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sábado, 02 agosto 2014
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La Razón

Casa Real

Un accidente que invita a la polémica por Fernando Rayon

  • No es su primera cacería, el problema es el momento elegido

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Don Juan Carlos, aficionado a multitud de deportes, tiene predilección por la caza, el esquí y la navegación, pos junto a otro cazador en 2008 en una foto que publica la página web de la empresa Rann Safaris
Don Juan Carlos, aficionado a multitud de deportes, tiene predilección por la caza, el esquí y la navegación, pos junto a otro cazador en 2008 en una foto que publica la página web de la empresa Rann Safaris

Últimamente, la Familia Real Española se parece más a aquel grupo del chiste que no daba una a derechas, que a lo que es: la jefatura del Estado y sus personas más allegadas, todas ellas con un papel constitucional en la línea de sucesión al trono.

Es verdad que ha sido pura casualidad la coincidencia casi en fechas del accidente de Felipe Juan Froilán, hijo mayor de la Infanta doña Elena y quinto en el orden de sucesión al trono, del que ha afectado a Don Juan Carlos, pero hay determinados elementos que permiten analizar unos hechos que, aunque fortuitos, esconden quizá responsabilidades, y al menos negligencia, y que en nada ayudan a la imagen, ya de por sí maltrecha, de la primera institución española.

El accidente del nieto de los Reyes no tendría mayor trascendencia si no fuera porque se ha producido en unas circunstancias –ahí es nada– que podrían suponer consecuencias penales para su padre, que permitió que su hijo manejara un arma de fuego sin licencia y sin ni siquiera la edad para hacerlo. La Justicia tiene la palabra, pero don Jaime de Marichalar no sale bien parado del suceso.

Pero el accidente de don Juan Carlos tiene otra lectura. Y no porque queramos referirnos a la salud, ya de por sí maltrecha, del Soberano, sino porque se produce en unas circunstancias que tampoco benefician a la Monarquía. Don Juan Carlos ha superado como ha podido el desgaste del divorcio de su hija mayor, los presuntos delitos del duque de Palma, y otras circunstancias añadidas que le llevaron a hacer públicas una parte de sus cuentas. Pues bien, cuando parecía que las cosas se habían serenado, el accidente de su nieto y  algunos errores de comunicación de la Casa, volvieron a poner a don Juan Carlos en el centro del interés. Era el aperitivo del accidente de Botsuana. Todo el mundo sabe que no es la primera vez que don Juan Carlos se va de cacería, ni tampoco la primera que hace en África, ésa no es la cuestión. El problema está en el momento elegido. Todos los españoles y muchos europeos saben que nos encontramos en una «situación de emergencia», con unos indicadores económicos que, una y otra vez, amenazan con el rescate desde Europa. Quizá en estas circunstancias no era el momento de ofrecer una imagen tan alejada de la realidad nacional, que a tantos preocupa y acongoja. Don Juan Carlos ha sabido durante todo su reinado ser sensible a estas circunstancias y sus últimas actividades –reuniones con empresarios y con dignatarios internacionales– le han servido para mostrar su preocupación. Por eso no tiene sentido que esta imagen lúdica eche por tierra el trabajo del Rey en este punto.

Y si a todo esto sumamos que la Reina doña Sofía estaba en Grecia con la Familia Real Griega celebrando la Pascua Ortodoxa, y que los Príncipes de Asturias no han aparecido en los medios de comunicación, nos encontramos con una situación insólita para la vida pública española. Un Jefe del Estado operado de urgencia con anestesia general y sin que puedan arbitrarse medidas que pudieran hacer frente a cualquier eventualidad. En cualquier democracia occidental los procedimientos son la garantía del gobierno y del actuar. Y cuando son necesarios, es razonable que se pongan en marcha, no como simple garantía, sino porque así lo requieren las leyes.

Eso sí, la oficina de Prensa de la Zarzuela, fiel a sus despropósitos más recientes, sólo informa del accidente –producido el jueves por la tarde– el sábado por la mañana, una vez que la operación ha concluido.

¿No hay nadie que pueda advertir a don Juan Carlos de lo improcedente de esta manera de actuar? ¿Aconsejaba su salud este desplazamiento? Parece, por lo que hemos visto, que no. Pues alguien debería decírselo. ¿O tampoco hay nadie ya que se lo pueda decir?

Fernando Rayon

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