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jueves, 24 abril 2014
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La Razón

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La «herencia» de Marisa Medina: un contenedor de cartas de póker

  • Sus adicciones no consiguieron distanciarla de sus tres hijas, que estuvieron con ella hasta el último momento

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Marisa Medina ingresó en un centro de desintoxicación por su adicción a las drogas
Marisa Medina ingresó en un centro de desintoxicación por su adicción a las drogas

Su última aparición en televisión fue el 28 de agosto de 2010. Con un temple y una serenidad impactantes, Marisa Medina anunció que tenía un cáncer de colon y de hígado y que los médicos no le daban más de uno o dos años de vida. Pero a pesar de todo no se rindió. Su ex marido, el compositor Alfonso Santisteban, confiesa a LA RAZÓN que «aguantó la enfermedad perfectamente, con una entereza y valor asombrosos». Ella misma recalcó que el cáncer no se debía a los excesos con las drogas y el alcohol, en cuyas redes cayó cuando se divorció de Santisteban en 1993. Unos hábitos que, seis años más tarde, obligaron a sus tres hijas a internarla en un centro de desintoxicación asturiano. Precisamente han sido ellas, Silvia de 38 años, Alexandra de 34 y Laura de 29, las que no se han separado de ella ni un segundo hasta que falleció el pasado  miércoles a los 69 años, ni siquiera durante la época en la que Marisa se gastaba todo su dinero en el juego. De hecho, la ludopatía le hizo perder 150 millones de pesetas que le obligaron a vender su casa de Majadahonda. Según los vecinos de la zona, se llenó un contenedor entero con todas las barajas de cartas que la presentadora tenía en su hogar, prueba de las timbas de póker que organizaba. «No sabía vivir sin jugar», declaró ella misma. Unos hábitos de los que culpó a su ex marido en el libro «Canalla de mis noches», en el que relataba que la cocaína era «una sustancia que ya había probado durante mi matrimonio con Alfonso» y que en las partidas «de horas interminables era una constante». Unas acusaciones por las que Santisteban asegura «no guardar rencor». «Cuando hizo esas declaraciones tuve una mezcla de indignación y rabia, después se me pasó», declara el compositor. Con el paso de los años la relación entre ambos mejoró: «No era maravillosa, pero sí correcta y cordial».  Santisteban sabía cómo iba evolucionando gracias a lo que le  contaban las hijas de ambos, a las que visitaba con frecuencia. De hecho, es habitual verle por Majadahonda, aunque su domicilio está en Marbella, donde vive junto a su nueva mujer.

«En cuanto me llamaron para decirme que ya estaba muy mal, cogí un AVE a Madrid sin pensármelo dos veces», declara Santisteban. Añade que Marisa estaba viviendo con su hija Alexandra,  pero que los últimos días se trasladaron a casa de Silvia –casada desde 2001 con Gonzalo Villarroya– para poder atenderla entre todos. «Tengo la tranquilidad de que Marisa se fue sin ningún rencor, con la conciencia tranquila y en paz con todo el mundo», afirma. Una curiosidad es que dejó escrita una nota para que su familia la leyese cuando ella muriera, donde pedía que donasen su cuerpo a la ciencia. «Fue un detalle precioso», opina Santisteban. «No quería que la incineraran o enterraran cuando sus restos podían ayudar en la investigación contra el cáncer».

Una bondad que reconocía todo el mundo. Sus vecinos del barrio al que se mudó hace diez años sólo tienen palabras buenas hacia ella. La definen como una persona «muy amable y discreta», y que luchó hasta el último momento por su vida. «Estaba tan delgada que no sabíamos cómo podía andar, aunque nunca se quejó», declaran.

Los compañeros de profesión la consideran una de las grandes. «Para mí fue la número uno de la televisión», confesó a este periódico José Luis Uribarri. «Cada vez que podía elegir a una presentadora, la escogía a ella. Tenía una memoria prodigiosa». Una relación de trabajo que se convirtió en una profunda amistad. «Nos reuníamos los dos matrimonios y jugábamos al mus», recuerda. Por su parte, Laura Valenzuela la define como «una presentadora que traspasaba la pantalla, con una gracia especial para decir las cosas, tanto buenas como malas». La actriz Rosa Valenti agradece que «contara conmigo para interpretar sus obras» como «Burguesa de día, burguesa de noche». «Fue una pena que se juntase con gente inapropiada», concluye.


«No voy a ir al funeral»
Nada más fallecer Marisa Medina, Alfonso Santisteban abandonó el hospital y regresó a Marbella. Sus hijas le acompañaron hasta la estación para despedirse de él. «Ellas están muy mal aunque intenten demostrar entereza delante de la gente. Pero lo importante es que no se vengan abajo». Donde no estará será en la misa que se oficiará por la presentadora el próximo jueves en Majadahonda. «No voy a ir a su funeral», insiste el compositor.

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