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sábado, 23 agosto 2014
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La Razón

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Miguel Boyer: empezar desde cero

  • Después de casi dos meses en la UCI, el ex ministro se enfrenta a una dura y compleja rehabilitación

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Los neurólogos, los fisioterapeutas y los logopedas coinciden en su diagnóstico: «La rehabilitación que le espera a Miguel Boyer será dura y los resultados inciertos». Después de haber estado ingresado casi dos meses en la UCI a causa de un derrame cerebral en el hemisferio izquierdo del cerebro, comienza ahora un larga y tediosa etapa en la que los especialistas tratarán de recuperar la movilidad y capacidad de comunicación del ex ministro. «La alteración que presentan estos pacientes en el lenguaje se denomina afasia y puede afectar tanto a la expresión como a la compresión del lenguaje oral y escrito», explica María del Carmen Martín, decana del Colegio Oficial de Logopedas de Andalucía. «Según el último parte médico, se deduce que Boyer tiene afectados tanto el lóbulo frontal como el temporal del hemisferio izquierdo, y, como consecuencia, tanto la capacidad de expresión como la de comprensión», matiza José Francisco Cervera, decano del Colegio Valenciano. Por lo tanto, el economista deberá aprender de nuevo las funciones básicas del lenguaje: «Ha de llevar a cabo una reorganización cerebral y aprender estrategias compensatorias centradas en el lenguaje funcional y en mejorar su capacidad de comunicación», profundiza Martín.

Existen una serie de factores que influyen de manera determinante en la recuperación del paciente, que, en este caso, no favorecen al esposo de Isabel Preysler. El primero de ellos es la edad (a más años, más costosa es la mejoría), el sexo (los hombres se recuperan peor de esta afección que las mujeres ya que su cerebro está totalmente lateralizado), el tamaño de la lesión y el tiempo que transcurre desde padecer el derrame hasta iniciar los ejercicios de recuperación. «Las primeras semanas son fundamentales y en las que más progresos se realizan. Si en el primer año no se han recuperado las capacidades motoras y del lenguaje, es difícil que lo hagan más adelante», asegura el neurocirujano Carlos Amaya.

Optimismo y voluntad
Los ejercicios que ya ha comenzado a realizar Boyer, según los fisioterapeutas consultados por LA RAZÓN, están basados en la estimulación sesorio-motriz a la que hay que ir sumando poco a poco un largo proceso de reeducación y reaprendizaje de las funciones motoras. «Es probable que le queden secuelas teniendo en cuenta que es un paciente de 73 años. Lo más seguro es que necesite de por vida un bastón o una muleta», aclara el fisioterapeuta Rubén Salgado; «las manos y el brazo, seguramente, tampoco volverán a ser los de antes», añade. Las sesiones de ejercicios iniciales son de unos 5 o 10 minutos, pero con varias repeticiones a lo largo de cada jornada. Más adelante aumentará «a 45 minutos cada día durante los seis primeros meses», comenta Carmen González López, especialista en neurorehabilitación. «Tampoco se puede descuidar la fisioterapia respiratoria con la intención de minimizar complicaciones de las vías respiratorias vinculadas al reposo e inmovilidad del paciente», matiza.

Un ejemplo al que recurren los profesionales para explicar el caso de Boyer es el de Jaime de Marichalar y su recuperación tras sufrir un ictus en 2001: «Hasta el año pasado asistió al prestigioso centro Lescer de rehabilitación, lo que indica que muchas de las capacidades adquiridas a priori se pueden recuperar, pero, aun así, exige una continuidad temporal, e, incluso, a pesar de ello, quedarán secuelas», asevera Salgado. En cuanto al coste de los diferentes tratamientos, los precios son bastante elevados y, aunque se puede acudir a la Seguridad Social, la mayoría de los pacientes prefieren  centros privados, con más motivo si su situación económica se lo permite. «Pueden pagarse desde 300 a 1.500 euros al mes por 2 horas a la semana. Incluso hay pacientes que prefieren realizarlo en su domicilio y pagan más de 3.000 mensuales», dice Serafín Ortigueira, experto en fisioterapia neurológica. Los profesionales  también coinciden en que la fuerza de voluntad y el apoyo de la familia es fundamental para su recuperación, un sustento incondicional con el que el economista ha contado desde que ingresó en la Clínica Ruber.

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