por nuestra cuenta, de motu propio, a pesar de tópicos añejos e ideas preconcebidas. Alguien dijo, con mucho acierto, que viajero es el que descubre y al turista le enseñan.

Se trata de dejar que funcione nuestra capacidad de admiración ante un lugar nuevo para nosotros. Más aún, cuando para libros, folletos o internet pasa desapercibido. 
Pues bien, saco a colación esta pequeña introducción porque esa injustificada vitola, a veces tan manida, es más común de lo que pueda el lector imaginarse. Quiero, por ello, romper una pequeña lanza en favor de tantos municipios anónimos para el gran público  en los que sólo aparece en el mapa un nombre; sin ninguna reseña más que destacar.
Pongamos un ejemplo: la carretera que va desde Badajoz a Sevilla (rodeada en numerosos kilómetros de dehesas, viñedos y olivos) pasa por preciosas localidades como la ciudad de Zafra (también conocida como "la Sevilla Chica"), Feria (uno de los pueblos más atrayentes del sur de Extremadura) o Fuente de Cantos (ciudad natal del universal pintor Francisco de Zurbarán).
Pues bien, entre esos pueblos que pasamos, sin pensar en parar, se encuentra Santa Marta de los Barros. A primera vista, podría decirse que poco hay para hacer y, sin embargo, sólo cuando lo recorremos descubrimos lo erróneo de esta afirmación.
Santa Marta es un tesoro de historia subterránea. Ha sido un pueblo minero durante mucho tiempo y, posiblemente, las décadas más radiantes de su historia (a finales del XIX y principios del XX) están relacionadas con el mineral que de sus entrañas se extraía. Por aquel entonces, su población duplicaba con creces la actual. 
Para entender un poco todo ello, nada mejor que acercarse a su  Museo Geológico y Minero. Tal es la importancia de ese pasado minero que aquí se celebró en el 2011 el primer Congreso Ibérico de Geología, Patrimonio y Minería Sostenible. Dato éste nada superficial.
 No quiero pasar por alto la importancia, más allá de las fronteras locales y provinciales, de estas minas. Como queda documentado y estudiado en numerosos trabajos de geólogos y especialistas, aquí se explotó el vanadio, que durante algún tiempo fue la mayor explotación a nivel europeo y una referencia mundial.
Por cierto, no todo va a ser pasear y charlas con los vecinos. Hay que darle también  cumplida cuenta a  los necesarios requerimientos alimenticios de nuestro cuerpo, y nada mejor para ello que degustar las buenas viandas que en esta zona se elaboran. Un buen gazpacho, una caldereta de cordero o unas migas al estilo extremeño nos esperan. Todo ello, como no puede ser de otra forma, regado con vinos de esta tierra con denominación de origen propia "Ribera del Guadiana".  
 Saciado nuestro apetito con una buena comida y retomadas las fuerzas, nada mejor que recorrer las calles de Santa Marta para conocer la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento, la plaza de las Palmeras (conocida como "la perrunilla" por su forma), el palacete de Baxeres, las bodegas de la Cooperativa de vinos de Santa Marta de los Barros o su famoso tranvía. Escribo bien tranvía, pero su curiosa historia es mejor conocerla de boca de los propios vecinos. Dejo así abierta otra pequeña puerta de asombro para el viajero. Simplemente digo que es uno de los emblemas de la localidad.
Después de todo esto, ¿quién dijo que Santa Marta es lugar de paso?

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